«Escucho con mis ojos a los muertos»: Quevedo y el placer de conversar con los libros

El 14 de septiembre recordamos a Francisco de Quevedo, el escritor que convirtió el amor, el paso del tiempo y las contradicciones humanas en algunas de las páginas más intensas de nuestra literatura.

Abrimos un libro y alguien que ya no está comienza a hablarnos. La escena tiene algo extraordinario, aunque la repitamos cada noche sin prestarle demasiada atención. Entre nuestros ojos y una página ocurre un encuentro que atraviesa los siglos. Quevedo lo expresó en un verso tan preciso que todavía parece escrito para explicar lo que nos sucede cuando leemos.

Francisco de Quevedo nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580, según la cronología de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Se cumplen 446 años de su nacimiento. Su nombre suele llegar acompañado de unas gafas, de su rivalidad con Góngora o del recuerdo de un soneto aprendido en clase. Sus libros permiten ir mucho más lejos: hacia un escritor de extraordinaria energía verbal, capaz de la burla feroz y de una emoción que parece abrasar las palabras. Cronología de Quevedo.

Francisco de Quevedo
Retrato histórico de Francisco de Quevedo, identificado como obra de Juan van der Hamen en el portal de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Acercarse a él requiere cierta disposición a leer despacio. Una palabra puede contener una broma, una alusión y una segunda intención. Esa densidad ofrece recompensas: una frase que parecía difícil se ilumina de pronto, un verso cambia al releerlo, un retrato satírico revela una precisión casi inquietante. Parte del placer de Quevedo consiste en descubrir cuánto cabe dentro de una lengua.

La lectura como conversación

El verso del título pertenece al soneto que comienza Retirado en la paz de estos desiertos, conocido como Desde la torre. En él, los libros hacen posible la compañía de los autores ausentes. La aparente soledad del lector se llena de voces: voces que corrigen, provocan y ensanchan lo que uno pensaba antes de abrir el volumen. El soneto en el portal de Quevedo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

La imagen une dos sentidos, escuchar y mirar, y hace visible una experiencia que parecía difícil de explicar. Leemos con los ojos, pero una cadencia empieza a sonar dentro. Quien escribió permanece en esa cadencia y en la forma particular de ordenar el mundo. Así podemos pasar una tarde con alguien nacido hace más de cuatrocientos años.

La compañía de Quevedo exige aceptar sus contrastes. Su mundo está atravesado por jerarquías, creencias y prejuicios de su época. En la sátira puede ser cruel; en la poesía amorosa, desbordante; al pensar en el tiempo, implacable. Leerlo con atención permite admirar su inteligencia verbal y examinar a la vez hacia dónde dirige sus golpes. Es esa complejidad la que devuelve espesor al clásico.

Tres frases que siguen resonando

«Polvo serán, mas polvo enamorado». El cierre de Amor constante más allá de la muerte lleva el sentimiento hasta el límite de la desaparición del cuerpo. El verso reúne la materia más humilde y una persistencia imposible. Su intensidad nace de esa tensión: el poema imagina que algo del amor continúa incluso cuando todo parece haber terminado. Texto del soneto en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

«Ayer se fue; mañana no ha llegado». En el soneto que comienza ¡Ah de la vida!, el tiempo deja al hablante sin un lugar seguro donde detenerse. El pasado se ha retirado, el futuro permanece fuera de alcance y el presente también se escapa. Es una formulación breve de una inquietud que podemos reconocer sin compartir el mundo del siglo XVII. Texto en la Biblioteca Armónica de la Universidad de Granada.

«Poderoso caballero es don Dinero». La letrilla convierte al dinero en un personaje que modifica prestigios, abre puertas y ablanda resistencias. La repetición del estribillo tiene una eficacia memorable: cada estrofa añade una escena a ese poder. El humor deja una pregunta incómoda sobre el valor que concedemos a las personas y sobre quién decide realmente ese valor. Leer la letrilla en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Cinco libros para descubrir las distintas voces de Quevedo

Portada de El Buscón, de Francisco de Quevedo

1. El Buscón

Primera publicación: 1626. Género: novela picaresca y satírica.

Pablos cuenta sus intentos de abrirse camino en una sociedad obsesionada con el origen y las apariencias. El hambre, el engaño y el deseo de ascender lo llevan de una experiencia a otra, entre personajes deformados por una mirada ferozmente cómica. La prosa convierte cuerpos, comidas y gestos en imágenes inolvidables. Conviene acercarse a ella dispuesto a descubrir un humor que puede resultar tan brillante como despiadado.

Por qué leerlo: por la invención verbal y por su lugar central en la narrativa del Siglo de Oro. En 2026 se cumplen cuatrocientos años de su primera edición.

Para quién: para lectores que disfrutan de la picaresca, la caricatura y los narradores poco fiables. Una edición anotada ayuda a apreciar los juegos de palabras.

Consultar la edición de Pablo Jauralde Pou en Alianza Editorial.

Portada de Los sueños, de Francisco de Quevedo

2. Los sueños

Primera publicación del conjunto Sueños y discursos: 1627. Género: sátira en prosa.

Visiones, figuras del más allá y recorridos fantásticos permiten a Quevedo someter a examen los vicios humanos. La imaginación desplaza al lector fuera del mundo cotidiano para devolverle una imagen deformada y reconocible de él. Profesiones, pretensiones y conductas quedan expuestas a una risa que suele tener bastante de acusación. La edición de Ignacio Arellano permite además acercarse a las distintas versiones de estos textos.

Por qué leerlo: porque muestra la potencia de la fantasía como instrumento satírico y una de las expresiones más características del desengaño barroco.

Para quién: para quienes disfrutan de lo grotesco, de las visiones literarias y de los libros que recompensan una lectura pausada.

Consultar la edición de Cátedra.

Portada de Poesía varia, de Francisco de Quevedo

3. Poesía varia

Antología moderna de poemas del siglo XVII. Género: poesía. Edición de James O. Crosby.

Esta selección permite escuchar al Quevedo amoroso, al satírico y al poeta preocupado por la brevedad de la existencia. La variedad importa: un solo poema, por célebre que sea, difícilmente representa una escritura capaz de pasar del juego a la angustia con semejante intensidad. El volumen ofrece un recorrido por registros y momentos diferentes, con el acompañamiento necesario para entrar en sus referencias y dificultades.

Por qué leerlo: porque es una buena forma de construir una relación propia con sus versos y descubrir cuáles permanecen en la memoria después de cerrar el libro.

Para quién: para quien desee empezar por la poesía o recuperar con otros ojos al autor que conoció en las lecturas escolares.

Consultar Poesía varia en Cátedra.

Portada de La hora de todos y la fortuna con seso, de Francisco de Quevedo

4. La hora de todos y la fortuna con seso

Primera publicación: 1650, póstuma. Género: sátira en prosa.

Una reunión de los dioses y la intervención de la Fortuna permiten imaginar una alteración del orden habitual. Cuando las apariencias pierden su protección, los engaños quedan al descubierto. Quevedo convierte esa premisa en una sucesión de escenas que examinan intereses, ambiciones y relaciones de poder. La perspectiva cambia continuamente y obliga al lector a mirar desde otro ángulo lo que parecía establecido.

Por qué leerlo: por la audacia de su planteamiento y por la manera en que utiliza una situación fantástica para poner en cuestión las representaciones de la vida social.

Para quién: para lectores de sátira política y de ficciones que experimentan con las reglas del mundo para mostrar sus contradicciones.

Consultar la edición de Castalia.

Portada de La cuna y la sepultura, de Francisco de Quevedo

5. La cuna y la sepultura

Primera publicación: 1634. Género: prosa moral y filosófica.

El título sitúa la vida entre sus dos extremos y pregunta qué hacemos con el tiempo que los separa. Desde un horizonte cristiano y en diálogo con la tradición estoica, Quevedo reflexiona sobre los deseos, la conducta y la conciencia de la muerte. La edición de Celsa Carmen García Valdés incluye también Doctrina moral, la obra anterior que el escritor reelaboró, y permite observar cómo volvió sobre sus propias ideas.

Por qué leerlo: para conocer una faceta reflexiva que dialoga con las preocupaciones de su poesía y da otra profundidad a su mirada sobre la existencia.

Para quién: para quienes buscan pensamiento en los clásicos y disfrutan de una prosa que invita a detenerse, discutir y releer.

Consultar la edición de Cátedra.

Una voz que merece otra lectura

Volver a Quevedo puede comenzar por algo muy pequeño: un soneto, una página del Buscón, una imagen que obliga a levantar los ojos del libro. No hace falta comprenderlo todo de inmediato. A veces la primera lectura ofrece el ritmo; la siguiente revela el sentido de una palabra; una tercera descubre una emoción que antes había quedado oculta.

Ese encuentro explica la vigencia de los clásicos mejor que cualquier obligación de admirarlos. Quevedo sigue teniendo una voz propia, reconocible, incómoda y apasionada. Abrir sus libros es darle la oportunidad de que vuelva a sonar.