En «Las pruebas de mi inocencia»: Jonathan Coe muestra su habilidad cuando se trata de jugar a desbordar los límites formales del modelo estándar de novela.

Se cumplen ahora treinta años de la publicación por Anagrama de la novela con que Jonathan Coe consiguió el reconocimiento y la popularidad que, desde entonces, no lo han abandonado. En Menudo reparto daba cuenta, a través de los miembros de la familia Winshaw, de la rapiña de la clase dominante durante los años del thatcherismo. A partir de ahí Coe ha ido publicando una serie de textos de sátira política y social cuestionando, sucesivamente, el liberalismo de la era Blair, el del gobierno de Cameron, la perpetración del Brexit y, en su nueva novela, el delirante y fugaz paso de Liz Truss por el 10 de Downing Street en la era postbrexit. 

Las pruebas de mi inocencia repite, en parte, la doble trama de El número once, que a su vez era una suerte de continuación de Menudo reparto por la ubicua presencia de miembros de la familia Winshaw. En aquella novela se mezclaba la denuncia de los procesos de privatización del Sector Público con la investigación de un crimen. Ahora, el asalto sin escrúpulos a la Sanidad Pública va acompañado de una triple aproximación al hecho criminal.

Se trata de las tres opciones que baraja la hija de la familia protagonista para su posible novela. Por un lado el típicamente británico cozy crime, en el que, en un amigable entorno rural se produce un asesinato. En este caso ese entorno lo proporcionan la aldea y el laberíntico hotel donde se va a celebrar un congreso de ultraconservadores que ven en el nuevo gobierno una oportunidad para sus negocios.

Del ámbito anglosajón nos llega también la segunda opción: la dark academia, caracterizada por intrigas de ambiente universitario y cuyo paradigma vendría a ser la novela El secreto de Donna Tartt. Coe escoge aquí el Cambridge de los 80 para situar a sus personajes en uno de los colleges donde se llevan a cabo ciertas exclusivas reuniones.

En última instancia, la autoficción se presenta como una alternativa para superar los engaños que conlleva la ficción, y Coe se inventa a un atormentado escritor que participó en una de aquellas reuniones y es considerado un adelantado del subgénero. 

Es a través de estos modelos narrativos que el autor británico presenta al lector un misterio plagado de divertidos clichés: edificios victorianos de ladrillo rojo, enormes bibliotecas, libros que desaparecen, un críptico mensaje dejado por la víctima en el último momento, dos jóvenes atrevidas que, durante su investigación, intentan relacionar el crimen con una muerte anterior. Y personajes siniestros, claro, especialmente aquellos que sostienen el discurso neoliberal más agresivo, entre los que se cuela, por cierto, algún miembro de la familia Winshaw.

Hay también lugar para reflexionar sobre las implicaciones de un modelo económico que, en los 80, descartó en el Reino Unido el consenso social de la posguerra en favor de un individualismo alienante; y espacio para defender la ficción como vehículo apropiado para interpretar la realidad y, de paso, sacar la cara por los jóvenes autores que la practicaron en aquellos años: la propia generación de Coe. Con Las pruebas de mi inocencia este vuelve a demostrar, además, su habilidad cuando se trata de jugar a desbordar los límites formales del modelo estándar de novela.

Un par de cuestiones finales: no por centrarse el texto en un periodo reciente de la historia de las Islas y en ciertas políticas desarrolladas allí, debe dejar de sentirse aludido el lector español. Basta con que piense en nuestro cada vez más deteriorado Sistema Público de Salud. Y para aquellos que gusten de complementar un texto de ficción con algún ensayo sobre el tema en cuestión, pueden acercarse a los recientes La Doctrina Invisible de George Monbiot y Peter Hutchison, o Dominio de Marco d’Eramo, para entender el rearme neoliberal, sus objetivos y estrategias.

Rafael Martín

Las pruebas de mi inocencia

Las pruebas de mi inocencia de Jonathan Coe

Una novela detectivesca, política y satírica sobre los tiempos de la posverdad.

Terminados los estudios literarios en la universidad, Phyllida ha tenido que volver a instalarse en casa de sus padres y sobrevive con un trabajo mal pagado en el aeropuerto de Heathrow. En cuanto a sus incipientes planes de convertirse en escritora, de momento no van a ninguna parte. Hasta que un día su madre invita a cenar a un viejo amigo de la familia, Christopher Swann, que tiene un blog político interesado en oscuras conspiraciones y está investigando los tejemanejes de un siniestro conjunto de expertos, fundado en la Universidad de Cambridge en la década de 1980. Este grupo ha estado conspirando para empujar al Gobierno británico hacia una dirección más extremista y finalmente está listo para actuar.

Mientras Gran Bretaña se encuentra bajo el liderazgo de una nueva primera ministra cuyo mandato solo durará siete semanas, la indagación de Chris lo lleva a un congreso que se celebra en lo profundo de los Cotswolds. Aunque enfrentarse al poder puede ser peligroso, y el poder no se detendrá ante nada para mantenerse en la cima… Así que los acontecimientos dan un giro siniestro y pronto se iniciará una investigación por asesinato.

Pero ¿la solución al misterio se encuentra en la política contemporánea o en un enigma literario de hace casi cuarenta años?

Coe ha orquestado una sugestiva y amenísima pirueta literaria, ambientada durante el breve y desastroso gobierno de la conservadora Liz Truss, que juega con la descripción de los sucesos narrados al más puro estilo Agatha Christie, el recuerdo de lo ocurrido años atrás que recogen unas memorias universitarias de Cambridge, y un ensayo de autoficción a dos voces donde la colaboración de Rashida, la hija adoptiva de Swann, resulta imprescindible.

No es la primera vez que el autor despliega este tipo de virtuosismo ni que nos deleita con su aguda e implacable mirada sobre las miserias políticas de la Gran Bretaña actual, para acabar demostrándonos que la clave para comprender el presente a menudo se encuentra en los rincones más oscuros del pasado.

Inteligente, perspicaz, ingeniosa y muy divertida, esta novela deslumbrante que va saltando entre géneros y décadas es una nueva muestra del talento de un escritor que ya se ha convertido en un clásico contemporáneo.

Jonathan Coe (Ver obras)

Jonathan Coe (Birmingham, 1961) estudió en las universidades de Cambridge y Warwick. Anagrama ha publicado los títulos ¡Menudo reparto! (Premio John Llewellyn Rhys y, en Francia, Premio al Mejor Libro Extranjero): «Una novela a la que habrá que recurrir en el futuro cuando uno quiera saber qué sucedió en la Inglaterra de los años ochenta» (Ramón de España); La casa del sueño (Premio Writers’ Guild of Great Britain Best Novel y, en Francia, Premio Médicis Extranjero): «Si se organizase un festival de escritores verdaderamente originales, habría que invitarlo a él» (Javier Aparicio Maydeu, El Periódico); El Club de los Canallas (Premio Bollinger Everyman Wodehouse): «La más colorida de las novelas sobre los años más grises» (Rodrigo Fresán); El Círculo Cerrado: «Retrato perfecto de la Inglaterra de finales del siglo XX, lleno de sátira. Un libro altamente devorable» (Kiko Amat); La lluvia antes de caer: «Si buscan novelas que no se lean de un tirón y traten al lector con respeto, si les gusta desentrañarlas y demorarse en ellas, háganse con un ejemplar» (Manuel Rodríguez Rivero, El País); La espantosa intimidad de Maxwell Sim: «Buenísima, apasionante, divertida, cínica, tierna, única» (Javier Puebla, Cambio16); Expo 58: «La novela que habría escrito Graham Greene si hubiera leído más de la cuenta a un Evelyn Waugh poderosamente nostálgico» (Laura Fernández); El número 11: «El mejor retrato imaginable de la Inglaterra actual» (David Morán, Rockdelux); El corazón de Inglaterra: «La mejor novela para entender el divorcio entre el Reino Unido y Europa» (Juan Cruz, El País); El señor Wilder y yo: «Una gozosa lección de vida y arte, una fiesta literaria de inteligente sensibilidad» (Jesús Ferrer, La Razón); Bournville: «Coe se ha convertido en el mejor y más fantástico retratista de interiores y exteriores sociopolíticos británicos» (Mercedes Monmany, ABC) y Las pruebas de mi inocencia: «Rebosante de energía… Una alocada travesura, un jeu d’esprit repleto de sorpresas que es además una sosegada defensa de la ficción en la era de la posverdad. Una lectura muy divertida» (Justine Jordan, The Guardian).