Isaac Rosa recomienda esta novela poética «Pueblo Blanco Azul mira con espanto al pasado pero enseguida es empujada al futuro, en este caso por un vendaval literario»

«Pueblo Blanco Azul mira con espanto al pasado pero enseguida es empujada al futuro, en este caso por un vendaval literario: el de la imaginación audaz y el lenguaje rabiosamente poético de Azahara Palomeque.» 

Pueblo blanco azul

Pueblo blanco azul de Azahara Palomeque

Tras una temporada en el extranjero, Elaia regresa al pueblo de sus orígenes para escribir una novela. Quiere contar la historia de su familia, un entramado de vidas marcadas por la guerra, la dictadura y las dificultades del campo andaluz. A medida que los silencios heredados se despejan, emerge una memoria viva que, más que sobre el pasado, tiene mucho que decir sobre el presente. Y que llega también para sanar una herida: la del duelo sin cerrar por la muerte de su abuela, de la que no pudo despedirse. Azahara Palomeque escucha las historias que guardan las casas y los olivares, y nos devuelve esas voces ausentes que hablan de amores desafiantes y viajes liberadores, de las lealtades y traiciones que rigen un pequeño mundo. Una novela conmovedora y rupturista en la que lo oral y lo poético se trenzan con cuidado artesano en un canto a las raíces, a los afectos y a los futuros que aún es posible imaginar.

«Pueblo Blanco Azul mira con espanto al pasado pero enseguida es empujada al futuro, en este caso por un vendaval literario: el de la imaginación audaz y el lenguaje rabiosamente poético de Azahara Palomeque.» 
Isaac Rosa
«La tierra y el agua, la memoria democrática y las reivindicaciones ecológicas, se dan la mano en una novela que somatiza los dolores históricos –las violencias y los traumas de género y de clase– empapándose con las voces de sus muertos. De sus muertas, también.»
Marta Sanz
«Una fábula poética, mágica, que da alas a la memoria. Un precioso juego blancoazul de espejos.»
David Uclés

“Lo raro es dormir”. Es lo que concluye el insomne protagonista de la última novela de Isaac Rosa. Lo raro es poder conciliar el sueño, no desvelarse desglosando la lista de apremiantes cuestiones por resolver, rumiando los perennes problemas que atrae la precariedad, o haciendo balance de una vida en la que la insatisfacción se va transformando en angustia.

Pero Rosa no se va a conformar con señalar, en última instancia, al exigente sistema productivo como el causante de un mal cuya solución se está convirtiendo en una urgencia social. Va a complementar su denuncia de las estructuras responsables con el relato en paralelo de una relación atípica, la que se establece entre el narrador y otra insomne a la que conoce, de madrugada, en el bar del hotel que comparten.

Esa historia se despliega, mediante un monólogo en segunda persona, a lo largo de una larga noche sin dormir del protagonista. En ella recuerda el descubrimiento de la capacidad para conciliar el sueño que adquieren ambos cuando duermen juntos, así como sus posteriores intentos de repetir la inestimable experiencia a espaldas de sus respectivas parejas. Si estas llegarán a enterarse o si comprenderán el tipo de relación que mantienen son las cuestiones que mantienen la tensión del texto.

Los capítulos que dan cuenta de esas citas clandestinas se alternan con los que contienen las páginas del Diario del Sueño del narrador. En ellas no solo enumera las causas externas del problema, sino que también describe la búsqueda de técnicas para resolverlo, encontrando por el camino charlatanería de todo tipo, desde el mindfulness, que sitúa la causa de ansiedades e insatisfacciones en el propio individuo, hasta la meditación y el sueño profundo, pasando por el coaching emocional. Toda una industria del sueño al servicio de una mayor productividad. 

Rememora también su impulso juvenil de robar horas al sueño, inspirado por las historias de grandes personajes que cifraban su éxito en el aumento de su tiempo de vigilia, y hace referencia a las consecuencias de la privación extrema del sueño, usada como tortura y estudiada experimentalmente. Ese es precisamente el tema de uno de los divertidos relatos que Rosa introduce: los problemas de memoria de una rata de de laboratorio que empieza por olvidar el número secreto de su tarjeta de crédito.

Una rata también aparece en la historia de la hermana del protagonista, como elemento amenazador que a ella llegó a quitarle el sueño, mientras que un tercer relato escrito por aquel en una de sus noches insomnes, podría pertenecer perfectamente a esa colección de textos que, bajo el título de Tiza roja, firmó Rosa proporcionándonos una suerte de instrucciones de uso de nuestra capacidad de intervención: a veces basta con un simple gesto, como colgar una sábana con un mensaje en el balcón, para agitar las conciencias.

Y si hay algo que puede quitar el sueño y producir pesadillas en estos momentos es, sin duda, la necesidad de buscar un piso en alquiler. Rosa presenta la cuestión ya desde el comienzo de Las buenas noches, como también hacía al término de su Feliz final, ese perfecto viaje a la semilla de una relación que recorre, en sentido inverso, el camino minado de la vida en pareja.

Con esas dos novelas, entre las que publicó su antidistopía Lugar seguro, merecedora del Premio Biblioteca Breve, viene Isaac Rosa a recordarnos que nuestra cotidianeidad se desarrolla en el interior de un sistema desquiciante, y que la toxicidad de este se transmite inevitablemente a aquella.

Rafael Martín