Objetos perdidos, de Carlos Zenón

Hay una literatura que va más allá del género; una literatura que aunque se oculte detrás de una etiqueta, no reside en ella. Es el caso de Objetos perdidos, una novela que se podría catalogar como noir, que nos cuenta una historia de perdedores que lo dan todo por perdido; donde no existe la esperanza ni la redención, solo miseria humana y una resignación forzada. Personajes condenados a balancearse al borde del precipicio que se resisten a caer al abismo.

Su autor ha tejido la vida de esos perdedores supervivientes en una Barcelona tan decadente como los habitantes de sus páginas, convirtiendo la ciudad en un personaje más. Una ciudad en la que están condenados a vagar. Un hábitat que puede que los haya convertido en quienes son. O no, son ellos los que se ven arrastrados por las consecuencias de sus actos.

Carlos Zanón, nacido en Barcelona y licenciado en derecho, ganó el Accésit de Poesía de Plaza Janés con apenas veinte años, publicando su primer libro de poemas tres años después. Guionista, dramaturgo, e incluso músico —también ha escrito algunos libros de temática musical— . Después de cosechar varios premios con sus obras poéticas, en dos mil ocho realiza su incursión en el mundo de la novela con Nadie ama a un hombre bueno. Gracias a este formato se proclama como uno de los grandes de la novela negra en nuestro país.

En esta, su quinta novela, nos presenta a Alex Gual, un abogado que malvive en un sórdido hotel, en el cual se le permite habitar gracias a una deuda contraída por el propietario. Alex se mueve bien en los suburbios encontrando personas. Atrapado en una relación con una pintora que tampoco está en su mejor momento, trabaja para Señor Paco, dueño de un bar bautizado como el Dona Summer, desde el cual maneja sus negocios. Es Señor Paco quién cree haber encontrado un buen filón tras la muerte de un joven jugador de rugby australiano y la desaparición de otro inglés, por lo que pide a Alex que averigüe algo sobre el paradero de este último, para así vender información a la agencia de detectives que ha contratado la familia del chico.

Acorralado entre sus adicciones y el agujero negro que ha construido a su alrededor, Alex cree haber encontrado una salida en la figura de Inés, camarera del local de Señor Paco.

Zanón ha creado un protagonista que es todo un perdedor, yendo más allá del tópico de antihéroe, pues Alex no luce ese adjetivo con ni sin prefijo, puesto que no es más que un pobre hombre que se ha dejado arrastrar por la situación. No busca redención, sigue adelante solo por inercia. La figura de Inés es la que podría arrojar un poco de luz al final del túnel, pero ella misma necesita encontrar un fanal para sí misma.

Todo el universo poblado de personajes sin esperanzas construido con una prosa muy cuidada, todo él cubierto por una gruesa pátina de nostalgia y desesperanza. A través de la construcción narrativa, así como las herramientas bien aplicadas, se trasluce al autor curtido en la poesía. Lo que se traduce en una prosa preciosista, esa que es un placer degustar por lo cuidado, donde ninguna palabra ha sido colocada al azar.

La editorial Salamandra, como nos tiene acostumbrados, prima la calidad ante la espectacularidad, y nos acerca esta novela de casi doscientas setenta páginas, que es una joya que hay que degustar como merece.

Como señalo al inicio de este texto, no se trata de una novela negra al uso. Aquí, no es que los acontecimientos no tengan importancia, puesto que la historia y su forma de llegar gustará a los aficionados al género, pero va más allá. Una novela con varias capas que ha de ir descubriendo el lector, que acabará enamorándose de los personajes que la pueblan, y sus miserias.