Marcos Díez: Desguace

El Desguace del que habla Marcos Díez, en el título de su poemario, es el desguace que sufre nuestra realidad cuando nos abandonamos a las palabras, a su ritmo y a sus significados:

MARCOS DÍEZ
Desguace
XLIV Premio Ciudad de Burgos
Visor, Madrid, 2019. 72 pág. 12€<

«Cae la tarde igual que las certezas, despacio, / quizás no para siempre…»

El Desguace del que habla Marcos Díez, en el título de su poemario, es el desguace que sufre nuestra realidad cuando nos abandonamos a las palabras, a su ritmo y a sus significados:

«A dos palmos de mí / todo es una ficción y nada es».

La cita inaugural de José Ángel Valente, para quien el poema crea un mundo propio, es una declaración de intenciones. También lo son las alusiones a Antonio Cabrera, que se ayudaba de las palabras para conversar con la realidad desde la distancia que impone el pensamiento.

En esa línea, el santanderino Díez (1976) reconoce que

«es todo muy confuso / porque sé que no sueño cuando escribo / pero ocurre en el sueño este poema».

Y más adelante abunda en que la realidad a la que vivimos atados es solo aparente, si encontramos el modo de recrearnos abandonándonos al mundo de las palabras:

«Mi cuerpo es el lugar, el único lugar. / Pero mi cuerpo a veces puede ser / más allá de su piel, / lo mismo que la luz o que la corriente eléctrica».

No es extraño que fije su atención en puentes, sombras, escafandras, objetos que alimentan esa distancia entre lo observado y lo vivido. Dice en el poema «Animal»:

«Cada vez que contemplo / en silencio a mi perro, / sin que nadie me vea contemplarlo, / sin que yo mismo sepa que lo miro / (porque es así, en secreto, / como las cosas reales se contemplan), / cada vez que lo observo / como sin darme cuenta, / acabo viendo al perro / y el perro, no sé cómo, / toca dentro de mí, / muy dentro, / al animal».

Después de haberse asomado al espejo ya inalcanzable de la juventud o a una shakespeariana calavera, expresa su sed de realidad, la que anda reclamando a través de los poemas del libro:

«quisieras ser a veces como el perro, / encontrar un mendigo y sólo ver al hombre, / lamer su mano sucia, / tumbarte junto a él». Admite Díez: «escribo para hacer de mí una historia, / porque a veces presiento / que sin contarme yo no existiría».

Y añade en otro momento:

«Hablo de lo que ocurre cuando vuelves / a lo que no es lo mismo».

Reseñado por Arturo Tendero

admin

Pepe Rodríguez es el fundador de El Placer de la Lectura.

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