“La fantasía habla con mucha más libertad de nosotros mismos” Entrevista con el escritor Sebâstian Fazio

¿Qué pasaría si las leyes de la física teórica moderna fueran el motor de un sistema de magia en un mundo medieval crudo y asfixiante? Antes del Fuego, la obra cumbre del escritor argentino Sebâstian Fazio, se posiciona como una de las propuestas de fantasía grimdark y hard fantasy más originales de la última década.

Sebâstian Fazio (Olavarría, Buenos Aires, Argentina, 1984) presenta a consideración de los lectores españoles su universo fantástico Edrenor, un proyecto literario que comenzó a construir hace más de trece años y que con el tiempo se convirtió en su “proyecto de vida”, como el autor lo define. Antes del fuego es la primera novela de esta saga que llega a nuestro país, una historia que se mueve entre lo coral y lo intimista. Aquí los grandes acontecimientos pasan por los detalles de los individuos. El lector poco a poco se irá adentrando en los códigos de un mundo creado al completo, pues el objetivo de Fazio es que Edrenor sea una experiencia, una fuerza que siga viva en la memoria del lector más allá de los libros. 

Por: Óscar Vegas.

Pregunta: – Cuéntanos sobre el universo fantástico que has creado bajo el nombre de Edrenor. Lo defines como tu proyecto de vida. 

Respuesta: – Edrenor es un universo que llevo construyendo desde hace más de trece años y, aunque nació de la literatura, hace mucho tiempo dejó de ser solamente una historia. Tiene pueblos, religiones, sistemas políticos, lenguas, calendarios, mitologías, conflictos históricos, ciencia, formas de entender el poder y hasta diferentes maneras de interpretar la realidad. Muchas de esas cosas quizá nunca aparezcan de manera explícita en una novela, pero necesito saber que existen. Para mí, un mundo comienza a sentirse verdadero cuando continúa existiendo más allá de lo que el lector alcanza a ver.

Lo llamo mi proyecto de vida porque no imagino Edrenor como una saga que un día simplemente voy a terminar y guardar en una biblioteca. Hay muchísimas historias dentro de este universo, algunas separadas por miles de años, otras que observan los mismos acontecimientos desde lugares completamente diferentes. Mi intención es que cada libro amplíe la percepción que el lector tiene del mundo y, en ocasiones, incluso lo obligue a reconsiderar cosas que creía haber comprendido.

Pero por encima de toda esa construcción hay algo que para mí es mucho más importante: los personajes. Edrenor puede tener una cosmología enorme, guerras, sistemas de poder y miles de años de historia, pero todo eso carecería de valor si el lector no se preocupara por la persona que está caminando bajo la lluvia, tiene miedo, ama a alguien o está a punto de tomar una decisión equivocada. El mundo es enorme, pero la historia siempre empieza siendo humana.

P: – En Edrenor existen todos los códigos que pueda haber en un mundo determinado. Sin embargo, ¿hay analogías con la vida real o todo es un rompimiento en dirección a lo fantástico?


R: – Hay muchísimas analogías con nuestra realidad, aunque intento que no sean equivalencias directas. No me interesa disfrazar un acontecimiento histórico real cambiándole los nombres a los países. Me interesa algo más profundo: observar cómo reaccionamos los seres humanos frente al poder, el miedo, la fe, la desigualdad, la ambición, el amor, la pertenencia o aquello que no podemos comprender.

Porque puedes inventar una civilización completamente diferente de la nuestra, pero cuando alguien teme perder a su hijo, cuando otro desea ser reconocido, cuando una persona debe elegir entre lo correcto y aquello que ama, inmediatamente aparece algo que conocemos. Y ahí la fantasía deja de ser extraña.

Quizá por eso Edrenor es fantástico en su superficie, pero muy humano en lo profundo. Incluso sus conflictos más extraordinarios terminan preguntando cosas bastante cercanas a nosotros: qué estamos dispuestos a sacrificar por aquello en lo que creemos, cuánto de nuestra identidad elegimos realmente y cuánto heredamos, y qué sucede cuando descubrimos que la historia que nos contaron no era necesariamente toda la verdad.

P: – Este universo nace con la novela que ahora lanzas en España, Antes del fuego. ¿Qué cuentas en el primer libro de este proyecto?

R: – Para el lector, Antes del fuego es la puerta de entrada a Edrenor. Para mí, curiosamente, ocurre al revés: Edrenor existió durante muchos años antes de que encontrara cuál era la historia adecuada para permitir que alguien entrara en él. Incluso escribí otras historias, que tal vez en algún momento retome, antes de escribir la actual saga. 

Antes del fuego comienza de una manera bastante íntima. No arrojo al lector sobre un mapa gigantesco explicándole reinos, genealogías y cinco mil años de guerras. Le doy personas que viven dentro de un mundo que consideran normal y que poco a poco comienzan a descubrir que es muchísimo más grande, antiguo y extraño de lo que creían. A medida que ellos avanzan, el lector avanza con ellos. Es un mundo inventado por lo que el inicio, poco a poco, va dando contexto al lugar por dónde caminamos. 

Es una novela de descubrimiento, pero también de identidad, amistad, pérdida, familia y destino. Hay aventura, política, diferentes culturas y un sistema de poder propio, pero uno de los aspectos que más me interesaba era esa sensación de estar levantando lentamente una cortina. En Antes del fuego el lector empieza viendo una pequeña porción de Edrenor. Y cuanto más comprende, más debería sospechar que detrás todavía queda algo muchísimo más grande.

El título, de alguna manera, también contiene una promesa: si esto es lo que ocurrió antes del fuego, inevitablemente queda la pregunta de qué fuego estamos hablando.

P: – ¿Quiénes son los personajes centrales de este microcosmos? 

R: – Antes del fuego es una historia coral que no sigue a un único protagonista, sino que se construye a partir de varias líneas narrativas que funcionan como pequeños cánones dentro de una trama mayor. Muchos personajes atraviesan la novela sin saber que los otros existen, lo que permite mostrar Edrenor desde perspectivas diversas y evitar que el lector conozca el mundo solo a través de una cultura o una mirada.

Érenar es una de las principales puertas de entrada. Es un joven humano que intenta descubrir quién quiere ser y cuál es su lugar en un mundo que aún cree sencillo. Su lealtad, su sentido de protección y su vínculo con la amistad lo definen, pero pronto aparecen preguntas sobre sí mismo que no tienen respuestas fáciles. No es un héroe predestinado: simplemente avanza con lo que tiene delante.

Äsrann, es su hermano más joven, parte del mismo núcleo, pero su camino se abre hacia otros territorios. A través de él se revelan pueblos, costumbres y zonas de Edrenor que estaban fuera de la mirada humana. Su historia también cuestiona las certezas que los propios humanos consideran verdades sobre el mundo que habitan.

En otra línea narrativa aparecen Alinur y Élara. Alinur, un Maleki, pertenece a una cultura con su propia historia y relación con el Kräm ―la energía de Edrenor―. Es contratado por el Máximo de Nall para escoltar a su hija, Élara, criada en un entorno privilegiado pero sometida al peso político de su linaje. La relación entre ambos expone el encuentro —y los prejuicios— entre dos pueblos que se observan con desconfianza.

Ulic completa el entramado con una personalidad más impulsiva y física, ofreciendo una forma distinta de enfrentar el peligro, la amistad y la lealtad (según los lectores beta de la saga, Ulic es el amigo que todos deberíamos tener). Ninguno de los personajes existe solo para cumplir una función: todos poseen deseos, contradicciones y vidas que continúan incluso cuando el lector no los acompaña. Esa coralidad es esencial para Edrenor: el lector no recibe una única versión del mundo, sino múltiples miradas que a veces coinciden y a veces se contradicen.

P: – Existe distintas corrientes de literatura fantástica en crecimiento. ¿Clasificarías tu saga en alguna o abres un nuevo rumbo?

R: – Edrenor pertenece sin dudas a la fantasía dura y épica. Hay un mundo secundario, diferentes civilizaciones, conflictos políticos, mitología, un sistema de poder estructurado y una historia que abarca períodos enormes. Sería absurdo negar esa tradición; además, soy lector del género y hay autores extraordinarios que inevitablemente forman parte de mi educación literaria.

Pero después Edrenor empieza a escaparse un poco de las etiquetas. Hay momentos cercanos a la fantasía política, otros a la aventura, al misterio e incluso ideas vinculadas con cosmología, teoría de cuerdas, la naturaleza del espacio, la información y la percepción de la realidad. Lo importante para mí es que esas ideas no aparezcan como una clase de física dentro de una novela, sino transformadas en acontecimientos y reglas propias del universo.

No sé si me correspondería decir que estoy abriendo un nuevo rumbo; eso debería decidirlo un lector dentro de muchos años. Lo que sí puedo decir es que intento construir una fantasía que no dependa exclusivamente de la magia tradicional. En Edrenor, aquello que una cultura considera magia podría ser interpretado de una manera completamente diferente por otra.

Y esa frontera entre conocimiento, mito y realidad me interesa muchísimo.

P: – Lo fantástico, en lugar de ser un escape, ¿es un espejo que quiebra las apariencias de realidad?

R: – Absolutamente. Siempre me ha resultado curiosa la idea de que la fantasía sea solamente escapismo. Podemos alejarnos diez mil kilómetros de nuestra realidad, inventar otro cielo, otros pueblos y otras leyes naturales y, paradójicamente, terminar hablando con mucha más libertad de nosotros mismos.

La fantasía permite quitar algunas etiquetas. Si escribes acerca de un conflicto completamente inventado, el lector no llega necesariamente condicionado por una posición previa. Primero conoce a esas personas, vive con ellas, entiende sus razones. Y entonces aparecen las preguntas incómodas.

Creo que los mejores mundos fantásticos funcionan así: primero consiguen que olvides durante unas horas el mundo real y después, cuando cierras el libro, te hacen regresar a él mirando alguna cosa de manera ligeramente diferente.

Para mí ahí está una de las grandes fuerzas del género.

P: – ¿Para ti la literatura es una experiencia más allá de la construcción de una novela?

R: – La verdad es que sí. Una novela es el objeto; la literatura es la experiencia que ocurre entre ese objeto y una persona. Siempre me ha fascinado pensar que puedo escribir una escena estando solo en Olavarría y que, meses o años después, alguien en otro país puede leer esas mismas palabras a las tres de la mañana y sentir algo que yo jamás voy a presenciar.

Ese vínculo invisible me parece extraordinario.

De hecho, uno de mis mayores deseos como escritor no tiene que ver con premios ni con cifras. Me gustaría que alguna vez alguien se quedara despierto un poco más de lo que debería porque necesita terminar un capítulo de Edrenor. Todos los lectores conocemos esa sensación. Cuando un libro consigue producirla, deja de ser simplemente papel y tinta: durante algunas horas se convierte en un lugar en el que estuvimos y cuando lo terminas, sientes que te falta algo, porque estuvo ahí, acompañándote durante días, semanas o meses. 

Por eso intento pensar Edrenor también como una experiencia. Hay mapas, cronologías, textos internos, símbolos, historias dentro de historias y elementos que permiten continuar explorando el mundo fuera de la narración principal. Pero siempre procurando no olvidar algo esencial: a Edrenor le dan vida mis lectores y a ellos me debo. 

P: – ¿Escribes pensando en cine?

R: – Sí, siempre, pero con una distinción importante: pienso visualmente, no escribo un guion disfrazado de novela (aunque me encantaría algún día pasarlo a guion).

El cine forma parte de mi manera de imaginar. Cuando escribo una escena suelo verla: conozco la luz, las distancias, dónde se encuentra cada personaje, qué está ocurriendo fuera de cuadro. Incluso muchas veces pienso en el ritmo con una lógica bastante cinematográfica: cuándo acercarme a un personaje, cuándo abrir el plano o cuándo cortar una escena.

Pero después aparece algo maravilloso que solamente tiene la literatura: puedo entrar en la memoria de alguien, detener un segundo durante una página, asociar un olor con algo sucedido veinte años atrás o permitir que una palabra tenga una resonancia que ninguna cámara puede mostrar.

Así que sí, me encantaría algún día ver Edrenor adaptado al cine o a una gran serie. Creo que visualmente tiene un potencial enorme. Pero mientras escribo intento aprovechar precisamente aquello que una adaptación jamás podrá reproducir exactamente: la voz que se crea dentro de la cabeza de cada lector.

P: – ¿Quién era Sebâstian Fazio antes de crear el universo Edrenor?

R: – Un soñador y probablemente alguien bastante parecido al que soy ahora, pero que todavía no sabía que iba a dedicar una parte tan grande de su vida a construir un mundo imaginario. 

Siempre convivieron en mí cosas bastante diferentes. La literatura, el cine y las historias estuvieron desde muy temprano, pero también el deporte, la música, la enseñanza y una vida mucho más física. Durante años estuve muy vinculado al deporte e incluso lo sigo estando, y esa relación con el movimiento, el miedo, la disciplina y el cuerpo probablemente terminó entrando en mi escritura mucho más de lo que imaginaba. También escribí y publiqué otros libros que no pertenecen a Edrenor.

Hoy soy marido, padre, escritor y sigo viviendo en Olavarría, la ciudad donde nací. No tengo esa imagen romántica del autor aislado del mundo escribiendo desde una torre ―o tal vez sí, dentro de varios años y alguna casa junto al lago en la Patagonia―. Edrenor fue construido en medio de la vida real: entre trabajo, familia, responsabilidades, noches largas y miles de anotaciones.

Quizá por eso digo que es mi proyecto de vida. No porque Edrenor sea toda mi vida, sino porque ha crecido junto a ella y lo seguirá haciendo. En el fondo sé que apenas estamos abriendo la primera puerta.

http://www.sagaedrenor.com