Reseña de Mírame por favor. Microrrelatos de Ricardo Martínez-Conde.

Zadar eds., 2025

Reseña de Alejandro Castaño (crítico literario)

En esta amplia selección de microrrelatos el autor desarrolla pequeñas escenas donde el mundo cotidiano se observa con curiosidad, delicadeza y un punto de escepticismo. Con una prosa ágil, salpicada de digresiones y guiños cómplices, cada narración invita al lector a detenerse un momento y mirar mejor lo que le rodea, convirtiendo lo cotidiano en literatura: una paloma que avanza contra el viento nos recuerda la fragilidad humana; una planta del balcón que roza la mano que sube una persiana convierte la escena en un momento de intimidad; un objeto doméstico tan poco literario como un grifo monomando acaba construyendo un pequeño diálogo sobre la duda, el consumo y la estética. Situaciones mínimas que, bajo una mirada irónica y atenta, revelan algo inesperado: humor, melancolía, inteligencia. Eso nos recuerda que a veces basta una mirada distinta para descubrir que la vida está llena de detalles que normalmente pasan desapercibidos, y que lo más sencillo puede contener toda una historia.

En Mírame, por favor los textos (ingeniosos y a menudo sorprendentes) avanzan como el pensamiento mismo, con paréntesis y comentarios laterales que simulan el fluir de una conciencia observadora. Y es que la voz que recorre el libro tiene algo de paseante curioso, atento a las pequeñas anomalías del mundo, que emplea un tono que oscila entre lo poético y lo conversacional, de humor tranquilo, ligeramente filosófico: Martínez-Conde tiene la habilidad de encontrar paradojas en cualquier rincón de la vida cotidiana. 

El tiempo aparece como desgaste, memoria o pérdida: recuerdos de infancia, evocaciones de personas fallecidas o reflexiones sobre la vejez y la muerte, piezas siempre compensadas por una ironía que impide el sentimentalismo. La introspección aparece marcada por la soledad urbana y la distancia interpersonal. En este universo aparece constantemente una pregunta mayor: cómo habitar un espacio y una conciencia sin convertir la existencia en algo puramente mecánico.

Al cerrar el volumen, la sensación no es la de haber leído una serie de relatos, sino la de haber compartido una mirada. Mírame, por favor es, precisamente, eso: una invitación a observar —y a sonreír— ante la inesperada poesía de lo cotidiano.