Conjura contra el rey Felipe, de Juan Pedro Cosano

Siempre he defendido la novela histórica por que me parece un género sumamente difícil. Claro que a la hora de enfrentarte a cualquier género conlleva sus dificultades, porque escribir, en general, es de todo menos fácil, pero cuando de épocas pasadas hablamos, siempre habrá expertos que analicen con lupa lo narrado, pueden descubrir fallos, anacronismos, mientras que con otros géneros, el error es más permisible, o disimulado.

Cuando usamos el contexto de la época en la que queremos encuadrar una historia, y esa trama es thriller o novela negra, la cosa ya se complica aún más, pues hacer encajar todas las piezas de estas historias tampoco es baladí, pero sumándole la dificultad epocal, la tarea ya se plantea descomunal.

Juan Pedro Cosano, con sus anteriores novelas dejó patente que es uno de esos autores que se mueven como pez en el agua tanto en tiempos pretéritos como entre crímenes y conjuras. Un referente en cuanto a la novela negra envuelta en el género histórico. Claro ejemplo es su exitosa trilogía protagonizada por el joven abogado Pedro de Alemán y Camacho, que comenzó con El abogado de pobres, continuó con Llamé al cielo y no me oyó, y cerrándola con Las monedas de los 24.

Fue con Nadie podrá quererle como yo —reseña que podéis leer en esta misma web— donde demostró esa maestría a la hora de introducir ficción entre hechos históricos y personajes reales —sí, ya había utilizado estos recursos en obras anteriores, pero fue aquí cuando hubo un punto de inflexión—. En ella nos introducía en la corte de Carlos II de España y su historia de amor con María Luisa de Orleans, donde el dramaturgo Francisco Antonio de Bances se convertía en una suerte de detective, donde el mismo rey le pedía esclarecer si la muerte de la reina fue o no una muerte natural.

A través de sus novelas encontramos hechos históricos que bien podrían haber ocurrido tal como él nos los narra, pues la habilidad de este autor, a la hora de contextualizar su trabajo, es que lo hace con tal naturalidad que al más avezado le hará plantearse si tal vez aquello no ocurrió como Juan Pedro nos lo relata. Todas las piezas encajan como el puzle más preciso, no solo en la trama que nos propone, también dentro de la propia historia real, donde los más curiosos descubrirán como realmente existieron estas posibles conjuras, exponiendo Cosano que la realidad a veces puede superar a la ficción.

En esa novela ya manejaba su autor un sinfín de personajes bien construidos, y unos hechos en los que había que ser un erudito para no pensar que lo que leíamos no hubiera sido así realmente.

Esta vez repite la fórmula con más éxito aún, pues aquí el número de personajes que secundan al rey Prudente es mayor, por lo que la cosa se complica para el autor, no solo por el material a manejar, sino para exponer al lector, sin que este se vea desbordado por el contingente. A que se pierda en la lectura. Lo que no ocurre en ningún momento gracias a la buena labor del escritor.

La historia comienza cuando una carta anónima llega a manos del Inquisidor General en la que se acusa al soberano de ser responsable de la muerte del príncipe heredero Carlos. Aunque la acusación no cae en saco roto, se considera inverosímil hasta que hombres relacionados con los hechos que rodearon el final del heredero comienzan a ser asesinados, todos marcados con un símbolo que parece ser el de Saturno, el dios devorador de sus propios hijos.

El mayor peligro consiste en el riesgo de propagarse por Europa, creando desconfianza y tambaleando los cimientos del Imperio. Es por lo que se le encarga a Villafañe la investigación para encontrar al culpable de difundir la infamia y de los crímenes que la rodean.

Si en anteriores novelas las pesquisas se delegaban a un detective improvisado, esta vez el peso del relato cae directamente en el monarca aludido en el título. Aunque el encargo detectivesco es asignado al alcalde presidente —lo que en la época sería un juez— Cristóbal Villafañe y Rueda, será al monarca al que acompañemos en la mayor parte narrativa, descubriendo más a un hombre atormentado que a un rey, mostrándonos el autor la parte más humana de la institución.

Su fuerza no solo queda patente en sus sólidas tramas principales, sino en todo lo que las apuntala como son sus personajes bien trabajados, no solo los protagonistas, sus secundarios tienen tanta importancia como los primeros. Es loable ver el desarrollo de estos, y de como convierte en interesante lo que en manos de otro escritor habría resultado aburrido, pero la pluma de Juan Pedro es audaz y no se entretienen en descripciones vacuas o hechos que no vienen al caso, lo que ralentizaría la trama, pero que aquí el resultado es una lectura ágil y adictiva. Sus cortos capítulos también invitan a que la experiencia sea amena.

Lectura muy recomendada para aquellos amantes del género histórico, así como al thriller y todo aquel que se siente atraído por conspiraciones y misteriosos asesinatos. Y sobre todo para quienes quieran saber más de nuestra propia historia y de lo que, tal vez, pudo suceder.