
| Hace cuatro años, algo que solo creíamos posible en obras de ficción, se hizo realidad. Chat GPT fue lanzado al público a finales de 2022, y en apenas dos meses ya tenía más de cien millones de usuarios. En poco tiempo hemos pasado de admirar dicho avance a poner en duda cualquier imagen o vídeo que vemos. Por desgracia no somos tan críticos a la hora de cuestionar contenido informativo, y es ahí donde este arma de doble filo puede quitarnos el sueño. Porque como un cuchillo de cocina, que se puede utilizar para cortar verduras, en las manos equivocadas se convierte en un arma letal. Si no ignoramos la historia de la humanidad, por desgracia, el ser humano termina convirtiendo en arma toda herramienta en principio destinada a facilitar una labor. Las historias que encontramos en este libro podrían pertenecer al género de la ciencia ficción, pero son más afines al terror por lo reales que pueden llegar a ser, porque mucho de lo narrado está ocurriendo ya. Incluso Philiph K. Dick sentiría miedo al ver nuestro presente. Argumentos dignos del mejor capítulo de Black mirror, en cuya cabecera debería aparecer un «basado en hechos reales». Todo esto no es más que la punta del iceberg, y en ello ha debido pensar Antoni Artigues, el autor de Los tentáculos de la IA. Un recopilatorio de relatos cortos que nos pone la piel de gallina, como ocurre casi siempre cuando la ciencia ficción deja de ser ficción para convertirse en realidad. Antoni es ingeniero informático mallorquín afincado en Barcelona, que combina su trabajo con la escritura, donde este no es su primer libro. Su estilo es directo y sobrio, no se anda por las ramas, sin adornar su prosa —como suelen hacer otros escritores que cubren sus escritos de florituras y metáforas que al final quedan en nada—, con un lenguaje sencillo, Antoni va directo al grano. Nos quiere entretener, pero a la vez advertir que la Inteligencia Artificial no es un juego, no es ese amigo servicial que nos presta ayuda, sino que es una herramienta carente de sentimientos y empatía creada por empresas que buscan lucrarse a costa de los usuarios sin tener en cuenta las consecuencias. Esto no quiere decir que no sea una herramienta útil, al contrario, pero al igual que nadie considera a Google su amigo fiel, tampoco debería sentir esto por una IA. Sus doce relatos están repletos de ejemplos, algunos podrían ser casos reales, porque se nota que Artigues es un profesional, y que tanto a través de su profesión, como de su curiosidad, ha realizado un arduo trabajo de investigación a la hora de entretejer estas historias. Comienza por un sobrio prólogo en el que realiza un entretenido repaso a lo que es el Chat GPT, para alguien que como yo, nunca ha usado la herramienta, me parece harto interesante, ya no solo su uso, sino también su mal uso. El libro arranca con el relato El periodista avispado, poniendo en tela de juicio la ética de multinacionales dispuestas a vender sus productos sobre cualquier interés por el consumidor, la IA absorbe todo lo que consultamos, cuya información puede volverse en nuestra contra. O como en Los vecinos enfrentados se puede polarizar la información, manipulando a las personas para fines nada éticos, esto nos suena más, ¿verdad?; El abogado estresado nos da una lección de que delegar el trabajo a la IA no es tan buena idea; otros cuentos nos advierten de que no se debe dejar a menores usar la aplicación si supervisión, cuando incluso es peligroso para los adultos, que pueden llegar a confundir algoritmos con amor, o el peligro de confiar recursos esenciales en manos de un ente sin sentimientos, a las cuales solo las cifras importan. Así hasta los doce relatos cortos, de los cuales algunos se hacen demasiado breves, pidiendo a gritos un desarrollo en forma de novela por lo que cuentan, por lo que advierten, por lo que entretienen. Antoni se despide con datos demasiado serios como para ocultarlo tras la superficialidad de la ficción, narrando como el mal uso de esta aplicación puede inducir incluso al suicidio, donde aporta datos y casos reales de tales extremos. Insisto en que el autor no demoniza a la IA, advierte que es solo una herramienta que está a nuestro servicio, y que no debemos perder esta perspectiva. Nadie mejor que las palabras del propio escritor para dejar clara la idea: «Lo que debe prevalecer siempre es el criterio humano, al fin y al cabo las máquinas no son más que cables y algoritmos creados por el propio ser humano.» |