Como el azote implacable de la mundial literatura que fue, el teórico estadounidense Harold Bloom (Nueva York, 1930-New Haven, 2019) supo trascender el cerrado jardín de la academia. Seguidores incondicionales lo consideraban un gurú. Arrojaba al rostro del poder supuestas verdades no deseadas. A dos meses de su triste deceso, el artículo “Crónicas de un ególatra de épicas proporciones “, evalúa la consideración característicamente hiperbólica que la posteridad hace del comentarista de las guerras culturales. La respuesta predominante del periodista norteamericano Roger Kimball (1953) es la negación del culto apocalíptico a “la arrogancia palpable” del autor de The Anxiety of Influence (1973).

“Inventa la mente sin trabas de William Blake (Londres, 1757 — 1827) la realidad, la mitifica a medida que la crea. En estos días de ecologismo
desaforado, procede rememorar la defensa de la utopía que impulsa al autor de Songs of Innocence (1789), una inventiva que transforma el espectro literario inglés (y mundial) para siempre. Presta atención la historiadora del arte y
profesora Cindy Polemis a las texturas metafísicas y los periplos estacionales del londinense, con motivo de la exposición que acoge la Tate Britain y que cuenta con más de 300 obras. Entreteje la corresponsal de Artes Visuales para la revista Standpoint, descripciones líricas y rapsódicas con pasajes de
análisis crítico, al tiempo que aporta testimonios acerca del carácter sospechosamente radical del ilustrador”.

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