
Uno de los escritores actuales más conocidos por la opinión pública es Juan Gómez-Jurado. Puede ser debido a que la sombra de su Reina Roja es alargada, un hito en la literatura española; una de esas rara avis que ha pasado por la mayoría de los lectores españoles. Esto, unido a la personalidad arrolladora del autor, hace que el escritor trascienda a la obra.
La novela nombrada puede que lo hiciera popular, pero antes que esta saga, ya Gómez-Jurado se había labrado una trayectoria más que meritoria.
En dos mil seis dio el pistoletazo de salida con Espía de Dios (Ediciones B). Una novela muy dinámica que trata de una serie de asesinatos producidos tras la muerte del papa Juan Pablo II. Ya en ella dejaba clara sus pautas, por lo que se convirtió en un éxito, al igual que sus siguientes libros, hasta llegar al universo Reina Roja, y a su trilogía posterior Todo arde.
No hace falta remarcar más el éxito de su obra, más concretamente esa Reina Roja de la que incluso en la novela que nos ocupa hoy, la editorial añade una breve nota en su interior advirtiendo de que Mentira se trata de una obra ajena a la famosa trilogía. ¿O tal vez sí?, es que con ese título y esa protagonista, ¿quién puede creerse todo lo que nos cuenta Juan, un hombre que se gana la vida gracias a la ficción, o sea, contando mentiras?
Su nueva novela es un compendio de géneros en la que podemos encontrar desde el thriller, pasando por el rural noir, llegando al who do it más clásico de la literatura, del que nos gusta tanto a los lectores aficionados a la novela negra en general.
En sus primeras páginas conoceremos a Eva Ramos —no sabremos si esta será la primera mentira de esta embustera profesional que se gana la vida engañando a los demás—, cuyo padre murió en la cárcel, y que para poder administrar la cara medicina de su hermano pequeño, el cual padece una rara enfermedad, deberá convertirse en acólita de un hombre misterioso apodado como el Barón.
Uno de sus encargos consiste en mediar en una peligrosa operación de intercambio entre bandas peligrosas. Lo que en un principio parecía un trabajo más, se complicará hasta el punto de tener que huir, junto a su hermano, de la venganza de una de las participantes en el trato. La consecuencia de tal persecución será el accidente que sufrirá Eva y su acompañante debido a la intensa nevada. lo que les conducirá a protegerse en un pueblo interior de las montañas de Santander, el cual queda aislado por el temporal. Lo que en un principio parece un golpe de suerte, escapando así de sus perseguidores, se convertirá en una pesadilla. Prisioneros en un pueblo donde los secretos son más numerosos que los propios habitantes.
Para colmo, entre los paisanos hay un asesino que está acabando con los vecinos, al parecer por las rencillas e intereses que los rige desde hace más de cien años. Eva, tomada por quien no es, deberá encontrar al asesino antes de que ella, o su hermano, se conviertan en víctimas.
A través de su protagonista, el propio autor hace alarde de su gusto por el cine clásico, donde Eva Ramos nos señala símiles de famosas películas con las situaciones que le toca lidiar.
Cuando recibes cursos de escritura, hay pautas generales a la hora de enfrentarte a la página en blanco. También se suele decir que una vez que dominas las técnicas, rómpelas. Pues bien, Gómez-Jurado es de esos escritores que conocen tan bien su oficio, que se puede permitir coger esas normas y retorcerlas hasta hacerlas añicos para conseguir el mejor resultado. Porque es tan bueno, que haga lo que haga, su fórmula funciona.
He oído por ahí que Mentira adolece de su lentitud inicial; que tarda en comenzar la verdadera historia. Puede que sea así, incluso la milimétrica exposición de los acontecimientos a lo largo de la novela conste de esa parsimonia en algunos paisajes, pero a la vez, cuando te estás preguntando qué va a pasar ya de una vez, caes en la cuenta de que te has leído cien páginas y ni te has dado cuenta, porque entras tanto en su redacción que lo vives, porque todo está ahí por algo, y todo requiere su ritmo, porque no es que sea lento, es que es tal la expectativa que crea que deseas llegar al desenlace.
La dosificación del suspense cumple su cometido a la perfección. No olvidemos nunca que esta novela es un juego entre autor y lector, y que su narradora se gana la vida mintiendo, por eso todos los detalles —incluso los que ella misma nos señala, convirtiéndonos en otro de sus personajes— son importantes.
En cuanto entres en la novela, tanto su protagonista como su historia te irán calando hasta atraparte irremediablemente. Tanto que sus casi setecientas páginas te parecerán muchas menos, porque Juan sigue teniendo en poder de encandilar, haciéndote adicto/a a lo que narra, a cómo lo narra, porque cada vez que lo leo, viene a mi mente aquel meme donde Robert de Niro, en Una terapia peligrosa, dice: «eres bueno, eres bueno».