

El argumento de la misma gira en torno a Antonia. La acción se centra en el Madrid de los 80, en plena » Movida madrileña». A este Madrid ha llegado Antonia junto a su hijo de 4 años, Gabi. Ella trabaja como locutora de radio. A lo largo de la novela iremos conociendo de mano de la propia Antonia su vida. Cómo le marcó su infancia, la muerte de su madre, la relación que tuvo con sus tías, con sus hermanos, cuáles han sido las relaciones con los hombres y cómo éstas le han dejado cicatrices emocionales. Hombres con nombres propios: Alberto ( su ex) y Jabato, un amigo de la infancia con el que más tarde tendrá una relación de la que saldrá una amistad más reforzada.
La novela tiene muy poco diálogo. Es un gran monólogo pero no por ello se hace aburrida o pesada, no. A pesar de su poco diálogo tiene ritmo y es la voz de Antonia quien lo marca y da. Me gusta este monólogo. Me ha permitido descubrir a una mujer muy segura de sí misma pese a las dificultades con las que se encuentra. Ella, aunque tiene miedo muchas veces, sabe cómo afrontarlo todo pero no por ello se considera una superwoman o un ser superior. Creo que es la propia personalidad de Antonia lo que lo logra y consigue. Un carácter que hoy puede ser común pero que, imagino, en los 80 seria un poco más » sorprendente» pues aunque la sociedad española no era como la de los 50 aún no era como la de hoy. Es fácil sentirse enganchada con Antonia y muy difícil escapar a su magnetismo.
Todo ello hace que esta novela sea deliciosa. Aunque esté escrito por una mujer y sea una fémina su protagonista, volvemos a lo de siempre: también los hombres pueden gozar con ella. No es una novela femenina. Lo que narra y le sucede a Antonia son sentimientos que muy bien puede tener un hombre. Los personajes masculinos de la misma están muy desarrollados, muy complementados con los femeninos.
Por todo ello no puedo más que recomendarla. Una novela con la que, insisto, el lector disfruta. Tiene de todo: momentos sensibles, un poco dramáticos, momentos que logran dibujar una sonrisa, otros que te despiertan recuerdos… En algunos pasajes, incluso, me he llegado a sentir identificada con Antonia como en aquel en el que va a la vieja casa familiar y empieza a revivir recuerdos al contemplar las estancias, los objetos… Es lo que me ha pasado, por ejemplo ahora, contemplando las viejas fotos familiares que tenía mi tío, las cartas, documentos, objetos… Por ello, quizá, me he sentido un poco más cercana a Antonia y he entendido su reacción. Todo ello la hace aún más cercana. Hay personajes de novelas que son eso sólo: meros personajes. Otros que van mucho más allá y entran a formar parte de ti. Y eso, creo yo, es lo que hace que una novela sea aún más grande, no el ser » número 1 en los 40 Principales de libros más vendidos». Sí, eso es importante para la editorial y el autor, pero creo que debe llenarle más que un lector conecte con su obra y haga suyas sus palabras.
Decir que es la mejor novela de Elvira Lindo es aventurarse un poco, pero no lo es decir que es una de las mejores que tiene. Ha sabido consolidarse como una novelista para adultos; creo que con Antonia dice un «hasta luego, Manolito» ( que espero sea eso, un hasta luego pues Manolito es mucho Manolito)
Ysabel – La bibliotecaria de El Perelló
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