10 libros que marcaron a García Márquez, según sus memorias

De Kafka a Virginia Woolf, de las aventuras de Dumas a la tragedia griega: diez lecturas para acercarse al lector que hubo detrás del creador de Macondo.

Antes de escribir las historias que lo convertirían en uno de los novelistas más queridos del mundo, Gabriel García Márquez fue un lector curioso. Acercarse a los libros que leyó permite compartir algo de esa curiosidad: descubrir otras formas de narrar, aceptar un desafío o entregarse al placer de saber qué ocurrirá en la siguiente página.

En Vivir para contarla recuerda numerosos encuentros con la literatura. Esta selección reúne diez obras mencionadas en esas memorias; la elección y el orden son nuestros. Es una invitación a recorrer parte de su biblioteca y encontrar en ella una próxima lectura.

1. La metamorfosis, de Franz Kafka

Gregorio Samsa despierta convertido en un insecto y descubre que la vida familiar puede resultar tan inquietante como su transformación. El trabajo, la culpa y la dependencia atraviesan esta novela breve, cuya extrañeza empieza en la primera frase y alcanza los gestos más cotidianos.

García Márquez recuerda su lectura como una revelación que abrió posibilidades a su escritura.

Para quienes buscan un clásico breve que deje preguntas mucho después de terminarlo.

2. Las mil y una noches, de autoría anónima

La amenaza que pesa sobre Sherezade convierte cada relato en una manera de ganar tiempo. Dentro de ese marco se multiplican viajes, engaños, prodigios e historias que dan paso a otras historias. El conjunto invita a disfrutar tanto de la aventura como del propio acto de contar.

En sus memorias, García Márquez sitúa este descubrimiento en la infancia, con un ejemplar incompleto.

Para quienes disfrutan de la imaginación desbordante y de las lecturas que pueden recorrerse poco a poco.

3. La montaña mágica, de Thomas Mann

Hans Castorp visita a su primo en un sanatorio de los Alpes y acaba permaneciendo allí mucho más de lo previsto. La enfermedad, las conversaciones y la particular rutina del lugar modifican su experiencia del tiempo. Es una novela amplia, de ideas y personajes, que pide paciencia y curiosidad.

García Márquez evoca el entusiasmo que despertó su lectura en voz alta durante los años del liceo.

Para quienes quieren instalarse en una novela larga y dejarse llevar por su ritmo.

4. Moby Dick, de Herman Melville

A bordo del Pequod, la persecución de una ballena blanca se convierte en el centro de la existencia del capitán Ahab. La aventura marítima convive con reflexiones, descripciones y cambios de registro que hacen de este libro una experiencia mucho más amplia que su argumento.

En Vivir para contarla, el encuentro con Melville aparece ligado a Gustavo Ibarra Merlano.

Para quienes buscan una aventura ambiciosa sobre la obsesión y los límites humanos.

5. Luz de agosto, de William Faulkner

Las vidas de Lena Grove, Joe Christmas y otros personajes se cruzan en un sur estadounidense atravesado por el racismo, la soledad y el peso del pasado. Faulkner construye una narración en la que conocer una historia exige escuchar perspectivas distintas y regresar sobre lo ocurrido.

García Márquez la relee durante el viaje con su madre a Aracataca que abre sus memorias.

Para quienes disfrutan de los personajes complejos y las historias que se revelan por capas.

6. Ulises, de James Joyce

Un día en Dublín puede contener un mundo entero. Joyce sigue a Leopold Bloom, Stephen Dedalus y otros personajes mediante una sucesión de voces, estilos y asociaciones que transforma la vida cotidiana en una aventura del lenguaje. Conviene acercarse sin la obligación de entenderlo todo a la primera.

García Márquez cuenta una lectura inicial difícil y una relectura posterior muy fértil para su técnica narrativa.

Para lectores con ganas de experimentar y de aceptar un desafío literario.

7. La señora Dalloway, de Virginia Woolf

Clarissa Dalloway prepara una fiesta mientras Londres se llena de encuentros, recuerdos y pensamientos. Woolf recorre las distancias entre la apariencia social y la experiencia íntima, y muestra cómo una jornada corriente puede contener muchos años de una vida.

El personaje Septimus Warren Smith inspiró el seudónimo periodístico Septimus que García Márquez recuerda en sus memorias.

Para quienes prefieren las novelas atentas a la memoria, las emociones y la vida interior.

8. Edipo rey, de Sófocles

Una investigación destinada a salvar a Tebas conduce a Edipo hacia una verdad insoportable. La tragedia combina revelaciones, sospechas y decisiones en una estructura de enorme precisión. Su fuerza sigue estando en cómo cada respuesta modifica el sentido de todo lo anterior.

García Márquez la presenta como un modelo de construcción narrativa y expresa su admiración por ella.

Para quienes quieren descubrir la intensidad de la tragedia griega en una obra breve.

9. El viejo y el mar, de Ernest Hemingway

Santiago, un pescador anciano, se enfrenta en solitario a un pez extraordinario. La lucha pone a prueba su cuerpo y su resistencia, mientras el mar ocupa el lugar de escenario, sustento y amenaza. Hemingway obtiene una gran intensidad de una historia concentrada y de una prosa contenida.

En las memorias, su lectura llega a través de Life en Español y le proporciona consuelo.

Para quienes buscan una narración breve sobre el esfuerzo y la dignidad.

10. El conde de Montecristo, de Alexandre Dumas

La injusticia sufrida por Edmond Dantès pone en marcha una historia de encierro, aprendizaje, transformación y venganza. Secretos, identidades y planes se entrelazan en una novela extensa cuyo mayor placer está en seguir el movimiento de sus piezas.

García Márquez lo recuerda entre sus lecturas juveniles más absorbentes y vuelve después sobre su construcción.

Para quienes desean una novela larga con intriga, aventuras y ganas de seguir leyendo.

¿Por cuál empezar?

Para una primera aproximación, La metamorfosisEdipo rey y El viejo y el mar ofrecen tres experiencias breves y muy distintas. Quien prefiera una historia en la que quedarse durante días puede elegir El conde de Montecristo. Y para explorar otras maneras de representar el pensamiento y el tiempo, La señora Dalloway ofrece un excelente punto de partida.

La elección puede depender del momento. Compartir una lectura con un escritor admirado tiene también ese atractivo: descubrir qué nos dice hoy a nosotros.


Fuente: Gabriel García Márquez, Vivir para contarla (2002). Las referencias a estas lecturas se han contrastado con el texto de las memoriasFicha del libro en Penguin Libros. Las presentaciones y orientaciones de lectura son redacción editorial propia.