Los secretos de la papelería Shihodo, de Keni Ueda

La literatura, como la música, nos acompaña según nuestro estado de ánimo. Puede depender de cómo nos sintamos; incluso la climatología puede influir en el género que más nos apetezca leer en ese momento.

Al igual que cuando brilla el sol, somos más propensos a sumergirnos en historias alegres y emocionantes, en días grises y fríos, nos apetecen historias cálidas tanto como una bebida humeante en nuestra taza favorita.

La literatura de Kenji Ueda podría entrar en esta última categoría, porque su prosa nos reconforta como esa bebida tibia, y sus relatos nos caldean el alma como un buen fuego en la chimenea. Historias humanas que a la vez son tan cotidianas como únicas.

Nacido en Tokio en 1969, este importante ejecutivo dentro de la industria de productos de salud y belleza, comenzó su carrera literaria de manera tardía. Su primera obra, Teppan, escrita en 2019, se publicó revisada en 2021, consiguiendo con ella el I Premio Japón de Ficción Deliciosa. Marcada por la fantasía con encanto cotidiano, en Los secretos de la papelería Shihodo, aparca esa magia para centrarse en lo cotidiano, que puede llegar a ser más mágico que la propia fantasía.

En ella nos presenta a Ken Takarada, propietario de la célebre y antiquísima papelería Shihodo, ubicada en el prestigiosos barrio de Ginza, uno de los más distinguidos de Tokio.

Su negocio será el punto en común de cinco clientes que anhelarán encontrar entre sus estanterías algo más que material de escritura. Clientes a los que el señor Takarada ayudará, de forma muy sutil, a lanzarse por fin a escribir a esas personas que marcaron un antes y un después en sus vidas.

De los propios labios de estos cinco personajes —puesto que el dueño de la papelería no es más que un buen oyente—, narraran historias de sacrificio, amor o agradecimiento. Se sentirán aliviados al poder por fin encontrar a alguien paciente y compresivo que quiera escuchar esas vivencias. Alguien que, a pesar de ser para algunos de ellos un perfecto desconocido, demuestra tener un carácter que invita a la confianza.

Cada uno de los cinco relatos, de los que se componen este bonito libro, conoceremos a personas solitarias que intentan expresar, de forma epistolar, el amor y agradecimiento hacia quienes le cambiaron la vida o los motivaron a ello. El autor repasa, a través de sus personajes, distintos tipos de amor como el romántico o el fraternal, al igual que el agradecimiento a aquellos mentores que promovieron o provocaron el punto de inflexión en vidas ajenas que les importaban como la propia.

Con una prosa tan bonita, donde lo narrado casi es una caricia para los ojos, y cuyos pasajes transmiten sosiego. Hace posible que los lectores podamos, si no saborear, casi oler ese té verde, acompañado por bollos dulces rellenos de pasta de alubias, a los que el dueño de la papelería Shihodo invita a sus clientes cuando estos deciden hacerle caso para pasar a la planta de arriba, para allí, sobre un viejo escritorio, desnudar su alma y volcarla en forma de tinta sobre la página en blanco, para al fin exorcizar el recelo a exponerse ante quienes tanto tienen que decir y nunca se atrevieron.

Un librito precioso que leeremos con avidez, deseando que no acabe por la paz y tranquilidad que rezuma. Pero que cuando acabemos hará que deseemos ir a una de esas entrañables y escasas papelerías de barrio, para adquirir material que nos permita practicar el antiguo arte de escribir cartas.