Nuria Gago ha escrito en capítulos muy cortos todo este collage de personajes que se acercan y alejan. Ellos y ellas quieren volver a casa. A ese mundo imaginario y tranquilo de la niñez donde se sentían protegidos y cuidados. A ese remanso de paz inexistente que les hace sentir bien. Incluso quienes como Susana no tuvieron ese lugar, necesitan construirlo ahora.
La actriz convertida en escritora perdió a su madre con doce años. Paula-Oceanne su protagonista también. Por eso la busca, quiere sentir el olor de su madre, el cariño de su abrazo y aunque le gustan mucho los chicos y la cerveza lo que más quiere es sentirse cuidada y protegida. Salva, su padre solo quiere volver con su mujer, pero eso es más complicado. Solo la anestesia le permite soñar con ella.
La novela está escrita con mucha sensibilidad, profundizando en temas como la amistad, la gratitud, la soledad, el destino y el amor, mucho amor….., con unos magníficos diálogos, transparentes y llenos de sinceridad. Una obra de ‘casualidades forzosas’. Aquellas que se producen con naturalidad. Como cae la fruta madura. Aquellas que empujan a la gente a entenderse, a simpatizar, a intimar incluso. Forzosas en tanto en cuanto cultivamos esas relaciones con esfuerzo, entusiasmo y ahínco. Pero también con mucho deseo y esperanza.
Un interesante estudio de la sociedad urbana actual. Una preciosa historia de desamor y amor con unos finales redondos que invitan a la esperanza, que confían en el ser humano. Una novela vital para disfrutar este verano.
[/two_third]