La periodista y ganadora del Premio Planeta conserva la obra de Delibes entre las «joyas necesarias» de su biblioteca: fue su primera gran emoción como lectora y el libro que le mostró que ella también quería contar historias.

Hay libros que gustan y otros que inauguran una vida lectora. Para Sonsoles Ónega, ese segundo grupo comienza con El camino. La escritora recuerda que la descubrió a los trece o catorce años y que fue la primera novela que la hizo llorar. No solo quedó unida a su memoria adolescente: también despertó en ella el deseo de leer y de escribir.
«Es una de las joyas necesarias en mi biblioteca».
Ónega suele citarla como el primer libro del que guarda un recuerdo verdadero. La afirmación explica el lugar que Miguel Delibes ocupa entre sus autores esenciales, junto a Gabriel García Márquez, Camilo José Cela o la Isabel Allende de los años ochenta y noventa.

El camino: la noche en que termina la infancia
MIGUEL DELIBES · DESTINO/AUSTRAL · PUBLICADA ORIGINALMENTE EN 1950
Daniel, el Mochuelo, tiene once años y está a punto de abandonar el pueblo para estudiar en la ciudad. Durante la noche anterior a su partida permanece despierto y reconstruye su infancia: las correrías con Roque, el Moñigo, y Germán, el Tiñoso; los vecinos con sus apodos y manías; los descubrimientos, los temores y las primeras pérdidas.
La novela avanza mediante esos recuerdos y convierte una pequeña comunidad rural en un mundo completo. Delibes reúne ternura, humor delicado, lirismo y una atención extraordinaria a la naturaleza. Bajo su aparente sencillez aparece un conflicto universal: la distancia entre el futuro que los adultos consideran conveniente y el lugar donde un niño siente que está su verdadera vida.
El libro en el que Delibes encontró su voz
El camino fue la tercera novela de Miguel Delibes. El propio escritor consideraba que en ella había encontrado por fin su voz y su estilo narrativo. El paisaje se inspira en Molledo Portolín, en Cantabria, localidad vinculada a su infancia y a la familia paterna.
Su frescura procede en buena medida de la mirada de Daniel: el mundo de los mayores resulta extraño, cómico y a veces cruel, mientras que la amistad y el contacto con el campo poseen una verdad inmediata. La amenaza de la marcha recorre todo el relato, pero Delibes evita la nostalgia fácil. La infancia no es un paraíso perfecto; es un territorio que solo revela su valor cuando está a punto de perderse.
Ese equilibrio ayuda a entender por qué el libro marcó a Ónega. Es breve y accesible, pero no menor; puede ser una primera lectura adolescente y seguir ofreciendo matices muchos años después.
Otros libros recomendados por Sonsoles Ónega
En una selección reciente publicada en El Placer de la Lectura, la escritora amplía su biblioteca con cuatro títulos centrados, de maneras muy distintas, en el amor, la memoria, las despedidas y la búsqueda de un destino propio.

La única historia, de Julian Barnes
Paul recuerda la relación que mantuvo, cuando tenía diecinueve años, con Susan, una mujer casada y casi treinta años mayor que él. Barnes desmonta la versión romántica del primer amor y pregunta qué queda de una historia cuando la pasión, el tiempo, la dependencia y la memoria empiezan a contar relatos diferentes.

Despedidas, de Julian Barnes
En su libro de los ochenta años, Barnes mezcla memoria, ficción y ensayo para examinar cómo construimos el relato de nuestra vida. La historia de Jean y Stephen, dos amigos de Oxford a quienes el escritor volvió a reunir décadas después, le permite hablar de vejez, amistad, traición y de la necesidad de aprender a despedirse.

El amor después del amor, de Laura Ferrero y Marc Pallarès
La escritura de Ferrero y las ilustraciones de Pallarès recorren rupturas sentimentales que encendieron procesos creativos. Sylvia Plath y Ted Hughes, Camille Claudel y Rodin, Idea Vilariño y Onetti o Amy Winehouse y Blake Fielder-Civil forman parte de un catálogo sobre quienes transformaron el desamor en arte.

El sueño de Troya, de Alfonso Goizueta
El finalista del Premio Planeta 2023 novela las excavaciones de Heinrich y Sofía Schliemann en Hisarlik. El joven Nicholas Yannikis se une a la búsqueda de la ciudad homérica y descubre que tras la aventura arqueológica se esconde una obsesión capaz de cruzar los límites de la cordura.
Una biblioteca marcada por la emoción y la memoria
Las elecciones tienen un hilo común. Ónega se interesa por historias en las que el pasado no permanece quieto: los recuerdos de Daniel antes de abandonar su pueblo, la revisión que Paul hace de su primer amor, las despedidas de Barnes, la conversión del dolor en obra artística o la obsesión de recuperar una ciudad que solo parecía existir en un poema.
El camino ocupa, sin embargo, un lugar anterior a todos los demás. No es únicamente una recomendación literaria, sino el origen que la propia Sonsoles Ónega reconoce para su vocación. Quien busque una puerta de entrada a Delibes —o un libro breve que pueda despertar a un nuevo lector— difícilmente encontrará una mejor.
Consultar la ficha de El camino en la Fundación Miguel Delibes