
Con un título como Cosita y una portada con dibujitos infantiles, todo nos hacía pensar, incluso el texto que acompaña a los dibujos, en una novela amable y tierna con una joven ensimismada en un mundo propio como protagonista. Una propuesta no necesariamente atractiva para según qué lectores, pero sugerente cuando menos viniendo de Blackie Books, una editorial cuya incuestionable solvencia avalan colecciones como la de Clásicos Liberados o series como Blackwater.
Esa impresión inicial parece confirmarse cuando encontramos a la niña Cosita acompañando a su padre a un espectáculo de magia en el que, invitada por el mago a someterse a un experimento de hipnosis, acaba golpeándose al caer del escenario. Empezamos a conocer entonces su posterior condición de huérfana, su aislamiento del mundo y el rechazo a sus exigencias de móvil, vehículo o tarjetas de crédito, un ejemplo extremo de nerd o geek con conexión a internet.
Su obsesión es el coleccionismo de pequeños objetos y figuras por los que puja en la red o consigue en su tienda de referencia. Mora los describe con detalle a lo largo del texto, aportando un soporte material a la historia, Encontramos así un sacapuntas que es también una caja de sorpresas, un salero con forma de payaso, unos dientes de monstruo y unos labios de goma, un pequeño gato maullador, o muñecos de colección de todo tipo de materiales y épocas.
Las breves historias que complementan la narración tampoco vienen necesariamente a contradecir nuestro juicio previo del texto sino, en todo caso, a confirmar la singularidad de la protagonista. Se trata de noticias sobre una profesora taxidermista y una supuesta bruja, sobre el caso del hombre detenido por coleccionar fotos de chicas del pueblo, o sobre el descubrimiento que finalmente hace Cosita del refugio de una rata en su casa
Así las cosas, el lector que prudentemente haya leído la ficha editorial, empezará a preguntarse a qué vienen esas referencias a unas “vibraciones lynchianas” o a la sobrecogedora novela Piranesi de Susanna Clarke. Puede, pensará, que tenga algo que ver ese personaje que incordia a Cosita cuando esta intenta disfrutar de su afición al cine. Una afición que el lector, si además de prudente ha sido curioso y ha visitado el blog o el perfil en Substack de la autora, sabrá que esta comparte con su personaje. Podremos enterarnos así de la predilección de Mora por el cine de David Lynch o de Hisayasu Satō, mientras que Cosita se decanta por un ciclo de películas imprescindibles.
Pero un misterio sacudirá la narración: la aparición de un enigmático mago que empieza a hacerse con los objetos que más interesan a la protagonista, y que lleva a esta a intentar desenmascarar a su rival y descubrir sus motivaciones. Poco a poco, a ciertas alusiones a un periodo de internamiento o a visitas a una psicóloga, se van uniendo la aparición de grietas en la casa o la desaparición de algunos objetos para ir creando una atmósfera inquietante, hasta que, ahora sí, ahí está Lynch sin duda, pero también Kubrick, o El lobo estepario de Hermann Hesse, en una magistral parte final que es homenaje pero también declaración de principios.
Mora ha escrito, pues, una primera novela llena de sugerencias, una lectura casi compulsiva en la que consigue, entre otras cosas, esa “sensación de extrañeza y tiempo detenido” a la que, según una de sus entradas en la red, aspiraba. Quizás no deberían perdérsela.
Rafael Martín