¿Por qué el malestar de algunos hombres jóvenes encuentra refugio en la extrema derecha actual? Cómo un sentimiento de pérdida, humillación o amenaza encuentra en ella un lenguaje político eficaz.

¿Qué está pasando con algunos hombres jóvenes? ¿Qué tipo de mundo ha hecho posible que cierto malestar masculino se lea como pérdida, humillación o amenaza? ¿Por qué ese sentimiento encuentra en la extrema derecha un lenguaje tan eficaz? AUGE. Género, juventud y extrema derecha nos bri nda un mapa denso del presente, en el que juventud, género, economía y vida digital dejan de ser compartimentos separados y pasan a formar parte de una misma escena.

Alicia Valdés, autora de Política del malestar (Debate, 2024), firma un nuevo ensayo para entender un desplazamiento que ya está reordenando el presente: cómo cierto malestar masculino se transforma hoy en identidad política, en producto de consumo, en promesa de orden y en terreno fértil para la extrema derecha.

Dosier de prensa

Alicia Valdés (politóloga, psicoanalista y doctora en Humanidades), directora de la escuela de pensamiento La·grima y autora de Política del malestar (Debate, 2024), firma un nuevo ensayo para entender un desplazamiento que ya está reordenando el presente: cómo cierto malestar masculino se transforma hoy en identidad política, en producto de consumo y en promesa de orden.

¿Qué está pasando con algunos hombres jóvenes? ¿Qué tipo de mundo ha hecho posible que cierto malestar masculino se lea como pérdida, humillación o amenaza? ¿Por qué ese sentimiento encuentra en la extrema derecha un lenguaje tan eficaz? En Auge, la autora cruza género, juventud, capitalismo y vida digital para desmontar una explicación demasiado cómoda: no estamos ante una simple reacción de chicos jóvenes contra el feminismo, sino ante la crisis de un arquetipo masculino que, al quebrarse en un tiempo de precariedad, dolor e incertidumbre, se convierte en terreno fértil para la extrema derecha.

Auge no habla de “los hombres” ni de “la juventud” como bloques homogéneos, sino del Hombre y del Joven como construcciones sociales: arquetipos que ordenan el mundo y que, aun siendo abstractos, producen efectos concretos sobre la vida común.

La pregunta central que recorre Auge es qué ocurre cuando ese ideal masculino arquetípico, protector, proveedor y procreador, deja de ofrecer estabilidad y empieza a producir dolor, individualismo y resentimiento. Alicia Valdés no discute el ascenso de la extrema derecha como si fuera un fenómeno desconectado de la vida diaria, sino como el resultado de una trama donde se cruzan precariedad, crisis de sentido, masculinidades heridas, miedo al desorden y espacios digitales que convierten el malestar en comunidad, diagnóstico y mercancía.

EL FALSO CULPABLE

Valdés detecta una respuesta demasiado rápida: culpar a los hombres jóvenes y a las feministas, convirtiéndolos en antagonistas perfectos dentro de una fábula reaccionaria. El libro no niega que existan datos que invitan a mirar la relación entre género, edad y voto ultraderechista; lo que cuestiona es el salto apresurado entre el dato y su lectura interesada. Su apuesta es separar ambas cosas para entender qué deseos, identificaciones y afectos vuelven políticamente legible ese malestar.

En paralelo, el ensayo discute el “yo no he sido” adultocéntrico: el alivio moral con el que parte del mundo adulto se aparta del problema como si no hubiera contribuido a fabricar el presente que ahora condena.

LA JUVENTUD COMO INTEMPERIE

Uno de los movimientos más potentes del libro es redefinir la juventud como condición material : se prolonga no por una “inmadurez” esencial, sino porque se alargan las condiciones que impiden vivir como adulto. Trabajo inestable, precariedad crónica, dificultad de emancipación y, sobre todo, crisis habitacional convierten la juventud en una intemperie económica.

Auge mira también la adolescencia como un territorio atravesado por presiones específicas: crisis sucesivas, socialización digital, hiperexposición, filtros, imposibilidad de olvidar, incertidumbre climática y ausencia de horizonte. Cuando ese dolor se minimiza, la búsqueda de sentido se desplaza hacia espacios regidos por algoritmos e intereses comerciales que ofrecen diagnósticos inmediatos —y, a veces, salidas reaccionarias.

LA NECESIDAD DE ORDEN

El libro plantea que, en un tiempo percibido como caótico, la promesa de una identidad sólida se vuelve seductora. Y sitúa el binarismo de género como uno de los viejos anclajes de seguridad: su resquebrajamiento (por el avance de marcos feministas, queer y transfeministas) abre posibilidades emancipatorias, pero también descoloca a parte de la subjetividad masculina tradicional. El resultado, en algunos casos, es una política del orden: nostalgia de jerarquía, restauración y hostilidad hacia todo lo que se salga del molde.

LA ECONOMÍA DEL AGRAVIO

Valdés examina cómo recesión, inflación, crisis de vivienda e inseguridad material se convierten en agravio masculino : una percepción moldeada por afectos (miedo, ira, resentimiento) que facilita la búsqueda de culpables inmediatos. Frente a la tesis de que la igualdad “ha ido demasiado lejos”, el ensayo plantea una corrección decisiva: lo que muchos leen como pérdida de derechos suele ser la erosión de privilegios en un sistema que integra o descarta sujetos según su rentabilidad. La herida no proviene del avance de las mujeres, sino de un orden económico que precariza y luego ofrece chivos expiatorios.

LA FÁBRICA DIGITAL DEL RESENTIMIENTO

Si la crisis material prepara el terreno, internet aparece como una gran fábrica contemporánea de identidades reaccionarias: plataformas, algoritmos, dueños e intereses que modulan qué se ve y qué se monetiza. En ese ecosistema se forma la machosfera, un espacio que convierte el desorden del mundo en teoría total de la humillación masculina. Y, más allá de sus subculturas, el libro describe la expansión de una manocultura capaz de infiltrarse en contenidos de gimnasio, gaming o coaching, monetizando la soledad, la inseguridad y el resentimiento.

LA SALIDA POR LO COMÚN

Auge evita tanto el fatalismo como la ilusión de una solución simple: insiste en que el pensamiento crítico solo vale si genera movimiento. Entre sus apuestas finales: redistribuir responsabilidades (no cargar el problema sobre adolescentes), no legitimar marcos reaccionarios y, sobre todo, construir espacios donde sea posible elaborar masculinidades alternativas y deseables sin convertir el malestar en odio. La salida, propone, pasa por recomponer vínculos y volver a lo comunitario: disputar el terreno afectivo y político que hoy la extrema derecha explota como promesa de orden.

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LA AUTORA


ALICIA VALDÉS (1992) es politóloga, psicoanalista y doctora en Humanidades. Dirige la escuela de pensamiento La·grima y es autora de Política del malestar (Debate, 2024). Su trabajo aborda el análisis político crítico desde el cruce entre psicoanálisis y filosofía política, con especial atención a los afectos, el deseo, los marcos discursivos de la extrema derecha y las condiciones materiales que modelan la vida contemporánea.