Agosto, Octubre de Andrés Barba

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La lectura de “Agosto, octubre” deja un marcado sabor agridulce similar al de la esencia de la adolescencia, ese territorio adusto y complicado de explorar que es por el que discurre la novela. Andrés Barba nos propone un acercamiento serio, profundo y emocional a la adolescencia, en este caso masculina que tiene cierta idiosincrasia.El tema, nada nuevo en el espectro literario, es atractivo desde el comienzo porque está tratado a conciencia, con un estilo definido, bien ejecutado, en el que el autor se encuentra cómodo y en el que opta por recurrir a la intemporalidad sin renunciar a la contemporaneidad como expresión de la universalidad del conflicto.

Barba encarna en Tomás, el joven protagonista de la novela, una etapa aquejada de cierta abulia, de un toque de tristeza. Pero en lo que se acaba convirtiendo estaaproximación es en una exploración de la culpa, de la indigestión de hechos y actos que acaban afectando de una manera radical a Tomás. Es un acercamiento doloroso, en el que el lector a veces puede reconocer la huella que dejan sus propios fantasmas, más aún cuando los que fustigan al protagonista están llevados al extremo, de modo que nos ofrece unaejemplificación es detallista yclarificadora a la vez.

Otro de los puntos de vista en que aborda este periodo vital es el de ruptura con la infancia. Es revelador como narra el cambio de la imagen de los padres a los ojos del hijo púber responsable de ese cambio metamórfico, de cómo esos seres antes heroicos son percibidos como personajes vulgares, degradados desde lo físico a lo emocional. Algo parecido ocurre con su entorno, y ese revulsivo es el que empuja a Tomás a vivir nuevas experiencias que desembocarán en una crisis aún mayor.

“Agosto, octubre”, es una pequeña joya por la habilidad de engancharnos a una historia que no es fácil, gracias a una inusitada calidad literaria. A veces uno tiene la sensación de que recoge las mejores tradiciones de la novelas de los años 50. Esa pandilla de pillos mediterráneos parecen salidos de alguna novela de Marsé y la élite vacacional reunida en urbanizaciones playeras recuerda a la áspera reconstrucción de ese mundo que hizo Juan García Hortelano en “Tormenta de Verano”. Pero sobre todo Andrés Barba cultiva un estilo descriptivo intimista que hace recordar a los grandes de la literatura del XIX, que son referentes primordiales y confesos del escritor.

Una novela recomendable, de un autor muy a tener cuenta.

 

Reseñado por Daniel Vega

Escrito por Andrés Barba

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Ficha técnica

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PVP con IVA 7,90 €
Nº de páginas 152

La tensión de la adolescencia de Tomás llega a un punto de no retorno cuando viaja con su familia, como todos los años, al pequeño pueblo de veraneo en el que suelen pasar las vacaciones. Bajo la blanda inactividad veraniega todo empieza a suceder de pronto como en un encadenamiento inaplazable: el descubrimiento del sexo y de la violencia, la muerte, la transgresión…

Tomás se descubre a fogonazos, como si no pudiera evitar que su inteligencia fuese un paso por detrás de sus acciones, hasta que la dinámica de las cosas le lleva a participar en un acto que no puede perdonarse a sí mismo. Es entonces cuando se siente obligado a sentarse frente a la única persona que le puede juzgar y perdonar. Agosto, octubre es una de esas novelas que tienen el valor y la maestría de agarrar del cuello, en toda su complejidad, a esa edad tan ambigua, desprotegida y violenta de la adolescencia.

Andrés Barba resuelve el tapiz con la maestría psicológica que le ha convertido en uno de los escritores de referencia de su generación en uno de sus textos más logrados y conmovedores: un cóctel explosivo entre el Pavese de El bello verano y los adolescentes de Gus Van Sant en Elephant.