
Complementando la reedición, llevada a cabo durante los últimos cinco años, de las obras de Natalia Ginzburg de su fondo editorial, algunas con nuevo prólogo de figuras tan conspicuas como Sally Rooney o Colm Tóibín, Lumen ha publicado también los ensayos inéditos de Vida Imaginaria y una nueva presentación de dos novelas cortas de una de las autoras fundamentales de la literatura italiana contemporánea.
‘Familia’ y ‘Burguesía’, ambas de 1977, iban acompañadas, en el anterior volumen Familias, por ‘El camino que va a la ciudad’, de 1942. Al publicar las dos primeras ahora sin el acompañamiento de la distante tercera, el texto resultante resalta, no solo la homogeneidad de estilo, sino también la reiteración de ciertos aspectos argumentales que comparten ambas narraciones.
Para los no iniciados en la obra de Ginzburg puede ser una excelente oportunidad para dejarse deslumbrar por sus historias, sus personajes y su estilo inconfundible: esa prosa elegante, cercana, de una sencillez acogedora, casi con cierto aire ingenuo, el que parece convenir mejor a algunos de esos personajes. Hay también en estos dos textos un aire de vehemente oralidad, como si hubiera prisa por narrar lo sucedido sin olvidar nada. Así comienza ‘Familia’: “Un hombre y una mujer fueron, una tarde a primera hora, a ver una película. Era domingo y era verano”.
A partir de aquí, ese hombre y esa mujer reciben sus nombres, Carmine e Ivana, antigua pareja que sigue manteniendo una relación de serena amistad. Ginzburg define sus respectivos caracteres, les va rodeando de familiares, amigos y amantes, estableciendo complicidades, aversiones y rivalidades, y da curso al drama que acompaña a la incansable búsqueda de la felicidad. Un sentimiento que Carmine, cuando lo siente, no sabe si lo está confundiendo con su “deseo de felicidad o el recuerdo de ella”, ese que sentía intensamente algunos días con el simple hecho de despertar.
‘Burguesía’ gira alrededor del solvente anticuario Pietro y de su cuñada viuda Ilaria. Tanto ellos como la hija de Ilaria y su marido viven en sendos pisos propiedad todos de Pietro, aunque este, como Carmine visitando a Ivana en ‘Familia’, pasa largas horas en casa de Ilaria. Esa es una de las varias correspondencias que se dan entre las dos novelas porque, además, ambas protagonistas perdieron un hijo de corta edad; tanto Pietro como Carmine se encapricharán de unas jóvenes despreocupadas y egoístas, de familias adineradas; o habrá una agria discusión ideológica entre los asistentes a una cena de amigos. Una duplicación de situaciones entre los textos que, de alguna manera, subraya sus diferencias.
Aparece aquí también ese gusto recurrente de Ginzburg por describir los detalles del hogar, porque el hogar, como la escritura, es para ella sinónimo de refugio, como lo es la familia, Y es que las relaciones familiares y sociales son el núcleo principal de toda su obra, y estos dos excelentes textos, estrechamente relacionados con su última novela La ciudad y la casa, vienen a mostrar, con sus conexiones, esa cierta uniformidad de comportamientos de aquella burguesía urbana liberal de los años 70, la que supo asimilar el cambio de paradigma en las relaciones de pareja que instauró la década anterior.
Rafael Martín

Natalia Ginzburg, icono de las nuevas generaciones de escritoras como Sally Rooney, Elena Ferrante, Zadie Smith, Lydia Davis, Colm Tóibín o Rachel Cusk, explora la fragilidad de las relaciones en «una de sus mejores historias, […] con un humor continuo que aflora en las anotaciones precisas que surgen de la grisura cotidiana» (Italo Calvino)
«Cuando leí por primera vez un libro de Natalia Ginzburg, hace muchos años, me pareció que leía algo que había sido escrito para mí, algo que había sido escrito casi dentro de mí misma cabeza o mi corazón».
Sally Rooney, The Guardian
Carmine, arquitecto, e Ivana, traductora, fueron amantes hace tiempo, y tuvieron una hija que murió siendo un bebé, tras lo cual su relación terminó. Décadas después, Carmine está casado con Ninetta y tienen un niño pequeño, Dodó, pero se pasa el día con Ilaria y la hija adolescente de esta, Angelica. Melancólica y deslumbrante, Familia examina con elegancia y humor la condición humana, el paso del tiempo, la felicidad y las oportunidades perdidas.
Por su parte, en Burguesía, la viuda Ilaria adquiere uno detrás de otros tres gatos siameses para que alivien su soledad, pero todos mueren o desaparecen.
En ambas novelas, bajo una prosa sutil y despojada y un rico elenco de personajes, corre un filón de infelicidad y aislamiento, a medida que Natalia Ginzburg explora el encanto de los recuerdos y la complejidad de la familia y las relaciones.
La crítica ha dicho:
«El mundo y sus personajes están circunscritos en tamaño, pero son expansivos en sentimientos: la obra de una escritora que se creía «pequeña», pero que en realidad era cualquier cosa menos eso».
The Times
«Las bellas palabras de Ginzburg son tan solidarias. La leí con alegría y asombro».
Tessa Hadley
«Los relatos tienen una fuerza sutil que te atrapa al final […]. Cantan con el ingenio característico y la penetrante claridad de una prosa que te mantiene extasiado cuando lees su obra».
Paris Review Daily
«Estas dos nouvelles están impregnadas de la rigurosa sabiduría que Ginzburg adquirió a través de las vicisitudes y de su determinación para persistir a pesar de todo en su trabajo».
Los Angeles Review of Books