Un cementerio perfecto de Federico Falco «Una excelente colección»

El cuento argentino, verdadero patrimonio nacional, tiene en cada generación excelentes cultivadores que no desmerecen de sus encumbrados predecesores. Dentro de la que ahora ya exhibe obra consolidada destaca un grupo de autores, nacidos todos en los 70, que practican el género con excelentes resultados. Unas son conocidas escritoras bonaerenses escoradas hacia lo extraño e inquietante: Samanta Schweblin, Mariana Enriquez y Agustina Bazterrica. Del ámbito rural surgen, por su parte, Luciano Lamberti, no ya escorado sino claramente vencido hacia lo tenebroso y macabro, y dos nombres que, quizás por manejar un registro más amplio, se consideran de los mejores de su generación: Selva Almada y Federico Falco.

De este último Anagrama ha recuperado su colección Un cementerio perfecto, para que acompañe en su catálogo a la novela Los llanos, ese relato autobiográfico de huida a la naturaleza para superar una ruptura sentimental, con la que Falco fue finalista del Premio Herralde.

En sus historias, de desarrollo impredecible, hay personajes ingenuos, entusiastas, obcecados, a veces resignados o tiernos, portadores siempre de una dignidad silenciosa. En palabras de su creador: “Me interesan los personajes con cierta desprotección, con cierta ignorancia: gente perdida, que no entiende qué hacemos acá (…) Me gustan los personajes que tratan de hacer lo mejor que pueden, con lo poco que saben o tienen a mano”. En ese sentido Muñoz Molina resalta en Falco “la compasión hacia vidas atentamente observadas e imaginadas que no son menos dignas de respeto por residir en lo trivial”.

Ingenuidad y resignación definen el carácter de los protagonistas de ‘La actividad forestal’, un padre y una hija que deben abandonar su hogar en el bosque ante el avance de los leñadores que están talando los pinos que aquel ayudó a plantar. Ante la falta de recursos el padre decide ofrecer a su hija en matrimonio a unos parroquianos remisos, pero será un inmigrante japonés quién la llevará a su pequeña comunidad.

Entusiasmo es lo que despliega el renombrado diseñador de cementerios del texto que da nombre a la colección. Contratado para ejecutar el de un pequeño pueblo, decide realizar su obra definitiva. La idea del alcalde es poder enterrar en él a su padre, encamado pero reacio a hacer uso de su tumba. Conforme avanzan los trabajos el entusiasmo del diseñador se irá cubriendo de angustia ante los posibles contratiempos que podrían hacer fracasar su último y más querido proyecto.

La protagonista de ‘Silvi y la noche oscura’, por su parte, se obsesionará con un chico mormón después de negarse a acompañar a su devota madre en sus cristianas tareas. Se rebelará contra la intransigencia materna, pero encontrará consuelo en la ternura de un padre distante y ensimismado.

Historias, tanto estas como las otras dos del libro, en las que la aparición de un conflicto pone a prueba el carácter de quienes se lo encuentran o lo provocan. Y aunque alguna que otra vez, a lo largo de su obra y también aquí, permite Falco la aparición de elementos fantásticos o situaciones extrañas, lo que de verdad deslumbra y sorprende en sus relatos, lo que les da cuerpo y densidad, es la atención a los detalles, el esbozo sutil de los personajes secundarios, la acumulación de unos y de otros para crear un universo sólido y creíble. 

Una excelente colección, en definitiva, que puede servir al lector como puerta de acceso al resto de la producción de un autor indispensable. 

Rafael Martín