La fragilidad del presente es un corolario ineludible de cualquier ficción ucrónica: basta con cambiar algún que otro suceso histórico para desplegar un presente alternativo ante el lector, y aprovecharlo para arrojar luces y sombras sobre el nuestro.

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Lo que corresponde a una distopía que se precie es hacer que el lector se pregunte: ¿cuánto de esto que me plantean es ya una realidad?, o ¿estamos abocados a ese futuro nefasto si no ponemos remedio? Esta historia, sin embargo, parece sugerirnos otra cuestión: ¿no es de ahí de donde venimos en realidad y a donde algunos quieren que regresemos?

Igual que un chiste conocido puede resultar descacharrante o patético según quien lo vuelva a contar, una historia transitada hasta la saciedad puede parecer original y novedosa si el narrador despliega un estilo tan personal y seductor que logre hechizar al oyente. Así consigue la académica Soledad Puértolas que ‘Música […]

No debería sorprendernos leer merecidamente asociados el nombre Luis Landero y el calificativo cervantino, no solo porque sus personajes se enfrentan a la realidad con las armas descabelladas que el desconcierto y la porfía proporcionan, sino también porque la escritura fluida de Landero aporta los matices de empatía que sus […]

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