Manuel Vilas presenta ISLANDIA, una historia de amor desde su final. Aquí no hay San Valentín. 

«Las cosas verdaderamente importantes que ocurren en nuestras vidas suelen ser inenarrables. Por eso Islandia es una novela.» MV

MANUEL VILAS

NOTA DE AUTOR

Islandia nace del mismo lugar profundo desde el que escribí Ordesa. Entonces os hablé del duelo por la pérdida de mis padres; ahora os hablo de otro duelo universal: el final de un amor que ha marcado una vida. Si Ordesa emocionó a tantos lectores fue gracias a vosotros, que supisteis ver en aquella novela una verdad humana que necesitaba ser compartida. En Islandia vuelvo a esa verdad, con la misma desnudez, con la misma voluntad de llegar al alma de quien lo lea.

Islandia cuenta la historia de un amor que se rompe. Es un texto autobiográfico y también una novela: el relato de dos personas que, tras años de vida compartida, comprenden que el amor ha cambiado de forma. Ese viaje —un viaje real por Islandia y un viaje interior— narra la despedida, el desgarro y también la luz que llega después.

Porque Islandia no es solo la crónica de una ruptura, es también la aparición de un país nuevo, un territorio que nace cuando dos seres que se quisieron mucho descubren que pueden reconocerse de otra manera. Allí donde termina el amor de pareja, brota una amistad profunda. Esa metamorfosis —ese paso del adiós a la esperanza— es el corazón del libro.

Cuando escribía estas páginas pensaba en todas las personas que han vivido una separación amorosa y han tenido que reconstruirse. Igual que con Ordesa, deseo que quien lea Islandia sienta que no está solo en ese tránsito. Que las palabras pueden ser un lugar donde apoyarse. Que la literatura a veces ilumina lo que en la vida real resulta indecible. Esto es lo que he querido hacer.

Por eso os pido vuestra complicidad una vez más. Me gustaría que leyerais Islandia desde el corazón y, si algo en ella os habla, la acompañéis hacia vuestros lectores.

Un abrazo,

Manuel Vilas

ISLANDIA LA NOVELA  «Ya no estoy enamorada de ti.»

Con esta frase, Ada acabó nuestra relación de más de once años de manera inesperada. Enseguida, enseguida contaré mi dolor, mi angustia, o tal vez mi desgarramiento, todo viene mezclado en este misterio de vivir. ¿Cómo he podido fracasar tanto en el amor?Me enfrento, con sesenta y dos años, a la segunda gran ruptura amorosa de mi vida. Creía que no habría ya más fracasos, que el haber fracasado con mi primer matrimonio era ya suficiente en ese comercio de alegría y tormento que un ser humano mantiene con la vida. ¿Pero una ruptura amorosa es un fracaso? Más bien lo que yo temo es quedar a la intemperie. ¿Qué intemperie? No volver a ser amado por nadie, eso es lo que yo temo. Por eso el matrimonio triunfa, es como una garantía de eficacia para toda la vida. Si alguien me asesinara ahora mismo, me haría el mayor favor que puedo concebir, pues dejaría de sentir a la blanca nadadora de la pena sembrando almendras amargas en las falanges de mis pies, que ya no quieren caminar.¿Nos acabaremos odiando o seguiremos amándonos como amigos? ¿Nos habremos querido alguna vez en estos últimos once años? ¿Se aman alguna vez los seres humanos que dicen que se amaron una vez? 

Por eso estoy escribiendo este libro, por esa horrible pregunta.Le digo a Ada que estoy escribiendo una novela sobre nuestra ruptura. Le digo que en realidad es una novela sobre ella. Y le parece bien. «¿Y si sales mal en la novela?», la interrogo. Se ríe. «¿Pero qué cuentas en ella?», pregunta. «Todo», contesto. «¿Te gusta lo que estás escribiendo?» «Sí», le contesto. «Eso es lo más importante —dice—, ahora tendrás un buen libro, ojalá te forres.» Y lo dice en serio, quiere que venda miles y miles de ejemplares. Estamos de acuerdo en posponer la noticia. La noticia es el acto público de nuestra separación. Le digo a Ada que quiero que haya estilo en ese acto. «Explícamelo», me pide. «¿En qué estás pensando?», me pregunta. Se lo digo: que el acto social de nuestra separación no salga de nuestra boca sino de las páginas de esta novela, me parece hermoso hacerlo así. Ada acepta. A Ada y a mí nos pareció hermoso que nuestro adiós se encarnara en una novela. Que el mundo se enterase de que ya no somos marido y mujer por una novela, porque todas las novelas de este mundo hablan de amor.

 Nos pareció un acto de belleza que el adiós se convirtiera en un libro, y el libro en un altar.Amy Winehouse suena en mi cabeza. Es Back to Black

Bienvenidos a Islandia.Este libro solo narra cosas. Puede que incluso no haya nada que reprochar sino más bien aplaudir la valentía de Ada, su fidelidad a una revelación, a una verdad surgida con fuerza imparable. Escribo todo esto para dentro de veinte años, para cuando tenga ochenta y tres años, si llego, y quiera recordarlo todo. Para que no me olvide de que hubo un matrimonio en mi vida que duró once años. La memoria es la reina de la belleza de nuestras vidas. Si viví con ella estos once años fue para poder recordarlos dentro de otros once años, cuando ya estén listos para ser comprendidos y aceptados.

Por eso estoy escribiendo este libro, porque he tenido la suerte de conocer en esta vida a una mujer como ella, una mujer que cree en el amor, y lo hace de verdad. Por eso la adoraré siempre y la voy a echar terriblemente de menos, porque ella fue la gran alegría de mi vida. Ya nadie cree en el amor, salvo ella
Lo único que puedo hacer es escribir este libro. Porque si no escribo este libro, entonces, ¿qué hago yo en la vida si lo he perdido todo, si la he perdido a ella? Solo me queda la construcción de esta capilla de oración, esta capilla de palabras que en la realidad aparece en forma de
obligación de escritor es decir lo que pasa, con eso cumplo con este viejo oficio que ha sido el mío, y lo sigue siendo. Lo que yo creo que pasa, ni siquiera lo que pasa. La objetividad es un delirio más de la política y del poder.

Ni vivir ni morir, solo escribir, allí es donde estoy, orando en esta pequeña iglesia de palabras, pidiendo que Ada y yo sigamos vivos, que el amor que nos tuvimos no se muera nunca, allí, rezando, solo y de duelo.
Este es un libro sobre el olvido, sobre cómo vamos a olvidar todo cuanto supimos o pudimos vivir. No es un libro sobre esa mujer que tanto me amargó o me amó o lo que sea que pasó, o sobre mí mismo, aquí busco el tiempo, que es lo que nos hace enloquecer: el tiempo.

Escribo esto para que no se pierdan los años vividos. Es una lucha contra el vacío.