«Una obra coherente, de una literatura cuidada, honesta en su proyecto y fiel a una idea exigente de la escritura» Ricardo Martínez-Conde, El tiempo así. Zadar eds., 2023

Reseña de Alejandro Castaño

El texto inicial, “El espejo y la sombra”, de este libro de relatos, proporciona la clave del procedimiento dominante en el resto del volumen: una situación narrativa —en este caso el duelo de una mujer tras la muerte de su amante y la lectura del diario que este le dejó— actúa como dispositivo para desplegar una escritura de evocación, memoria y conciencia del fin. El protagonista del diario reconstruye su vida desde la conciencia de la pérdida, y es precisamente el recuerdo de la mujer amada lo que otorga densidad y justificación a su existencia. La historia avanza menos por acciones que por capas de recuerdo y reflexión, hasta confluir con la voz del diario, que introduce una segunda dimensión: la del pensamiento en soledad ante la enfermedad y la muerte. El amor (un amor no posesivo, a menudo incompleto) se nos muestra como una energía que sobrevive al tiempo y a la ausencia.

El libro encuentra sus momentos más logrados cuando la abstracción se encarna en la nostalgia de un gesto, en la imagen de la presencia construida desde la ausencia, en la conciencia de un tiempo que ya no puede recuperarse (“Al concluir notó que su cuerpo alojaba un frío distinto, más allá de la piel, y se secó rápidamente. Luego cenó un poco y se anudó en un extremo del sofá rememorando, viendo sin mirar por dentro del paisaje ya conocido de su apartamento. Cuando advirtió el silencio, cerró los brazos sobre su pecho y sintió un deseo enorme de tenerle a su lado”). En esos pasajes, la escritura abandona las tesis y se vuelca en la emoción.

A lo largo del libro, la prosa del autor se detiene en los matices de la luz, en el ritmo de las estaciones, en la presencia constante del mar como metáfora del pensamiento y de la duración. El paisaje no es un decorado, sino un correlato moral: el mundo exterior funciona como espejo de una conciencia que observa, compara y extrae conclusiones. El tiempo natural —cíclico, indiferente— contrasta con el tiempo humano, marcado por la memoria, la pérdida y la conciencia de finitud. La soledad es otro de los elementos centrales, no como carencia, sino como espacio de pensamiento y construcción del yo.

Martínez-Conde ofrece una obra coherente, de una literatura cuidada, honesta en su proyecto y fiel a una idea exigente de la escritura, con una resistencia deliberada a buscar tensión narrativa o giros argumentales. Su mayor virtud es la atmósfera de recogimiento, de intimidad, que consigue sostener a lo largo de sus páginas, y cómo el argumento cede protagonismo a una reflexión en la que la experiencia del tiempo —vivido, recordado, anticipado— se convierte en la verdadera materia literaria.