
A veces basta con que alguien imite una voz solemne para que se venga abajo toda su autoridad. Una pausa, un gesto exagerado, una pregunta que parece ingenua. Dario Fo sabía lo que podía ocurrir en ese instante: el público dejaba de mirar al poderoso desde abajo. Y empezaba a reír. Su teatro creció alrededor de esa posibilidad, tan antigua como los juglares y tan vigente como la última noticia.
El 13 de octubre de 2026 se cumplen diez años de su muerte, ocurrida en Milán en 2016. Dramaturgo, actor, director y Premio Nobel de Literatura en 1997, Fo construyó una obra que se entiende mejor si imaginamos cuerpos y voces en movimiento. También si recordamos a Franca Rame, actriz, autora y colaboradora decisiva, con quien compartió compañías, creación y compromiso. La biografía de la Fundación Nobel recorre su trayectoria.

El hombre que encontraba un escenario en cualquier parte
Leer teatro tiene algo de juego compartido. El libro propone unas palabras y nosotros ponemos una cara, un tono, un silencio. En Fo, esa participación es especialmente importante. Sus personajes cambian de máscara, se contradicen, exageran una explicación hasta volverla absurda. La comedia avanza deprisa, pero detrás de la velocidad hay una pregunta que permanece.
Su relación con la tradición popular no era una visita respetuosa a un museo. Le interesaban los recursos que permiten a un narrador mantener viva la atención de los demás: el ritmo, la repetición, la sorpresa, la capacidad de transformarse delante de los ojos del público. El escenario podía ser una sala convencional, pero también un espacio de encuentro donde la discusión continuara después de los aplausos.
La Academia Sueca reconoció precisamente esa relación entre la tradición de los bufones y la crítica de la autoridad. El Nobel ayudó a situar en el centro de la literatura una escritura que no se separa de la representación. Las palabras de Fo están hechas para pasar por la respiración, por el gesto y por la respuesta de quienes escuchan. Información del premio de 1997.
Y, sin embargo, sus libros funcionan también a solas. Quien abre una de sus piezas puede descubrir con qué facilidad una explicación oficial se enreda cuando alguien pide que se la repitan. O cómo una situación doméstica aparentemente disparatada acaba mostrando algo muy serio sobre el dinero, la obediencia o el reparto de las responsabilidades.
Franca Rame, una presencia imprescindible
La historia de este teatro necesita dos nombres. Rame aportó experiencia escénica, interpretación, escritura y una perspectiva propia, especialmente importante en el tratamiento de la vida de las mujeres. Presentarla únicamente como la esposa de Fo dejaría fuera una parte fundamental del trabajo.
Las ediciones permiten ver esa colaboración de distintas maneras. ¡Aquí no paga nadie!aparece en Algar con ambos nombres; el Nuevo manual mínimo del actor, publicado por Pepitas, también reconoce la autoría compartida. Conviene tenerlo presente incluso al leer las obras que circulan habitualmente bajo el nombre de Fo: la práctica teatral se alimentaba de un diálogo mucho más amplio que la imagen del escritor trabajando solo. La edición de Pepitas explica esa trayectoria conjunta.
Cuatro frases para escuchar su voz
La frase que encabeza este artículo y las tres que siguen fueron recogidas por El Español al conocerse su muerte. Son fragmentos breves de sus declaraciones, no parlamentos que atribuyamos a una comedia concreta. Selección publicada el 13 de octubre de 2016.
«El poder no soporta el humor». Hay formas de autoridad que necesitan que nadie se ría de ellas. Fo conocía la fuerza de una carcajada capaz de interrumpir esa distancia y dejar al descubierto una contradicción.
«Me gusta cultivar la duda». El tono categórico del satírico no impide reconocer aquí una actitud de interrogación. La duda obliga a volver a mirar, incluso cuando una respuesta parece cómoda o compartida por todos.
«Necesitamos urgentemente locos». La provocación encaja con la importancia del personaje que se sale del papel asignado. En sus comedias, quien parece menos dispuesto a comportarse con normalidad puede ser quien mejor detecte lo que los demás prefieren callar.
Cinco lecturas para entrar en el universo de Dario Fo
Estas propuestas reúnen teatro, reflexión sobre el oficio y memoria. En las piezas indicamos la fecha de su primera puesta en escena; las portadas corresponden a ediciones españolas posteriores. No hace falta empezar por el texto más famoso: quien disfrute de escuchar historias puede sentirse en casa antes con la autobiografía.

1. Misterio bufo
Autor: Dario Fo. Primera representación: 1969. Género: teatro. Edición mostrada: Misterio bufo y otras comedias, Siruela, traducción de Carla Matteini.
Fo recupera la energía de la narración popular para volver del revés historias, jerarquías y formas de solemnidad. La voz del juglar permite cambiar de personaje, alterar la perspectiva y acercar lo que parecía lejano. Lo sagrado, lo cotidiano y lo grotesco se encuentran en un teatro que depende tanto de las palabras como del modo de decirlas. La edición de la portada reúne esta obra junto con otras comedias: no es un volumen dedicado únicamente a Misterio bufo.
Por qué leerlo: porque permite reconocer el corazón de su imaginación escénica y su manera de recuperar una tradición para discutir el presente. Para quién: lectores curiosos por el teatro oral, la sátira y los relatos que cambian de sentido según quién los cuenta.
Consultar Misterio bufo y otras comedias.

2. Muerte accidental de un anarquista
Autor: Dario Fo. Primer estreno: 1970. Género: comedia política. Edición de referencia: Pepitas de Calabaza.
Un personaje que adopta identidades ajenas entra en una comisaría y somete a examen las explicaciones sobre una muerte. La obra está ligada al caso de Giuseppe Pinelli, fallecido en 1969 tras caer desde una dependencia policial de Milán, y juega también con un antecedente ocurrido en Nueva York. Lo esencial es el mecanismo teatral: cuanto más intentan ordenar su versión los representantes de la autoridad, más visibles se vuelven sus grietas.
Por qué leerlo: por la precisión con la que convierte la contradicción en materia cómica sin borrar la gravedad de lo sucedido. Para quién: quienes disfrutan de los diálogos rápidos, las identidades fingidas y el teatro que pone a prueba los relatos del poder.
Consultar Muerte accidental de un anarquista.

3. ¡Aquí no paga nadie!
Autores: Dario Fo y Franca Rame, según la edición de Algar. Estreno de la obra original: 1974. Género: farsa social. Traducción de la edición: Mónica Zavala Matteini.
La subida de los precios desencadena una protesta en un supermercado. Después llegan las bolsas que hay que esconder, las explicaciones precipitadas y los enredos entre personajes que intentan salir del paso. El hambre y las dificultades económicas entran en la casa, mientras la comedia obliga a preguntarse qué significa comportarse correctamente cuando la vida cotidiana se ha vuelto insostenible. La perspectiva de las mujeres sostiene buena parte de la acción.
Por qué leerlo: por su capacidad para llevar un conflicto económico al terreno cercano de la compra, la pareja y la supervivencia diaria. Para quién: lectores que busquen una comedia ágil y accesible, con situaciones disparatadas y una preocupación social reconocible.
Consultar ¡Aquí no paga nadie!.

4. Manual mínimo del actor
Autor: Dario Fo. Primera publicación: 1987. Género: ensayo y práctica teatral. Portada mostrada: edición de El Milagro.
El título invita a pensar en un pequeño recetario, pero el interés del libro está en la experiencia que reúne. Fo habla de cómo se construye una presencia escénica, del valor del gesto y de los recursos de la comedia popular. La lectura permite mirar de otra manera el trabajo del intérprete: una entrada, una respiración o un cambio de ritmo pueden modificar por completo una escena. No hay que querer ser actor para disfrutar de ese descubrimiento.
Por qué leerlo: porque abre la puerta al taller del teatro y ayuda a entender qué sucede entre un texto y su representación. Para quién: actores, docentes, narradores orales y espectadores a quienes les gusta saber cómo está hecho lo que les emociona.
Consultar Manual mínimo del actor.

5. El país de los cuentacuentos
Autor: Dario Fo. Primera publicación italiana: 2002. Género: memoria autobiográfica. Edición española: Seix Barral.
Fo vuelve al mundo de su infancia, cerca del lago Mayor, y a los personajes que lo poblaron. El recuerdo permite entender la importancia de los relatos escuchados, de las voces que daban forma a una comunidad y de la imaginación que puede crecer alrededor de una conversación. El título español es El país de los cuentacuentos; algunas referencias antiguas traducen literalmente el italiano como El país de los murciélagos. Se trata del mismo origen autobiográfico, no de dos libros diferentes.
Por qué leerlo: para acercarse al narrador que hay detrás del dramaturgo y descubrir de dónde procede su gusto por contar. Para quién: quienes prefieran empezar por una historia de vida y disfruten de la memoria cuando conserva el pulso de la narración oral.
Consultar El país de los cuentacuentos.
Una carcajada que no termina al cerrar el libro
Recordar a Dario Fo diez años después de su muerte puede empezar de una manera sencilla: leyendo una escena en voz alta. Dejando que una frase tropiece con otra, que un personaje se contradiga, que el silencio haga su parte. Quizá nos riamos antes de entender del todo qué nos inquieta. Su teatro confiaba mucho en ese instante. La risa abre una puerta; lo que hacemos después de atravesarla también nos corresponde a nosotros.