Recado de un muerto de Rafael Balanzá

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“Hay algo en la conciencia que se convierte en trampa de ella misma”. Esta cita de Witold Grombowicz que abre el nuevo libro de Rafael Balanza no supone una mera pose, es toda una declaración de intenciones sobre lo que viene a continuación. El maestro del miedo psicológico español, del thriller pesadillesco ha vuelto con los mismos ingredientes pero con diferente receta, tan apta para los amantes de la literatura como para los seguidores de la etiqueta thriller.

Rafael Balanza, ganador del Premio Café Gijón de novela 2009, autor en segundas nupcias con sus lectores de La noche hambrienta, vuelve a mezclar el miedo a uno mismo con la amistad, el miedo al otro con el odio, y la ausencia de lucidez con la asfixia que una situación incongruente nos provoca. Los asesinos lentos incluía un tour de force entre dos antiguos amigos y La noche hambienta mantenía el pulso que sostienen otros dos antiguos conocidos con mayor pervivencia del pasado de su relación que su presente o futuro. Ahora en Recado de un muerto vuelve a ser amigo, un compinche el que estando muerto acusa al protagonista de haberle asesinado y de denunciarle si no cumple con una seria de condiciones.

A partir de esa tesitura presentada en las primeras páginas el autor murciano empieza a agobiarnos con una atmósfera recortada y agobiante. Su protagonista que no es más que un delincuente de poca monta tiene unas profundas reflexiones sobre si mismo y sobre la vida que le rodea, Sin darse importancia y con la muletilla de “haber leído algo sobre” analiza todo lo que le sucede con precisión milimétrica. No obstante, es incapaz de resolver el problema que se le plantea. El muerto que le acusa, su novia que le tilda de cobarde, su otro compinche que de repente pasa de pasivo secuaz a activo asesino y el otro, ese fantasma que asoma en sus anteriores obras al que culpar de todo sin que siquiera se haga presente o quizás ni exista.

Balanza sabe mantener la tensión pendiente de un hilo -se nota que cada vez tiene más oficio- hasta que nos lleva a un punto en el que creemos que vamos a caer en los tópicos de la novela negra. Tan solo un amago, por que como tiene acostumbrados a sus seguidores todo cambia de repente y nos hallamos ante otra novela con un sorprendente final.

Es un placer leer a Balanza, un escritor que saca brillo al subgénero del thriller para comvertirlo en literatura. Sus obras admiten varias relecturas, infinitos finales, pero su trabajo queda certificado vez tras vez. Es de agradecer que Siruela siga apostando por él y más que lo haga dentro de su colección más literaria Nuevos Tiempos.

Disfruten del mejor autor español sobre miedo psicológico.

Reseñado por Pepe Rodríguez

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Escrito por Rafael Balanzá

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Rafael Balanzá (Alicante, 1969) reside en Murcia desde 1986. En enero de 2002 fundó la revista El Kraken, cuya trayectoria se ha prolongado hasta febrero de 2009, a lo largo de 27 números. De ella dijo Arrabal que era sin duda la mejor revista de Europa. En el 2007, animado por el también escritor Manuel Moyano –su descubridor literario–, publicó Crímenes triviales, una colección de relatos muy bien acogida por la crítica. Los asesinos lentos es su primera novela.

Ficha técnica

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200págs.  PVP 16,95€

Pablo es un pequeño delincuente, un traficante con ciertas inquietudes científicas y poéticas. Una mañana de septiembre recibe un e-mail enviado por su compinche y amigo Ángel Bru –con quien había planeado un atraco, finalmente abortado, a un prostíbulo de carretera–, citándolo en una nave abandonada de un polígono industrial. Al llegar allí descubre el cadáver de Ángel con un disparo en la frente. Pablo regresa en estado de shock a su casa y, cuando decide volver a abrir su cuenta de correo, lo sorprende un nuevo mensaje que empieza con estas dos frases demoledoras: «Estoy muerto, ya lo sé. Tú me has metido una bala en la cabeza esta mañana».
Así arranca la nueva novela de Rafael Balanzá, una vibrante trama propia de novela negra, entreverada de erotismo y de turbias emociones; un relato de la búsqueda febril de una escapatoria que oscila entre el deseo de huir del destino y la no menos imperiosa necesidad de descifrarlo. Y todo ocurre en un cosmos sometido a la regla primordial de que «los muertos no pueden prevenir de nada a los vivos».