Tras el éxito de Agujero, Hiroko Oyamada vuelve con una colección de relatos donde lo doméstico se pudre lentamente y la naturaleza parece saber más de nosotros que nosotros mismos.

Una mujer retorna al hogar familiar y acaba atrapada en un ritual ancestral; unas flores rojas ligadas a la muerte invaden un jardín y una genealogía; una salamanquesa adherida a una ventana convierte un embarazo en una experiencia casi alucinatoria; un niño descubre, en un jardín ajeno, un territorio salvaje y secreto. En Jardín, Hiroko Oyamada recoge quince relatos en los que insectos, plantas, perros, ranas, renacuajos, cangrejos o arañas no son simples presencias del mundo natural, sino fuerzas silenciosas que alteran la percepción, erosionan la rutina y abren una puerta a lo inexplicable. Con una prosa precisa, oblicua y adictiva, Oyamada compone un mapa de inquietudes íntimas —la maternidad, el matrimonio, la infancia, el duelo, la presión familiar, la extrañeza del cuerpo— y las somete a una lenta contaminación fantástica. Lo doméstico, lo vegetal y lo animal se entreveran con una naturalidad escalofriante, hasta crear una atmósfera única, delicada y amenazadora. Dueña de un suspense sutil y profundamente japonés, Oyamada convierte cada relato en una grieta por la que se cuela lo insólito.

Algunas de sus mejores obras son:

Agujero

Traducción de Tana Oshima

Casas asoladas por plagas de comadrejas. Pasillos que nos transportan al otro lado, sea este cual sea, como si una victoriana Alicia hubiera ido a caer en el Japón de la tecnología punta. Hiroko Oyamada, con mundos que parecen sacados de un relato de Murakami, de J.G.Ballard o de una película de Hayao Miyazaki, firma un tríptico narrativo traslúcido y literariamente puro sobre la sugerente idea de que el entorno que nos rodea puede anticipar nuestras emociones y hasta nuestro destino.

Al marido de Asa le han ofrecido un nuevo trabajo en una zona remota de Japón, próxima al hogar en que nació. Durante un verano excepcionalmente cálido, la pareja se instala junto a la casa de los suegros, entre el ensordecedor rugido de las cigarras, que todo lo invaden. Mientras su marido se entrega al trabajo, ella comienza a explorar el entorno por su cuenta. Hasta que un día se topa con una extraña criatura que no es un perro ni un mapache ni un ser humano. Asa la sigue hasta el terraplén de un río, entre altos pastos que le llegan por las rodillas, y cae en un agujero que parece haber sido creado para ella, y en el que, en cierto modo, queda atrapada para siempre. ¿Está viendo niños fantasma? ¿Se ha convertido lo sobrenatural en parte de su vida?