El esplendor de Soledad Puértolas en su madurez: diez cuentos prodigiosos.

En el camping

En el camping de Soledad Puértolas

El esplendor de Soledad Puértolas en su madurez: diez cuentos prodigiosos.

Dos viejas amigas a las que el tiempo ha distanciado comparten la perplejidad ante un mundo que cada vez entienden menos; una llamada que no se respondió ha marcado una vida; una anciana alojada en casa de su hija es testigo de los devaneos amorosos del portero del edificio y una criada… Son algunas de las historias que narra Soledad Puértolas en esta colección de diez espléndidos relatos.

En estas piezas breves asoman también parientes lejanos que reaparecen, un busto de Miguel Servet, un reencuentro en un camping durante un verano en Galicia, en un lugar de las Rías Baixas…

Demuestra la autora en estos textos su refinada maestría para observar y contar la vida, para ahondar en el alma humana con una liviandad solo aparente. Hay en estas páginas sutiles dosis de destilación y depuración, y una prosa que fluye con una pasmosa naturalidad. Una nueva muestra de la espléndida madurez de Soledad Puértolas y de su prodigioso manejo de la distancia corta.

Algunas de sus mejores obras son:

Cielo nocturno

Cielo nocturno de Soledad Puértolas 

Exploración y evocación de aquellos episodios de la infancia, adolescencia y primera juventud que se convierten luego en nuestro pasado, en la parte más esencial, primordial, de nuestros recuerdos, esta nueva novela de Soledad Puértolas da testimonio, más allá del aprendizaje o la iniciación a la vida, del asombro, de la percepción de la complejidad, del margen de reserva personal ante los imperativos de los otros, representados por los valores que se respiran en el seno de la familia, que se imparten en un colegio religioso durante los largos años escolares y que luego, ya fuera de los muros del colegio, los aires de libertad y rebeldía que corren entre los estudiantes tratan de derribar al tiempo que construyen otros. En todo el proceso se mantiene el conflicto entre el mundo y el yo íntimo, la necesidad de libertad personal. 

El hilo conductor, como la frase musical que se repite, con variaciones, a lo largo de una sinfonía, serán las relaciones de la protagonista -y narradora­con una familia de peso incuestionable en la ciudad, presente, a través de uno u otro de sus miembros, en todas las fases del proceso, inseparable ya de sus recuerdos, símbolo y motor de los mismos. La familia Moraleda, eje de la narración, ofrece el contexto social, moral y personal del personaje central. Una ciudad con río y unas décadas de nuestra historia reciente son el telón de fondo de este retrato que se sustenta sobre la azarosa búsqueda de momentos reveladores, donde los enigmas y claves del cielo nocturno cobran un fugaz sentido.

Todos mienten

Todos mienten de Soledad Puértolas

Una reflexión agridulce sobre la mentira en tono de comedia.

Sobre el transfondo frívolo del Madrid moderno, dibujado con trazos ágiles y no precisamente compasivos, Todos mienten relata el paso de la adolescencia a la madurez de un joven que ha crecido en dos ambientes casi opuestos.

En casa, rodeado siempre de las amigas de su madre, viuda de un autor teatral que conoció el éxito, siempre ha oído historias de amor contadas entre risas y lágrimas. Con los abuelos paternos, en cambio, conoce un mundo mucho más convencional, extrañamente marcado por la desgracia: la muerte, la enfermedad y la locura atacan a casi todos sus componentes.

Pero los ritos de paso que tendrá que superar el narrador de esta historia le entremezclarán con otros muchos personajes, desde ese tío materno que hizo las Américas y regresa enriquecido a España, hasta un viejo compañero de colegio que fluctúa entre el triunfador sin escrúpulos y el marido derrotado. Quizá, sin embargo, sea el hermano menor, un chico inteligente, activo y sensible, admirado por todos, el contrapunto más importante, pues, mientras que el protagonista se muestra incapaz de madurar, su hermano aprende rápidamente a vivir.

Enfrentado al vértigo de tan variadas experiencias, sometido al constante vaivén de familiares y conocidos, entre los que no encuentra su lugar, el narrador acabará aprendiendo que tal vez lo cuerdo, lo conveniente, la única forma de vivir, sea, a fin de cuentas, engañarse a uno mismo, mentir. Quien vive miente, aunque, de uno u otro modo, todos viven, todos sucumben, todos mienten.

Soledad Puértolas, cuya categoría de novelista está sobradamente consolidada, nos ofrece en Todos mienten una reflexión agridulce en tono de comedia que demuestra, una vez más, su indiscutible y personalísima fuerza narrativa.

La señora Berg

La señora Berg de Soledad Puértolas

En la línea de El bandido doblemente armado, su primera novela, y de Todos mienten, Soledad Puértolas, una de las mejores escritoras españolas contemporáneas, configura un personaje masculino que vive a la búsqueda de algo, una meta aún sin definir. El narrador, Mario, a las puertas de la madurez, cuando ya se han vivido experiencias importantes y queda, a la vez, mucho por aprender y descubrir, mira hacia atrás y, dentro de una percepción oscura del mundo, encuentra un halo de luz alrededor de muchos episodios, de muchos momentos, de muchas personas que se han cruzado con él.

Evoca los encuentros con Marta Berg, la madre de su mejor amigo. Mario se enamoró de ella en plena adolescencia, cuando la señora Berg era el mito de la vecindad. Luego, la vida se encargó de deparar extraños encuentros entre ellos que dieron lugar a largas conversaciones. Los encuentros de Mario con la señora Berg, la mujer de sus sueños, marcan la evolución de Mario y quizá representen la ausencia, ese algo que siempre falta en la vida y que, a la vez, es lo que nos hace avanzar, seguir buscando.

Desde el bar de enfrente del piso de sus padres y del piso de los Berg, poseído por el presentimiento de la muerte de su madre, Mario se encuentra sumergido en una oscuridad luminosa, ve la otra cara de la desesperación. Observa y espía los movimientos que se producen en el portal de enfrente, en el bar, en la calle, en su propio interior. Observa su propia vida y encuentra algunas emociones intactas. Observa la lluvia que cae sobre el asfalto y, sin cerrar los ojos, en medio de la luz cegadora del bar, ve los abismos tenebrosos de la vida y aún vislumbra las cimas.

Una novela de espléndida madurez en la que Soledad Puértolas alcanza y aun supera el altísimo nivel de sus últimos libros, Una vida inesperada y Gente que vino a mi boda, tan celebrados por la crítica y los lectores.

Soledad Puértolas (Ver obras)

Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) reside en Pozuelo de Alarcón (Madrid). En Anagrama ha publicado trece novelas: El bandido doblemente armado (Premio Sésamo), Burdeos, Todos mienten, Queda la noche (Premio Planeta), Días del Arenal, Si al atardecer llegara el mensajero, Una vida inesperada, La señora Berg, Historia de un abrigo, Cielo nocturno, Mi amor en vano, Música de ópera y La novela olvidada en la casa del ingeniero; nueve libros de cuentos: Una enfermedad moral, La corriente del golfo, Gente que vino a mi boda, Adiós a las novias, Compañeras de viaje, El fin, Chicos y chicas, Cuarteto y En el camping; dos volúmenes de textos autobiográficos: Recuerdos de otra persona y Con mi madre; y los ensayos La vida oculta (Premio Anagrama) y Alma, nostalgia, armonía y otros relatos sobre las palabras, este último escrito junto con Elena Cianca. Sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas. Miembro de la Real Academia Española, ha sido galardonada con premios como las Letras Aragonesas, José Antonio Labordeta y Liber, entre otros.