

Marcelino de Bibiana Collado Cabrera
Decires de un hombre
Un hombre mayor. Un hombre mayor, de campo. Un hombre mayor, de campo, hablándonos de sexo. Un hombre mayor, de campo, hablándonos de sexo y reflexionando sobre las dificultades de ser hombre. Un hombre que siente la extrañeza del lenguaje, que no alcanza a decir lo que quiere decir, que apenas logra señalar lo que duele. Marcelino es su relato, cuajado de miedo y de amor. A su alrededor, la brutalidad y la dulzura se abren paso entre cuerpos que gimen, que paren, que lloran a sus muertos, que se alejan lentamente del campo… Bibiana Collado Cabrera elige en esta novela a un protagonista con un lenguaje y un imaginario de la tierra, en un gesto tierno y provocador.

Bibiana Collado Cabrera
Bibiana Collado Cabrera nació en Borriana, Castelló de la Plana, en 1985. Licenciada en Filología Hispánica y doctora en Literatura Hispanoamericana. En la actualidad es profesora de Lengua y Literatura.
En el ámbito de la escritura poética ha obtenido numerosos reconocimientos por sus libros Como si nunca antes (Pre-Textos); El recelo del agua (Rialp); Certeza del colapso (Ediciones Complutense); Violencia (La Bella Varsovia) ha sido reimpreso varias veces.
Su último poemario publicado se titula Chispitas de carne (La Bella Varsovia).
Autora de la celebrada Yeguas exhaustas, también publicada en Pepitas, Marcelino. Decires de un hombre es su segunda novela.
Otros de sus libros son:

Yeguas exhaustas
Bibiana Collado Cabrera
Una madre, con los dedos rígidos de triar naranjas en un almacén y limpiar pisos de vacaciones de otros. Una hija, también con los dedos rígidos, pero de teclear papers, tesis y mil trabajos académicos. Y algo que no encaja. La sensación de que debería estar pasando algo que nunca llega a pasar. Este libro nos presenta un rosario de mujeres extenuadas. La falsa promesa del trabajo duro se hace añicos entre estas páginas mientras suenan Camela o Estopa. Yeguas exhaustas es la historia de una hija que tiene una relación de pareja dañina, que piensa en las heridas del cuerpo, en las tremendas diferencias de clase y sus implicaciones, en el clasismo del «mundo de la cultura», en el acceso al mercado laboral, en la endogamia universitaria y sus laberintos… en definitiva, en el averiado ascensor social. Esta novela trata de manera certera el paso del siglo xx al xxi en España a través de la propia experiencia: «Me exploro, investigo, reinterpreto pedazos de vida. Juego y cuestiono. Busco causas. Busco alivio. Busco cómplices». Y sin duda los encuentra. En Yeguas exhaustas Bibiana Collado Cabrera nos lleva a situaciones vividas y sentidas como individuales que en realidad son colectivas. Tan bien contadas, tan reales, que por momentos se nos olvida que estamos ante una novela.

Chispitas de carne
Bibiana Collado Cabrera
La felicidad de la pareja: la felicidad que asombra, de tan fácil y tan sencilla. El amor tranquilo, el sexo y el deseo, la cotidianidad… Pero también la complejidad de la pareja: ser por sí mismos, sin más.
La felicidad de la pareja: la felicidad que asombra, de tan fácil y tan sencilla, frente al dolor que se conoce. La felicidad del amor tranquilo, gozoso; el sexo y el deseo, la cotidianidad… Pero también la complejidad de la pareja: ser por sí, sin más, afrontando las expectativas que se imponen y a la vez las que se asumen. Porque también forman parte de la rutina las herencias y las costumbres, los estigmas, la observación del resto y la comparación con quienes somos, los aprendizajes viciados, la maternidad que se busca y que no llega: «¿y si decidimos que no / o sencillamente no sucede?».
Después del reto que se planteó en Violencia, con su reflexión sobre las posibilidades del lenguaje para alumbrar —y visibilizar— nuestras zonas más oscuras, Bibiana Collado Cabrera retoma en Chispitas de carne algunos de sus temas habituales, y amplía su visión de nuestro mundo. Estos versos hablan sobre la relación con las mujeres que rodean a la mujer que escribe, quienes la precedieron —la familia, con la madre, y la genealogía literaria, con las maestras— y quienes la acompañan, y se incluye a las amigas cómplices y a las desconocidas cuya vida se idealiza; versos que regresan a la presencia y los significados del cuerpo, a la clase social y su camino marcado, al dinero que permite o que impide…
Y versos que ahora se instalan en la reflexión acerca del amor, en la conciencia de una relación que se construye y se transforma, en la posibilidad de unirse al grupo de las «hijas sin hijas». Desde el conocimiento de la tradición, desde el uso desacralizado —luminoso— de las palabras, Chispitas de carne nos reencuentra con una poeta que avanza sabiendo bien de dónde viene, preguntándose con sus poemas —preguntándonos— hacia dónde va.
Bibiana Collado Cabrera retoma en Chispitas de carne algunos de sus temas habituales, y amplía su visión de nuestro mundo. Estos versos hablan sobre la relación con las mujeres que rodean a la mujer que escribe, quienes la precedieron —la familia, con la madre, y la genealogía literaria, con las maestras— y quienes la acompañan, y se incluye a las amigas cómplices y a las desconocidas cuya vida se idealiza; versos que regresan a la presencia y los significados del cuerpo, a la clase social, al dinero… Y versos que ahora se instalan en la reflexión acerca del amor, en la conciencia de una relación que se construye y se transforma, en la posibilidad de unirse al grupo de las «hijas sin hijas». Desde el conocimiento de la tradición, desde el uso desacralizado —luminoso— de las palabras, Chispitas de carne nos reencuentra con una poeta que avanza sabiendo bien de dónde viene, preguntándose con sus poemas —preguntándonos— hacia dónde va.

Violencia
Bibiana Collado Cabrera
El lenguaje puede transformar la realidad y puede generar también violencia. A ese abismo se asoma este libro valiente y necesario: ¿cómo hablar de la violencia desde un idioma heredado, desde un idioma que ha permitido que exista esa violencia? Bibiana Collado Cabrera es consciente aquí de que solamente las palabras —violentas, incómodas— pueden hacer que lo oculto salga a la luz, para señalar el daño y apuntar hacia el lugar donde se esconde la herida, para que el recuerdo del golpe cicatrice, o para dar aviso a las demás: esto hay que contarlo, esto tiene que saberse. Violencia entra de lleno en el mecanismo de los malos tratos, y nos reprocha desde su aparente intimidad. ¿Qué clase de sociedad lo permite? ¿Cómo poner fin a la violencia sin participar de sus leyes?