Durante los últimos cuatrocientos años, las culturas del mundo han sido dominadas por un conjunto de estados occidentales, que han llegado a verse a sí mismos como el centro del universo, un centro desde el cual han controlado, además del poder económico y político, el poder cultural.

Cada día es del ladrón es una obra comprometida socialmente que desnuda las miserias de un sistema político en el que el problema es señalar el problema y los antipatriotas son aquellos que como nuestro protagonista no ven normal lo que sucede.

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