Persiguiendo el rock & roll, de Pablo Sánchez García.

Pablo Sánchez es un escritor nobel que ha tenido la suerte de encontrarse con las responsables de la editorial Hilatura. Digo suerte porque hoy día luchar por la publicación es luchar en una jungla. Prima más el ser conocido, tener miles de seguidores en redes sociales o sacar los cuartos al escritor ilusionado, antes que la calidad de lo escrito. Pero, como otras veces he señalado al reseñar alguna novela de este sello, Hilatura no es una de esas imprentas encubiertas que solo buscan sacar tajada de la ilusión. No, ellas buscan historias dignas de ser contadas, a las que tratan con cariño hasta darles forma de libro.

La primera novela de Pablo Sánchez es una de esas historias que han sido mimadas para terminar siendo un libro que narra algo cotidiano que se convierte en extraordinario.

Este ingeniero almeriense, aficionado al atletismo y amante de la música, ha plasmado la historia de un joven estudiante que vive entre su pueblo y la capital, en la que cursa sus estudios de ingeniería a trancas y barrancas.

Rodeado de amigos, el nihilismo que rige su vida provoca que pase por ella a empujones. Entre ir aprobando alguna asignatura, sin prisas, parar lo justo en casa para lidiar con la resaca hasta la próxima borrachera y encuentro sexual esporádico.

Cuando su amigo Moha le cuenta preocupado un problema que lo supera, reacciona y decide ayudarlo, dentro de lo posible. Lo acompaña a transportar alguna carga ilegal, para así, de esta forma, poder pagando la deuda que ha contraído. Será lo que trace un objetivo al protagonista, sacándolo de su cómoda rutina.

Lo destacable de esta historia no es lo que cuenta, es cómo Pablo nos lo cuenta. Puede que la historia a través de una narrativa más sencilla, ni tan siquiera nos interesaría. Incluso es difícil empatizar con el protagonista, una suerte de Holden Caulfield de clase media, que usando un lenguaje ampuloso llama nuestra atención. Un estilo que a veces resulta demasiado complejo como para no tener que releer el último párrafo, y que otras veces nos atrapa con una prosa que se torna poética, sobre todo en las reflexiones que el protagonista realiza a lo largo de la trama. En esas que analiza ese entorno del que reniega pero que a la vez lo cautiva, convirtiendo los escenarios en personajes de la propia historia.

El autor utiliza este sencillo argumento para exorcizar la frustración y el hastío por una tierra de la que no se siente orgulloso, pero que la siente suya, sin quedarle más remedio que, no quererla, pero sí tolerarla. Igual que al hermano con el que la convivencia es un conflicto constante, pero la sangre, como se suele decir, es más espesa que el agua.

Pablo Sánchez nos deja una historia que parece sencilla en un principio, pero que encierra un universo inabarcable de sentimientos y sensaciones. Conflictos en ese siempre difícil camino que conduce a ser adulto al que no queremos llegar, aferrándonos a la juventud de la que irremediablemente nos vemos arrancados queramos o no.