Epifanía, de Israel Merino «una historia dura, de personajes duros, pero te va a tener enganchado hasta que pases la última página»

Israel Merino es joven, pero ya ha realizado más cosas de las que conseguiremos la mayoría a lo largo de nuestra vida. Para colmo, todo lo hace bien, que da más rabia.

Sin haber cumplido aún los veintiséis años, este toledano, publicó su primer libro con dieciséis años. Se trata del poemario titulado Movimiento visceral (Tau Editores). Licenciado en Periodismo y Filología Hispánica, funda a los diecinueve la editorial Ediciones de Humo, a través de la cual publicó Subura, su primera novela. Para publicar al año siguiente Más allá de la noche (Akal Ediciones).

Actualmente ejerce como periodista en medios como El Español, Público, El Confidencial… Y ha publicado su tercera novela Epifanía (Editorial Temas de Hoy).

En Epifanía se entrecruzan cinco historias protagonizadas, cada una de ellas, por unos personajes tan áridos como la propia narración que emplea Israel.

Todas sus historias son capítulos de esta novela, pero que se podrían degustar como relatos individuales, que dejan el regusto férreo de la sangre. Todas ellas giran en torno a la trágica muerte de una pareja joven atropellada en el arcén de una carretera tan solitaria como las almas que pueblan las páginas de esta novela. La muerte absurda de inocentes siempre deja huella, pero en este caso no solo marcará a los familiares de los fallecidos, también sellará el destino de todo el pueblo.

Sus relatos convergen de forma casi magistral, formando un todo, dando más sentido a cada capítulo por los que se pasean secundarios que se convierten en protagonistas. Vidas cruzadas que dependen entre ellas hasta el punto de marcar sus sinos.

Epifanía es una novela breve de apenas doscientas cincuenta páginas que calará en nuestro interior dejando una huella indeleble.

Israel Merino maneja la narrativa cruda con la habilidad de los grandes. Un realismo sucio que convierte lo sórdido en cotidiano huyendo de la autocensura. Llama a las cosas por su nombre, con un lenguaje tan soez como real, en situaciones que escandalizarían al más hipócrita cuando solo describe la sucia realidad. Lo que resulta sórdido en otros pero costumbre en nosotros mismos.
El autor no tiene nada que envidiar al estilo de Bukowski, Carver o Palahniuk, precursores de ese realismo sucio que lo convirtieron en movimiento literario cuando no hacían más que describir el mundo tal y como es, sin edulcorantes ni píldoras doradas.

Su ritmo es constante, su narrador es directo, y sus personajes tan patéticos y marginales como las circunstancias que los forjaron. Porque cuando vives en un pueblo sin esperanzas, es difícil surgir inmaculado.

Merino es de esos escritores que no te dejan indiferente. Cuando terminas de leer Epifanía, permanece en la memoria. Recapacitas sobre la obra durante días. Esto lo consiguen poco autores, es un don el saber transmitir este tipo de relatos de una forma única.

Merino no te va a contar una historia bonita que se desarrolla en un pueblo idílico. Merino te va a contar una historia dura, de personajes duros, pero te va a tener enganchado hasta que pases la última página, en la que pensarás: qué duro, es tan duro como la propia realidad.