Entrevista a la escritora Maite R. Ochotorena: “Aquello que no vemos se adueña de nuestra imaginación”

“Aquello que no vemos se adueña de nuestra imaginación”

Maite R. Ochotorena (San Sebastián, 1970) presenta “Lo nuestro”, una novela coral que baila entre lo intimista y el asombro. La escritora, cual compositora de una sinfonía, convierte en personajes los caseríos de un pueblo en donde conviven personajes inolvidables. Una criatura aparece en las noches, no sé sabe a ciencia cierta si existe en la realidad exterior o en el miedo de los habitantes. Solo se sabe que “se lleva a las chicas dejando indicios que escapan a la comprensión racional”.

Por: Eduardo Maestre.

Pregunta: – ¿Te consideras una escritora de aventuras?

Respuesta: – Desde luego, soy exploradora, sobre todo de las sombras que nos acompañan en la vida.  Me adentro con cada nuevo proyecto en territorio desconocido y trato de vislumbrar qué se esconde detrás de nuestros miedos, de la soledad, de la desconfianza o el odio. La literatura, leí una vez, consiste en eso, en explorar. En este sentido, todos los escritores escribimos aventuras, pues somos exploradores. En mi caso particular, sé dónde arranco cuando empiezo un libro, pocas veces sé a dónde me conducirá. Escribir supone entonces iniciar un largo viaje. Se trata, por lo tanto, de una aventura, sin duda. Para los lectores, cuando se adentran en las páginas de ese libro una vez llega a sus manos, también da comienzo un viaje. Uno del que, con suerte, no saldrán indemnes.

P: – Vamos paso a paso con algunas claves de tu nueva novela. Cuéntanos un poco de Barbari.

R: – Barbari representa un pueblecito rural en 1782 que se asienta en la comarca del Goierri (Gipuzkoa, País Vasco). Tras el nombre ficticio de Barbari, de hecho, se esconde Zerain, un lugar muy real en el que me he inspirado por su pasado y su ubicación maravillosa. Los nombres de los caseríos que aparecen en la novela son reales también, aunque no los encontraréis en el mismo lugar donde se encuentran en el libro ni las familias que los habitan son auténticas, sino inventadas.

Barbari es la suma de las creencias y supersticiones de sus habitantes y de sus vivencias en un entorno duro. Rodeado de montañas y bosques, se mece al compás de un tiempo que transcurre lento, al amor del fuego; ofrece cobijo y al mismo tiempo hay miedo en sus habitantes, miedo a lo desconocido, a todo lo que no pueden nombrar y que los rodea por los cuatro costados. El mundo natural es fuente de riqueza y al mismo tiempo de superstición y peligro. Retrata una vida íntima que discurre a caballo entre la fe en Dios y la fe en lo sobrenatural y en los mitos que se transmiten de generación en generación.

Barbari, cuando arranca la novela, está sumido en una especie de letargo, en un sueño de pesadilla que afecta a todo el pueblo, como si hubiese enfermado.

P: – ¿Por qué “Lo nuestro”? ¿Qué narras a partir de ese título?

R: – «Lo Nuestro» representa una forma de sentir, cuando la gente de aquí en concreto, del País Vasco, vivía aislada en sus caseríos y estaba acostumbrada a guardarse sus problemas y sus miedos y a barrerlos de puerta para dentro. También se refiere al celo con el que protegían sus creencias y a la fuerza con que se defendían cuando la iglesia, por ejemplo, pretendía erradicar lo que consideraban su cultura y su alma misma. «Lo Nuestro» es así mismo el silencio, la boca cerrada; es un modo de vida, un muro ante lo desconocido y ante los intrusos, es vivir hacia dentro con la mirada puesta en la oscuridad que trae la noche.

P: – Describe un poco el perfil de los personajes, incluyendo “la extraña criatura” que merodea por las calles del pueblo.

R: – Hay un poco de todo, porque la novela es coral. Una cosa curiosa es que el caserío siempre ha sido un ente autosuficiente que proporcionaba a las familias cuanto necesitaban. Trabajaban en él de sol a sol, vivían de lo que producían y por eso adoptaban su nombre en vez de usar el apellido. Así, los que viven en el caserío de Otatza, son los de Otatza. Esto da carácter a todos los personajes que van apareciendo en el libro de una forma muy contundente. Tanto es así, que cada caserío tiene su propia personalidad y define a quienes lo habitan y viceversa. Cada caserío es un personaje en sí mismo que se expande o se retrae al compás de quienes lo habitan.

Tenemos, por ejemplo, a la amona (abuela) de los de Otatza. Vive momentos muy difíciles desde la unión y el cariño que les tiene a los suyos. Es una mujer de férreas creencias y profunda sabiduría e impone las reglas a su nuera y sus nietos desde el sentido innato de la protección que tiene. No hay nada más importante para ella que proteger a los suyos. ¿Qué no hará para conseguirlo?

Luego está Dolores, la dueña del Ostatu (posada), curiosa, decidida a acabar con el mal que los asola del mismo modo que afronta la vida y se enfrenta a las injusticias, o a Martín de Aristizabal, el joven sacerdote que llega al pueblo lleno de optimismo para ayudar al viejo párroco y se topa con un mundo de secretos y rumores, con la desconfianza de la gente y con las desapariciones que tienen a todos en vilo.

En cuanto a la criatura… Es la suma de todos los miedos de los que habla «Lo Nuestro». Es la Noche en sí misma asediando a la gente, algo que se cuela en las casas pese a las protecciones con que intentan impedir la presencia del mal. No hay nada más aterrador que sentir que en ninguna parte estás a salvo, ni siquiera en el hogar. Llega de noche, nadie sabe qué es, pero se lleva a las chicas dejando indicios que escapan a la comprensión racional. «No creas que existe, no digas que no existe», es el dicho.

P: – ¿La naturaleza es un personaje más de tu obra?

R: – Siempre lo es, pero, en este caso concreto, mucho más. Lo condiciona todo, el carácter de los habitantes de Barbari, sus creencias, todo. Marca la pauta, las estaciones gobiernan la vida, la noche y el día definen las normas según las cuales se ha de vivir: «el día para los del día, la noche para lo de la Noche». La lluvia, la niebla, el frío, la oscuridad están muy presentes en todo el libro y dan peso y profundidad a lo que se cuenta, a ese espíritu antiguo que todos llevamos dentro, grabado a fuego en nuestros genes.

P: – ¿En lo invisible se esconde el mayor asombro?

R: – Siempre. El asombro es lo que más quita el aliento, no tiene forma y no se puede nombrar. Nos da mucho miedo, y no siempre la realidad se corresponde con lo que suponemos que esconde lo invisible. Lo que no vemos se adueña de nuestra imaginación y despierta nuestra desconfianza y nuestros temores. No nos gusta lo que no conocemos, no nos gusta lo que no podemos controlar. Esto ha sido así siempre, en cualquier ámbito. Las personas nos hacemos a la rutina, a lo que sabemos manejar y nos brinda seguridad. Lo demás, queda al otro lado, fuera de nuestro círculo de confort. Eso es el asombro.

P: – Descubrir el misterio que se esconde en el mundo rural. Eso han hecho pocos y grandes autores. ¿Tomaste influencias de algunos o la idea nace de tu propia mirada?

R: – Nace de mis vivencias. He escrito «Lo nuestro» en un momento de mi vida muy difícil, cuando he perdido a cuatro pilares en poco tiempo. Nació durante el duelo y se ha empapado de esas emociones, de mi tristeza, de mi soledad, de la rabia y la impotencia, del miedo a la muerte. Escribir este libro, como explico en las notas finales, ha sido como atravesar una tormenta, y ese es el espíritu que lo impregna todo de principio a fin. Además, tengo mis propias vivencias personales en un entorno aislado en contacto con la naturaleza gracias a que crecí pasando mucho tiempo en una chabola en la montaña con mis padres y hermanos. «Lo nuestro» es pues, muy mío también.

P: – ¿Qué representa esta novela en tu trayectoria?

R: – Es curioso que me preguntes esto, porque sí que supone un cambio. Ha llegado en un momento en el que yo misma me estoy transformando, en un punto de crecimiento personal. «Lo Nuestro» es un giro, y aun cuando conserva mi esencia, tiene algo diferente que la hace muy especial y marca otro rumbo. Tiene una mirada más profunda, más fondo si quieres, es más íntima. Busco esa intimidad, algo más personal que susurre al lector y le haga cosquillas, no para reír (que también puede ser), sino para estremecerse. Es además un libro muy rítmico, muy melódico. Transcurre como en un baile por la forma en que está escrito.

P: – Para quienes todavía no te han leído, ¿quién es Maite R. Ochotorena?

R: – Diría que alguien con voz propia, no me atengo a las reglas, prefiero explorar, como decía al principio, y encontrar nuevos territorios; salirme de los márgenes y ver qué hay al otro lado, con curiosidad y respeto. Escribo misterio, thriller, muchas veces hay investigaciones policiales en mis libros, no siempre. Sin embargo, no me quedo en eso, siempre quiero más y los lectores se sorprenderán cuando de pronto se topen con sucesos sobrenaturales o místicos o con que la magia se entrelaza en las páginas de una forma muy natural y realista. Nunca repito, cada libro es nuevo y distinto. Conmigo nunca sabes a dónde irás a parar. Eso sí, sé manejar las emociones y llegar al corazón.