Al calor de la lectura V. El gran libro de las reseñas de Ricardo Martínez-Conde
¡Qué es, al fin, la literatura, sino testimonio personal! Bien testimonio de observador, bien testimonio de actor, lo que resulta más decisivo e implicador.
¡Qué es, al fin, la literatura, sino testimonio personal! Bien testimonio de observador, bien testimonio de actor, lo que resulta más decisivo e implicador.
Uno de los mayores (y mejores) ingredientes de la literatura ha sido siempre la imaginación. Añadido en una dosis apropiada (comedida, para que el sabor de la lectura no edulcore en exceso o enrede y entorpezca) el resultado de lo saboreado puede resultar una exquisitez
Poesía para todo aquello que la necesite, que es todo y somos, perennes en la sombra, todos
Diríase que los objetos, los elementos materiales que acompañan nuestra vida cotidiana y que conforman, en buena medida, nuestros hábitos (y, por extensión una forma de comportarse y, casi, de ser) constituyen la memoria fehaciente de nuestro quehacer, de nuestra manera de vivir.
A pesar de la consideración que se pueda tener hacia la condición de cómico del autor-actor lo que tenemos ahora delante es un libro. Un libro marketing, un libro liberador de agravios. Y, como tal, el texto se lee con amenidad
La palabra, al final, es quien, lógicamente, ha de venir a definir al escritor. Se diría incluso que es su ‘representación’ en la literatura, su propio interior, y, en tal sentido, la obra del autor es-será su legado para la cultura; incluso su definición ontológica
El tema del bebedor (santo o no dentro del paisaje de su soledad ontológica, de su ‘versión’ del amor) ha sido ampliamente tratado en los libros que guardan la mejor literatura.
Meditar, aquí, es no solamente reflexionar con silencio y esmero, tal como el entendimiento clásico lo dicta, sino, creo entender, también con su parte lúdica, de entretenimiento.