Juan Gabriel Vásquez: Viajes con un mapa en blanco.

Literatura sobre literatura equivale, en principio, a un ejercicio de especulación que no todos los autores acometen a pesar de ser un trabajo donde hablar-reflexionar de aquello que es el trabajo propio -por ser el tema la literatura-, acaso debiera apasionar al escritor. Algo que el lector espera con fruición

Literatura sobre literatura equivale, en principio, a un ejercicio de especulación que no todos los autores acometen a pesar de ser un trabajo donde hablar-reflexionar de aquello que es el trabajo propio -por ser el tema la literatura-, acaso debiera apasionar al escritor. Algo que el lector espera con fruición. Equivale, de alguna manera, a entrar en la cocina del escritor, a penetrar, más o menos veladamente, en sus secretos. Una seducción perfecta, y extraordinariamente atrayente para todo lector que quiera conocer de cerca el entramado del oficio: “Las grandes novelas reflexionan sobre el arte de escribir novelas. Cervantes, el más borgiano de los novelistas, consciente de la ya tensa relación entre ficción y realidad, fue quizás el primero en abordar el problema de  la ficción en prosa en la ficción misma”

El equipaje de que ha dotado Vásquez este texto largo, consciente, creo que muy honrado en cuanto a la exposición sincera de sus opiniones, le dota de atractivo en varios campos, y de ello se puede extraer bien gozo, bien didáctica o conocimiento: “Tengo a veces la impresión de que el mundo se divide en dos: los que consideran que recordar es inútil y los que consideran que es peligroso. En esas aguas se mueve el novelista, y esto se debe, en buena parte, a que el pasado es un lugar que, al contrario de lo que suele darse por sentado, no está fijo” Y añade, con precisa convicción: “Decía Faulkner que el pasado no está muerto, que ni siquiera ha pasado. Se refiere a que las consecuencias de lo que hicimos nos perseguirán siempre, pero también a que el pasado es maleable, a que puede ser  manipulado” Una interpretación a todas luces razonable.

Al fin, como una forma de balance, sigue con su palabra bien elegida concediéndonos una proximidad muy dúctil e instructiva, y nos confiesa: “Por supuesto, la comprensión tiene un costo: el desencanto. Proust es el gran desencantado; la relación entre expectación y desencanto es  la distancia que existe entre la primera página y la última”

Lo dicho, gozosa, didáctica, feliz compañía la  que nos otorga el escritor habiendo querido hacer con nosotros el camino del conocimiento que a él le ha llevado a ser escritor, y a nosotros a seguir deseando leer (y, quien sabe, también a escribir)

Por Ricardo Martínez

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Pepe Rodríguez es el fundador de El Placer de la Lectura.

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