«Si Gaudí hubiera tenido una vida más fácil, tal vez no se hubiese convertido en leyenda.» Gaudí. El soñador de Barcelona, de Max Vento

Siempre que hablo de cómics —o novelas gráficas, como se les denomina ahora— me gusta hacer hincapié en la calidad de los autores españoles dentro del medio.

Tal vez, al no ser un arte tan mediático como la novela, sus autores pasan más desapercibidos. Solo hay que ver que en Francia, el noveno arte es más, no sé si decir respetado, pero sí más popular que dentro de nuestras fronteras, lo que es una pena, puesto que grandes profesionales, de los que podemos presumir, tienen que trabajar en el país vecino, no solo por que su esfuerzo es más valorado, también porque se les paga mejor.

No creo que sea porque las editoriales francas valoren más a sus creadores, puesto que en España existen también reputadas editoriales que respaldan a nuestros artistas, pero puede que el público galo reconozca que una novela gráfica se merece lo que se paga por ella, por el gran trabajo que lleva detrás y los gastos que conlleva, pues unas ilustraciones de calidad es mucho más caro de reproducir que las palabras en una imprenta.

Max Vento es uno de esos artistas de los que debemos presumir. Nacido en Valencia y afincado en Barcelona, estudió Bellas Artes, y desde entonces no ha parado de darle al pincel. Ha publicado varias novelas gráficas, entre las que se encuentran Monólogo de mi vida desastrosa, Noches de citas, Comedia en un acto, todas con grandes editoriales del medio: Dolmen, Norma, Panini… o Bruguera, en Gaudí. El soñador de Barcelona.

Gracias a su trabajo ha sido nominado a los mayores galardones del medio como a «Mejor Autor Revelación» en el Salón del cómic de Barcelona, «Mejor Obra Nacional» en el Expocomic de Madrid, y «Mejor Guion» en los Premios de la Crítica. Ha publicado en Francia y México. Ha impartido clases de arte y talleres de cómic en España y durante siete años en Estados Unidos.

Esta vez vuelca su talento, tanto a la hora de escribir como de dibujar, en la biografía del arquitecto más emblemático, Antoni Gaudí.

Trás un prólogo, donde se nos muestra el trágico final del arquitecto, Max nos presenta a un Gaudí niño en el taller de su padre, calderero, cuyo trabajo marcaría la trayectoria del joven, fijándose desde tan temprana edad, como la maleabilidad de los materiales permitía crear formas increíbles a partir de un trozo de metal.

A través de las viñetas descubriremos una vida triste y consagrada a su profesión, lo que permitió que llegara a ser el gran artista que fue, pasando a los anales de la historia como el arquitecto de las formas imposible. Conoceremos los vericuetos de sus obras más emblemáticas, a las personas que lo rodearon, y a su mecenas, hasta llegar al proyecto de su vida, la Basílica de la Sagrada Familia, que llegó a obsesionarle hasta marcar el final de sus días.

Partiendo de la asombrosa portada, donde podemos admirar la fachada de la famosa catedral, adivinamos el talento de Vento, porque en lo que parece un sencillo dibujo, se esconde una gran labor donde cuida hasta el más mínimo detalle.

Con un trazo clásico, vamos avanzando en los hechos más destacables de Gaudí, cuyas coloridas viñetas reflejan los estados de ánimo de quienes las protagonizan. Las calles de una Barcelona decimonónica se convierten también en personaje, cuidando el autor cada detalle con trazos bien definidos, y obviando estos cuando la escena requiere atención, sin distracciones, como si fuesen las mismas emociones las que se encarnan en las ilustraciones

El pincel de Max produce un dibujo bonito, que gusta mirar y observar minuciosamente, nada queda al boceto, todo importa y trasciende.

Destacar también la labor del ilustrador como guionista, pues la historia es concisa y acertada con una biografía que no deja escapar nada sin hacerla pesada. Un equilibrio donde nada falta y nada sobra.

La historia de una vida triste con final trágico, pero que nos hace reflexionar en si Gaudí hubiera tenido una vida más fácil, tal vez no se hubiese convertido en leyenda.