Reseña del Diccionario de insultos

Este diccionario de insultos de Quevedo cuenta con el frenesí de un “Doctor en desvergüenzas, licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades” que también supo escribir sonetos sublimes y tristes pero estoicos. Y qué pasaba con pasmosa facilidad, como señala Eugenio d’Ors de “Vocablos nerviosos y línajudos, como potros finos” al “frío resplandor de una navaja española”. Este diccionario compila esos notables navajazos que Quevedo daba a su alrededor. Dando al lector la oportunidad de ser incorrectamente político con palabras cultivadas desde hace tantos siglos. Veamos algunos ejemplos de lo que este diccionario nos aporta y nos enseña.

A lo ministro. Hecho con rigidez y cerrazón de mollera, como cerril plenipotenciario o con mayoría.

Airoso de hipérboles. Quien exagera la importancia de lo que dice para dársela a sí mismo; presentador de reality; comentarista radiofónico de fútbol, en particular el argentino.

Almorrana de la peor rabadilla. Persona miserable y ruin donde las haya, lo peor entre lo ya malo.

Cabeza en tanta pepitoria. De pensamiento variado y sin orden, sincretista de tres al cuarto, Integrador de civilizaciones.

Calva asentadera. Calva semejante al culo, quizás también su función.

Crítico de faltriquera. Que emite opinión basándose tan sólo en sus miserables intereses dinerarios.

Granizo con máscara. Qué hace daño y se esconde, Que no da la cara.

Muy único de camisa. Hombrecito mucho más afanado en su aspecto que en lo escaso de su ajuar. De ideas inamovibles, por no ser capaz de asimilar otras.

Necio en la quinta esencia. Que nunca responda a lo que se pregunta cuál portavoz del partido.

Que es cinco y vale cero. Quien es todo apariencia y pomposa vacuidad.

Vizcaíno de Belén. Falso, el engaño en verbigracia.

Disfruten de estos más de 1500 insultos, aprovechándolos en cenas de familia con varios cuñados al quite, en bares viendo deliciosos partidos de fútbol, en reuniones de consejo de administración, en largas e inoperantes colas de espera y en cualquier sitio que nuestra españolidad así lo reclame y requiera como hizo del mismo Quevedo.

 

Sinopsis

Este nuevo libro contiene un tesoro lingüístico de 1.571 entradas, pero no es de los autores; y un prólogo del Marqués de Tamarón que está para enmarcar. El Diccionario de Insultos de D. Francisco de Quevedo es un libro de uso, no una curiosidad académica: llévenlo en el bolso, en la mochila, en la valija, y comoquiera que lo impropio es el exabrupto (cosa bien grosera) y no el insulto (que requiere cultura e intuición), no duden en abrirlo cuando la ocasión lo reclame, en estos tiempos de censura, de todo-me-ofende, de las mayores hipocresías en nombre de un progreso más que dudoso.

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