
| A lo largo de la historia han existido etapas muy oscuras. De las más, el ascenso de Hitler al poder y sus consecuencias para el mundo. La más indignante, la muerte de seis millones de personas solo por pertenecer a diferente etnia o religión. Puede ser la atrocidad más destacable, pero no la única, también dentro de nuestras fronteras se sufrieron sus crímenes. Otra etapa sombría, más reciente, sufrida también en nuestro país, fue cuando gente inocente era asesinada sin razón. Personas que no sabían si la próxima vez que salieran a la calle sería la última. Personas que tenían que mirar los bajos de sus coches por si les habían colocado una bomba. Personas coaccionadas por un grupo que reivindicaba esas muertes como actos de libertad ante sus ideales. Afortunadamente, esa banda formada por asesinos ya no existe. Lo que sigue existiendo es todo el daño y dolor que infligieron tanto a sus víctimas como a los familiares de estas. Personas que siguen adelante cuando muchos tenían que soportar a diario ver a los asesinos que les truncaron la vida, sin poder cicatrizar sus heridas. El periodista, y escritor, Daniel Ramírez, enlaza de forma brillante ambas situaciones en Los días que no existieron. Julia, periodista, debe enfrentarse a los recuerdos y secuelas tras la pérdida de su abuelo de forma violenta. Al mismo tiempo, en su faceta profesional, se ha de enfrentar al máximo reto que la casualidad ha situado ante ella. Sus fantasmas personales se aliarán a los de Ramón, un anciano librero, que al igual que ella, es incapaz de enterrar los hechos del pasado que marcaron su vida. Daniel, como he señalado arriba, es un periodista con una gran trayectoria a sus espaldas. Nacido en Pamplona y residente en Madrid, trabaja en Onda Cero junto al también periodista, Carlos Alcina y como redactor jefe de El Español, así como analista en Antena 3 y La Sexta. Entre sus múltiples premios, se encuentra el Premio Nacional de Periodismo Francisco Valdés y ha sido nombrado como el periodista más completo por sus entrevistas y reportajes. En su bibliografía podemos encontrar, aparte del género de novela, no ficción y poemarios. Un escritor prolífico que ahora nos deleita con esta última novela en la que remarca que las heridas del pasado pueden ser una losa que impiden vivir de forma plena el presente. Julia vive constantemente asediada por el recuerdo del asesinato de su abuelo y las circunstancias que lo envolvieron. Ella es periodista de un conocido periódico, el cual está inmerso en una investigación de corrupción que puede remover los cimientos al propio gobierno. Un día, entra en una librería de viejo casi por casualidad, donde su propietario la involucrará en sus propias tribulaciones, ya que al igual que Julia, el pasado lo atormenta impidiéndole mirar hacia adelante. Ella se sentirá atraída por el misterio que encierra el librero, al que le une la muerte violenta de un familiar. Puede que entre los dos hallen el modo de enfrentarse a sus miedos y acabar con la situación que los embarga. En esta novela, el autor rinde homenaje a aquellas personas que sufrieron por culpa de la banda terroristas ETA, entre ellas su propio abuelo, a la vez que nos trae a la memoria hechos terribles en los que personas inocentes sufrieron los estragos de los nazis, con los que ni tan siquiera sabían que estaban en guerra. Con una narrativa íntima, Ramírez nos transmite una entretenida historia en la que se dan la mano tres generaciones cuyos traumas une a los protagonistas. Nos traslada a épocas pretéritas de manera hábil, sin tener que acudir al manido flashback. Porque Daniel tiene la habilidad de trasladarnos en el tiempo desde un relato narrado en presente, sin necesidad de artificios, viajando al pasado a través de la memoria de los personajes y sus diálogos. Unos personajes tridimensionales, que muestran vulnerabilidad y defectos acentuando la humanidad de estos. Alguno nos parecerá muy inhumano, pero gracias a la habilidad del autor, nos transmitirá de forma clara su punto de vista, el cual no compartimos pero podremos comprender. Cada uno es él y sus circunstancias. Juzgar desde la distancia es fácil, pero ejercer la empatía con quien no estamos de acuerdo es muy difícil. Una novela histórica que transcurre en el presente, repleta de humanidad, pero sobre todo de buena literatura. |