El Primer Fascista: la fascinante vida y el oscuro legado del marqués de Morés

«Parte aventurero, parte emprendedor, parte ideólogo, el marqués de Morès es una de las figuras más fascinantes del siglo XIX, cuyas proezas abarcan los cuatro continentes. Pero, por encima de todo, Luzzatto demuestra en esta soberbia biografía que Morès es el antecesor de los movimientos nacionalistas y antisemitas de la ultraderecha, que siguen coleando en nuestros días. El primer fascista ofrece una mirada indispensable y urgente a un pasado tóxico que, por desgracia, puede ser también
un trágico prólogo».

CAROLINE WEBER, autora de Proust’s Duchess

«En esta brillante biografía, Sergio Luzzatto narra de manera cautivadora la peligrosa vida del marqués de Morès: aristócrata, aventurero, ranchero y pistolero en Dakota, entusiasta del ferrocarril en el sudeste asiático, expedicionario en el Sahara y padre fundador del fascismo. Luzzatto muestra cómo Morès entrelazó su colorida carrera con el antisemitismo, el nacionalismo y el populismo, aprovechando la alienación de los trabajadores, reclutando matones callejeros y librando duelos en persecución de sus enemigos políticos, en particular los judíos. El primer fascista añade otro eslabón fascinante e inquietante a nuestra comprensión de cómo la ideología, la cultura, el liderazgo carismático y la violencia asociados a los movimientos fascistas del siglo XX tenían algunas de sus raíces en la tensa atmósfera del fin de siècle».

MIKE RAPPORT, autor de 1848: Year of Revolution

Cannes, 1942

Durante casi medio siglo, los habitantes de Cannes lo habían llamado así: «el jardín de Morès»; más en concreto, desde que la marquesa de Morès, enviudada trágicamente, se había encerra- do en el Château de la Bocca, a escasos metros de la playa y el mar, como enclaustrada en un fuerte de la costa mediterránea. Al principio, con los niños, claro; luego, cuando estos se hicie- ron adultos, a solas con los sirvientes, luciendo con orgullo su luto como si fuera una dama de antaño. Sin embargo, no cerró el jardín, sino que lo dejó abierto al paso de la gente corriente que iba y venía. Después, tras el fin de la Primera Guerra Mun- dial, la marquesa falleció y a sus hijos cada vez se les veía menos por la ciudad. El castillo y el jardín entraron en una época de decadencia –si no de abandono– hasta que, a mediados de la década de 1930, cuando los hijos pusieron a la venta toda la pro- piedad, los notarios se encontraron sin nada que hacer, ya que no había compradores. Ante esta situación, el 21 de abril de 1942, en medio de una nueva guerra mundial, el alcalde Blan- chardon, notario de profesión, tomó la iniciativa. En una subas- ta judicial convocada por el tribunal de Grasse, el municipio de Cannes ejerció su derecho de tanteo. Y ahora, el lunes 27 de ju- lio de ese mismo año, el alcalde estaba allí, en el ayuntamiento, ante los cuatro concejales del consejo municipal, para firmar una resolución que consideraba importantísima: la designación oficial del jardín con el nombre del marqués de Morès.1