| Al igual que en la gastronomía, el cine o la música, existen productos de consumo rápido, en la literatura ocurre lo mismo. No me refiero a que sean buenas o malas, eso es otro tema, puesto que cumplen su cometido. Me refiero a que está la comida rápida, el cine de consumo o la novela para pasar el rato, aquella que no deja poso, solo entretenimiento. Estas clasificaciones las hacemos porque podemos comparar al existir la alta cocina, grandes obras cinematográficas o novelas que te emocionan y te marcan. El árbol en la colina se podría decir que pertenece a esta última clasificación, porque entrar en esta novela corta es como refugiarte en una bebida caliente mientras observas un atardecer lluvioso, así de reconfortante es el estilo narrativo de Francisco Chacopino. Con una prosa exquisita, este malagueño autodidacta, aficionado a la Filosofía, nos narra la historia de como la memoria de los habitantes de un pequeño pueblo llamado Ashford Hollow, permanece atada a un viejo roble, el cual domina las vistas desde lo alto de la colina donde se hizo sabio. Sus raíces no sujetan solo su ajado tronco y ramas secas, sobre ellas se sustentan las vidas de todos aquellos que comparten un secreto tan profundo como las propias raíces, tanto que ni ellos mismos conocen lo que permanece bajo la superficie. Un recuerdo tan terrible que el antiguo árbol lo desvela en silencio, condicionando tanto el pasado como el presente de aquellos que fueron testigos mudos de lo acontecido. El progreso es imparable, y un nuevo proyecto urbanístico convertirá el roble en un obstáculo a derribar, será en esos pocos días antes de su destrucción cuando esos secretos broten, y la redención o culpabilidad provocarán que los habitantes quieran impedir la desaparición del centinela de la colina, del testigo silencioso. Chacopino nos embelesa y acuna con su cuidada narrativa a través de este cuento de realismo mágico en el que combina la tragedia y el romanticismo con la exploración del alma humana. Acentúa la vulnerabilidad personal, porque no nos sentimos más vulnerables que cuando solo estamos frente a nosotros mismos. Ahí no existe ni el engaño ni la hipocresía, somos nuestro juez más severo. Repleto de frases lapidarias, esta novela hará las delicias de aquellos y aquellas que aman tanto la lectura que cubren de papelitos de colores y subrayado textos que les remueven el alma, porque de este librito rebosan esos renglones extraordinarios. Una novela que más que leer hay que degustar por todo lo que esconde en su texto, porque dice más entre líneas que lo que exponen sus palabras. Su historia nos deja huella, nos dice como los actos y recuerdos no solo nos marcan, también forman parte de nosotros mismo, porque no somos más que sus consecuencias. Si tienes la oportunidad de hacerte con esta bonita historia, no tengas prisa, que este libro no sea una muesca más de todos esos libros que has engullido en un año. Detente, disfrútalo, recréate, relee sus párrafos,. déjate llevar por sus personajes, porque cuando acabes, serán tan parte de ti como ellos lo son del árbol en la colina. |