La esposa joven de Alessandro Baricco

Buenos días, sol velado, suave brisa. Con estas palabras, el viejo mayordomo Modesto, cual sereno en el interior del caserón familiar, saluda para despertar a los durmientes y recordarles que empieza un nuevo día y la peligrosa noche ha acabado. Es este un cuento donde se combinan una gran cantidad de temas, estilos, ideas: un matiz de cuento libertino ilustrado, unas pinceladas de cuento gótico, una reflexión sobre el escritor y su obra, sobre la ficción y la realidad, sobre el sueño y la vigilia, todo sazonado con un humorismo muy fino, casi surrealista.

Destaca, sobre todo, la forma: la maraña de narradores y de discursos. Porque junto a la tercera persona, cada personaje (que no tienen nombre, salvo Modesto) va a contar su historia. Los nombres son arquetípicos: la Madre, el Padre, la Hija, el Hijo, el Tío…y la Esposa Joven. El narrador impersonal –que es en realidad el autor, como un personaje más- describe al principio una sinopsis del escenario y los protagonistas, sus curiosas costumbres y las relaciones entre sí.

La mansión de la Familia –una villa italiana a principios del siglo XX- es todo un universo cerrado del que salen y entran de modo muy personal, salvo cuando se van de veraneo, en bloque y la casa se cierra, mientras Modesto se toma un respiro. La noche es el momento más angustioso: es tradición en la familia que todas las muertes ocurren con nocturnidad. De ahí que cada mañana festeje su retorno a la vida con un espléndido y pantagruélico desayuno, que es desayuno, comida y casi cena, por así decirlo. Durante horas los miembros de la familia, en pijama, sin lavar ni adecentar, disfrutan de todo tipo de manjares ( menos del té, que es no grato) junto a decenas de invitados (familiares, amigos, conocidos proveedores, postulantes, religiosos e incluso políticos).

La vida de la Familia, que es presentada como incompleta, puesto que el Hijo está –temporalmente- en el extranjero, ocupándose de los negocios familiares, se ve de pronto con la sorpresa de que aparece un nuevo miembro: la Esposa Joven, que, en realidad, no es esposa sino prometida, desde hace tres años, al heredero.

El hecho de su llegada le sirve al escritor como excusa para informar al lector de todos los detalles e historias relacionadas con los distintos miembros de la extraña familia. La Esposa Joven se extraña de las costumbres e indaga para saber a qué atenerse. El primero en atenderla será Modesto, cuyo sistema de toses proporciona todo un diccionario de información. Un detalle curioso: no hay libros en la casa. La Familia, aparentemente, no lee. El único libro llegará de la mano de la Esposa Joven: El Quijote. “En la Familia existe una gran confianza en las cosas, en la gente y en sí mismos. No se ve la necesidad de recurrir a paliativos.” (Modesto dixit)

Pronto se hace saber a los miembros de la comunidad familiar que el Hijo va a volver. O mejor dicho: está volviendo. Pero este es un proceso que llevará meses e incluso años. Antes que el Hijo, van a ir llegando sus objetos: muebles, ropa, instrumentos musicales, libros, todo un rastrillo de piezas de museo, que van llegando por partes, mientras el Hijo se hace esperar.

De todos los personajes, el mas llamativo, cuya realidad se mezcla más fuertemente con la ficción, es el Tío: un personaje que, debido a un síndrome desconocido, vivía en continua narcolepsia, es decir, dormido. Pero lo más curioso es que dormido podía hacer muchas cosas e incluso participar de las conversaciones, fumar, cocinar o incluso afeitarse.

Además de narrar la historia de la Esposa Joven y cómo se compromete con el Hijo, todos irán contando su relato personal a la propia Esposa, a la vez que de un modo u otro la irán despertando al erotismo y al sexo.
Pero incrustado dentro del relato central y los relatos adyacentes, está el relato del personaje-escritor, el autor de la novela cuya lectura estamos haciendo y que se presenta paralelamente en su quehacer, inacabado hasta que no llegamos al final. Así, la relación del texto con los pensamientos y preocupaciones del autor es continua, y el proceso de escritura y de lectura se presentan paralelos, las digresiones sobre el papel del escritor y su relación con la obra serán jugosas muestras de ello.

Los diálogos se intercalan sin mencionar nombres, ni siquiera los del propio autor con otras personas. Así, a veces resulta un poco complicado identificar a los hablantes, lo que ocurrirá si nos fijamos en el contenido de sus intervenciones, pero en un primer momento llega a ser un poco confuso.

Una obra muy viva, llena de guiños, gestos y toques de humor y de erotismo, a veces sutil y a veces explicito, pero siempre mostrado de modo muy elegante.

Por Fuensanta Niñirola

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