

A flor de piel de Nora Muñiz
Una mujer escucha llorar a su bebé. Es un llanto que acalla los demás sonidos del mundo, que se vuelve canción de fondo. A la niña le salen ronchas y se rasca hasta hacerse sangre. Dan igual las cremas, los medicamentos, que le aten las manos. La madre es joven y, sin embargo, en las noches que pasa sentada bajo la luz blanca de la cocina intentando que le salgan las cuentas, su adultez tiene un peso insoportable. Un peso que solo consigue aliviar bebiendo. La niña crece y con ella sus ronchas y sus secretos. Pero «el secreto siempre brota, ensangrentado».
A flor de piel, la vertiginosa primera novela de la mexicana Nora Muñiz, aborda el vínculo madre-hija con una mirada salvaje y nos adentra en un territorio asfixiante y oscuro para hablar de las violencias que se ejercen en la crianza. Muñiz firma un debut feroz y terrorífico que nos hace reflexionar sobre los cuidados y las posibilidades del amor, y es que, ¿en qué medida puede una madre, por muy leona que sea, ahorrarle dolor a su hija? ¿En qué medida puede el vínculo con una madre ser del todo sano?
«Nora Muñiz ha escrito una novela valiente y conmovedora que nos sumerge en la duda de qué tanto de nosotras mismas se esconde bajo la piel y cómo es que todo supura en contra de nuestra voluntad. A veces, para encontrarnos, es necesario rompernos un poco y dejar que la palabra comparta las heridas». —Brenda Navarro
«A flor de piel cala hondo. Nora Muñiz no tiene piedad, incendia la piel de todas y nos deja con el alma en un hilo». —Sylvia Aguilar Zéleny
Nora Muñiz (Ciudad de México) es lectora, investigadora y escritora. Sus textos han aparecido en The European Review of Books, Este País, Cuadernos Hispanoamericanos y La Liebre. Actualmente es candidata a doctora en la Universidad de Princeton. A flor de piel es su primera novela.
Escrito por: Estudio, Librería
A FLOR DE PIEL
La piel es el primer escudo ante lo incontrolable, el umbral de lo que no se ve.
La piel habla y escupe cuando no se puede más con lo que se lleva dentro y todo ese peso contenido supura y hace ronchas, pústulas horribles, granitos, eccemas repentinos y violentos que provocan dolor, desazón, comezón insoportable.
La niña de esta historia nace con una dermatitis que afea su cuerpo y le provoca tal picor que, al principio inconscientemente, sus uñas alivian hasta que la sangre brota y entonces su mamá se asusta y no sabe cómo evitar tanto desastre, tanta preocupación por su hija.
La madre, una mujer recién divorciada, ahogada por el trabajo y una jefa intransigente y malvada, lucha y se desgasta, sin tiempo para cuidar a su hija debidamente, sin ánimo ni dinero suficiente para medicinas y especialistas.
Solo necesitaría un poco de ayuda y un poco de amor, sentirse acompañada sin pedir demasiado, y la botella de tequila que borre por un tiempo cada día todo eso que tanto le pesa.
La hija aprende a sacar cierto rendimiento de su mal, a crear un pequeño reino particular en el que ella, por fin, es protagonista, es mirada y admirada.
Y las dos se cruzan en una convivencia en la que el amor se disuelve en las dificultades, en la necesidad insatisfecha de abrazar y tocar y decir: demasiado silencio, demasiada distancia y demasiada culpa mal entendida.
Un relato incómodo, áspero y cruel, que escuece y molesta como la piel herida y todo lo que oculta.