[two_third]El libro de las pruebas de John Banville pudiera pasar por ser el manual de la novela en este siglo XXI. Publicado más de una década antes del cambio de milenio tiene mucho de visionario sobre la literatura que la crítica valora hoy en día.
Decía el crítico Ricardo Martínez Conde de los personajes de Banville que “Cada cual valora y defiende su yo, acaso porque sabe mejor que nadie que la apariencia es una falacia; que, como la hoja, la vida aparente se alimenta de raíces profundas que beben en las fuentes más ignotas, en los sueños más audaces, en los silencios más sobrecogedores.”
Así es Freddie Montgomery el odioso protagonista de esta novela. Tiene treinta y ocho años, y está en la cárcel a la espera de que le juzguen por robo y asesinato. El formato elegido por el escritor irlandés es el de una confesión dirigida al juez, sin pretender conseguir una sentencia más leve, sino indagar en las causas del crimen, desvelar el opaco enigma que Freddie es, incluso para sí mismo.
Hijo de buena familia, científico brillante durante un breve período de su juventud, se ha pasado los últimos años a la deriva, errando por islas del Mediterráneo nada paradisiacas, entre bares de mala muerte y una bohemia mucho más cerca de la degradación que del arte. Hasta que de regreso a Irlanda a buscar fondos, y en el curso de un robo absurdo, arrastrado más por una oscura fascinación que por la necesidad, secuestra y mata a una joven criada. Pero, ¿por qué, en una existencia signada por el desapego, por una deriva que le ha convertido en un perpetuo extranjero, esa obsesión por el retrato anónimo de una mujer de mediana edad, no demasiado hermosa, que pretendía robar y que le condujo al crimen? ¿Qué es verdad y qué es mentira en su relato del crimen, en la novela de su vida?
Así son los personajes de Banville y la mayoría de los personajes exitosos de este siglo, dubitativos, contradictorios, atormentados o avergonzados, con vaivenes psicológicos. Sin trama ni argumento al que los personajes puedan adaptarse, Banville monta su exoexqueleto en las frases, verdaderas columnas de construcción a las que puede dedicar gran cantidad de tiempo. Excelente obra para iniciarse en Banville, pero con cuidado, nunca amaremos a un personaje suyo, al contrario. Sin embargo, esa ortodoxia con su propia literatura le ha valido el Premio Principe de Asturias 2014 y está siempre a las puertas del Nobel.
Literatura de alta calidad solo apta para lectores avanzados.
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