
| Siempre se ha dicho que hacer reír es más difícil que hacer llorar. Cosa que es verdad. No me quiero ni imaginar la sensación de ponerte delante de decenas, cientos o miles de personas tratando de arrancarles una carcajada. Tiene que ser de las experiencias más aterradoras que deben existir. Ya es complicado prepararte un número cómico, imaginaos tener que hacerlo a diario, y no me refiero a la actuación, sino enfrentarte cada día a plasmar en una hoja en blanco un tema y desarrollarlo para hacer reír día tras día, no repetir el mismo, sino innovar cada día. No solo debe ser difícil, también agotador, por mucho que te bases en tus propias experiencias diarias. Pero hay personas que nacen con un talento especial, porque eso debe ser innato. No es lo mismo soltar alguna gracia y hacer reír a aquellos que están alrededor. Hablo de crear de la nada algo para que no dejen de reír extraños en varios minutos. Eso no creo que se estudie en ningún sitio. Alex Clavero es de esos pocos elegidos, un privilegiado al que la naturaleza le otorgó el poder de hacer felices a los demás. Lo lleva demostrando hace ya muchos años a diario a través de las ondas, en el programa que El Pirata conduce en Rock FM. Ahora Alex ha publicado un libro a través del cual, los que lo admiramos, lo sentiremos más cercano, porque se trata de un libro donde no solo plasma sus monólogos, aprovechando que ya tiene en su haber tropecientos mil. Este libro es algo más que eso. Este libro es donde Alex se abre. Una presentación de la persona detrás de esa sempiterna sonrisa tras la que se oculta. Claro que las páginas de este trabajo están repletas de monólogos, pero Alex se desgrana intercalando reflexiones y vivencias, su vida. Hijo de agricultores, nació en un pequeño pueblo avilés que hoy forma parte de esa España vaciada. Imaginad lo que es decirle a tu padre, tras haberte sacado dos carreras gracias a su sacrificio, que tu vocación es ser humorista. Después de realizar sus pinitos en la radio, concretamente en Melodia FM, junto a Nuria Roca, llegó a ser guionista y colaborador del programa de Antena tres El Hormiguero. Aparte de tener su sección junto a El Pirata, es conductor de El Garito, también en Rockfm. Todo esto combinado con la actuación, porque sigue monologueando sobre los escenarios. En este libro, en el que el propio Pirata realiza un emotivo prólogo, Alex va profundizando, entre monólogo y monólogo, no solo lo que ha sido su vida, también lo que es la vida en general. Comienza por una anécdota muy divertida que transcurre en Camboya, durante su luna de miel, en la cual recibió el mensaje de que podía ser el próximo Francotirarock de Rockfm. A continuación podemos leer —y oír, gracias a la magia de internet— uno de sus primeras historias. Intercalando monólogos, Alex muestra cómo fue su infancia, su paso por un internado, sus estudios universitarios… a la vez que realiza reflexiones como por ejemplo dónde está el límite del humor, lo que es enfrentarse al folio en blanco, cuales fueron sus influencias, así como alguna anécdota personal. Todo ello, cómo no, aderezado por su particular sentido del humor, porque cuando alguien tiene ese talento, le aflora por los poros y es imposible contenerlo. Como amante de la buena música, cada capítulo lo encabeza con una pequeña reflexión en la cual indica qué música está oyendo y el lugar donde se encuentra a la hora de escribir las siguientes líneas. Al final de cada monólogo incluye un código QR a través del cual podremos oír/ver algún otro monólogo relacionado con el que acabamos de leer, convirtiendo el libro en una experiencia interactiva con la que seguir disfrutando incluso con sus páginas cerradas. Este pequeño libro no solo nos hará reír —y os aseguro que os reiréis tanto que los que os rodeen os miraran raro— también os emocionará, porque muchos de los recuerdos del autor son recuerdos colectivos, con los que nos sentiremos identificados. Un libro que merece la pena leer —y releer— porque es de agradecer que nos arranquen una sonrisa, más en estos tiempos que nos toca vivir, por lo que hay que agradecer a todos eso cómicos que cada día se esfuerzan en hacernos olvidar por unos minutos lo que nos rodea, que para estar serios la propia realidad ya es suficiente. |