Ni locas ni tontas

“Creían que estaban construyendo su futuro y lo que hicieron fue darnos nuestro presente”

“Creían que estaban construyendo su futuro y lo que hicieron fue darnos nuestro presente”

Hubo un tiempo no muy lejano que las mujeres no podían votar. Pero ellas lo hicieron posible.

La joven Caridad irrumpe en el despacho de la abogada Clara Campoamor, rogándole que ayude a una vecina. Su empeño sorprende a la abogada, que le ofrece trabajar en el Lyceum Club, inaugurado en Madrid en 1926 y del que son socias, entre otras, Victoria Kent, Zenobia Camprubí, María Lejárraga o Elena Fortún. Allí, la inquieta Caridad quedará fascinada por ese universo reivindicativo, descubrirá el poder de los libros y tendrá oportunidad de enamorarse de Eusebio, tan idealista como ella.

Sin embargo, el viento de la historia anuncia la caída de la República y el fin del sueño de las «señoritas del Lyceum». Caridad conocerá la soledad y la lucha por sobrevivir en un Madrid asediado por las bombas donde el amor debe ponerse a prueba, bajo sombríos presagios.

Esta novela nos permite dialogar con figuras extraordinarias. María Pérez recoge sus voces, sus hechos y sus derivas dentro de una España convulsa: dictadura, monarquía, república, dictadura.

Las mujeres del libro

Ellas no están solas, la prensa las criticará y las apodará “Las maridas”, en tono peyorativo. Ciertamente ellas están casadas; con el poeta Juan Ramón Jiménez o el dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, o el político Azaña, o son familia de los Baroja, o de un reconocido intelectual o de un famoso pintor. Son mujeres conscientes de su estatus pero que cambian su condición de “mujer de” para sobresalir individualmente en todas sus aspiraciones; abogadas, poetas, escritoras, traductoras, periodistas…

“Mujeres adultas y todas ellas con inquietudes —piensa María de Maeztu—, aunque bien es cierto que también son todas de una clase social privilegiada; aristócratas, mujeres de embajadores, las primeras licenciadas de España, mujeres casadas con intelectuales, escritores y políticos…, y hasta nos han puesto mote, “¡las maridas!”, que no hay nada que escape a este Madrid castizo. ¿Seremos capaces de poner en pie este cambio femenino? —se pregunta—, ¡qué nuevo reto para la mujer española y qué difícil siempre!”

Por el libro pasan muchas mujeres que son hoy conocidas, y no solo por sus maridos, pero también, como la protagonista, otras que son las invisibles de una época, llenas de dificultades, pobreza e injusticias, sin derechos.

Carmen Abreu (1898-1981). Socia, traductora profesional, actriz amateur de El Mirlo Blanco bajo la dirección de Rivas Cheriff. Casada con el pintor Federico Peña y luego con Hans Oberflt.

Encarnación Aragoneses, «Elena Fortún» (1886-1952). Socia, escritora muy popular por su saga Celia. Exilio en Argentina. Murió en Madrid. Casada con Eusebio Gorbea, militar republicano, dramaturgo por afición colaboró en El Mirlo Blanco, se suicidó en Argentina.

Carmen Baroja Nessi (1883-1950). Socia fundadora, miembro de El Mirlo Blanco, escribió varios libros y realizó trabajos artísticos. Hermana de Pío (escritor) y Ricardo (pintor). Casada con el editor Rafael Caro Raggio.

Josefina Blanco (1878-1957). Socia, actriz profesional de teatro casada con Ramón del Valle-Inclán. Clara Campoamor les tramitó el divorcio.

Clara Campoamor (1888-1972). Abogada. Diputada. Escritora. Oponiéndose a su propio partido pidió el voto para la mujer. Lo consiguió. Impulsó leyes innovadoras y tramitó causas de divorcio muy mediáticas. No fue socia del Club. Exiliada en Argentina y Suiza donde murió.

Zenobia Camprubí (1887-1957). Secretaria General del Lyceum, traductora profesional, empresaria. Exiliada en Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico, donde murió. Casada con el poeta Juan Ramón Jiménez.

Ernestina de Champourcin (1905-1999). Socia. Poeta de la generación del 27. Exilio en México. Murió en Madrid. Casada con Juan José Domenchina, poeta y secretario personal de Azaña.

Rosa Chacel (1998-1994). No fue socia. Escritora de la generación del 27. Exilio en Brasil y Argentina. Regresó a España y se le reconoció su labor literaria. Casada con el pintor Timoteo Pérez Rubio.

Amalia Galárraga (1885-1970). Tesorera del Lyceum Club, amiga de Carmen Baroja casada con José María de Salavarría, periodista, escritor.

Matilde Huici (1890-1965). Socia, abogada, especializada en Tribunales de Menores. Exilio en Chile.

Victoria Kent (1898-1987). Vicepresidenta del Lyceum, primera mujer abogada junto con Clara Campoamor y Matilde Huici. Directora General de Prisiones. Diputada en 1931 y 1936. Exiliada.

Rosario Lacy de Palacio (1891-1954). Secretaria del Club, fue la primera mujer médico. No ejerció nunca profesionalmente. Desarrolló “Las Casas del Niño”, guarderías. Casada con Tomás de Elorrieta, catedrático de derecho político.

María Lejárraga (1874-1974). Socia fundadora, escritora (teatro, ensayo, libretos musicales, traductora), casada con Gregorio Martínez Sierra, empresario teatral. Firmó siempre como María Martínez Sierra y hay documentos que prueban que las obras de Gregorio fueron escritas por ella. Diputada en 1933. Exilio en Argentina donde murió.

Maruja Mallo (1902-1995). Pintora muy destacada y nombrada en las corrientes pictóricas de principios de siglo. Se relacionaba con Rafael Alberti, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Concha Méndez. Exilio y muerte en México.

María de Maeztu (1881-1948). Presidenta del Lyceum Club. Primera mujer española pedagoga. Gran reformadora, defensora e impulsora de la educación de la mujer. Directora de la Residencia de Señoritas. Hermana de Ramiro de Maeztu, periodista, escritor, y del pintor Gustavo de Maeztu. Murió en Argentina.

María Martos Arregui (1888-1981). Socia fundadora. Gran lectora también se encargó de la biblioteca del Club. Casada con Ricardo Baeza, editor, diplomático.

Concha Méndez (1898-1986). Socia fundadora, escritora, poeta de la generación del 27. Exilio en México donde murió. Casada con Manuel Altolaguirre, poeta e impresor.

Isabel Oyarzábal Smith, «Beatriz Galindo» (1878- 1974). Vicepresidenta del Lyceum, escritora, traductora y corresponsal de prensa extranjera, casada con el pintor Ceferino Palencia. Fue embajadora en Suecia. Exiliada en México donde murió.

Mabel Rick. Socia, casada con Ramón Pérez de Ayala, escritor, político y uno de los firmantes del Manifiesto de los intelectuales de 1931.

Dolores Rivas Cherif (1904-1993). Socia, casada con Manuel Azaña. Hermana de Cipriano Rivas Cherif (dramaturgo y director de teatro). Exiliada en México.

Pilar de Zubiaurre (1884-1970). Fundadora. Intelectual, escritora, pianista y marchante de arte, casada con Ricardo Gutiérrez Abascal, se exiliaron en México.

Y más muchas más: Pura de Ucelay. Helen Phipps (Vicesecretaria). Luisi Graa, Trudy Graa, Carmen Ibáñez, María Rodrigo, Benita Asas Manterola…

Lucha, memoria y reconocimiento. Voto

“De haber imaginado Caridad que iba a leer en voz alta, habría practicado más frente al espejo, como hace cada día para mejorar su dicción. Sin embargo, sus palabras al inicio vacilantes adquieren firmeza según va enumerando los puntos en los que tantas horas ha visto trabajar a la letrada Huici”:

  1. Que la patria potestad se ejerza en común por el hombre y la mujer durante el matrimonio, y la viuda que contraiga segundas o posteriores nupcias conserve la patria potestad sobre los hijos del primer o anteriores matrimonios ya que el Código Civil vigente le reconoce esta facultad solo cuando el marido difunto lo hubiese dispuesto así en el testamento.
  2. Reconocimiento sin limitaciones de la facultad de la mujer soltera o casada para ser testigo en los testamentos, formar parte del Consejo de familia, ser tutor, protutor, curador, albacea, etc.
  3. Administración y gobierno común de los bienes gananciales con prohibición de ambos cónyuges a hipotecar gravar o enajenar bienes inmuebles y valores industriales y públicos sin el consentimiento del otro. Que los motivos de desheredación sean idénticos para el hombre y la mujer…

— ¡Cuánto camino todavía tenemos que andar!

La ilusión

“Llegan por la plaza hombres y mujeres que se acercan al número 31 de la calle Infantas, son los últimos rezagados que asisten a la inauguración del Lyceum Club. Una pareja de mujeres, con sus atrevidas y modernas gabardinas a media pierna, charlan acompañadas de su rítmico taconeo.

—Me han dicho que es un club sin beatas…

—¿Dices que no tienen una sección católica, o mariana?

—No, no, nada de eso
 —¿Y entonces, qué hacen?
 —Chica, yo no sé… Arte, conferencias…, fraternidad femenina…


—¿Fraternidad femenina?, y, ¿eso qué es?
 —Algo muy moderno…, ya verás. Venga, venga, deprisa…



 “Buenos días, señores (periodistas), soy la presidenta del Lyceum Club, María de Maeztu, ¿les puedo ayudar en algo?

Están ustedes visitando el Lyceum Club —anuncia orgullosa—. El primer Lyceum Club se fundó en Londres en 1904 por Constance Smedley. Y este es el primer Club femenino en España, apolítico y aconfesional, fundado en abril de 1926, centro de reunión, plataforma de desarrollo cultural…, movimiento de fraternidad femenina…

No se equivoquen caballeros, esto es mucho más que un centro de recreo interrumpe decidida-, Será un lugar donde las mujeres colaboren, aprendan, se ayuden, tenemos muchas ideas. Y siempre me pueden encontrar en la Residencia de Señoritas, otra institución a la que deberían prestar su atención”.

Las críticas

—“ Dejadme un poco de luz, y seguiré leyendo en voz alta… —indica María de Maeztu.

«FEMINISMO Y MASCULINIZACIÓN: SILUETAS RECTAS A “LO MANCEBO”, PELO A “LO CHICO”; CIGARRILLOS EGIPCIOS, ADEMANES VIRILES Y CLUBS»…

—Pues no parece que empiece muy bien…

— ¡FEMINISMO! —replica tajante María Lejárraga—, ¡ya estamos otra vez amenazando!, ¡que viene el lobo!, parece que vocean, ¡qué niñería!, ¿es que no se dan cuenta de que el feminismo no es algo monstruoso?

—María —interrumpe una socia—, no todos saben…

—Desde 1917 vengo aclarando esta palabra, «feminismo» —continúa enérgica —, incluso ya se ha dicho en conferencias —dice recordando cuando su marido Gregorio lo leyó ante un numeroso público, y repite como una autómata —: «Feminismo, explicaciones que disipen de una vez para siempre, a ser posible, el temor que ese vocablo fantasma despierta en tantos corazones bienintencionados, en tantas timoratas conciencias…, el feminismo quiere sencillamente que las mujeres alcancen la plenitud de su vida, es decir, que tengan los mismo derechos y los mismos deberes que los hombres, que gobiernen el mundo a medias con ellos ya que a medias le pueblan…».

—No te alteres,

—Continúo leyendo la crítica «… y el tesoro de la mujer española es su dulzura, su piedad, su comprensión humanitaria de todos los dolores, y cualquier cosa que pueda cegar estas fuentes lo creemos un sacrilegio…».

—¡Qué simpleza! ¿Dónde queda el esfuerzo, el reconocimiento de la sociedad, el estudio, las leyes, la igualdad en el trabajo, los derechos y el voto de las mujeres?, ¿es que solo servimos para la comprensión del «dolor, piedad o dulzura»?

—Calma, Clara, es solo un periodista inculto…, le contestaremos en el foro adecuado a través de nuestras conferencias…y en el momento adecuado…

—«… un cotarro donde predomina la intelectualidad».

—¡La educación de la mujer…, la educación de la mujer, no hay problema más urgente que este!, mientras nos sigan viendo solo como un tesoro de dulzura y piedad así nos tratarán, solo como a una joya para lucir y guardar…. ¡La educación de la mujer es nuestra principal meta! —Se levantó enérgica María de Maeztu.

Efectivamente, María Lejárraga gran defensora de la mujer escribió: “el feminismo quiere sencillamente que las mujeres alcancen la plenitud de su vida, es decir, que tengan los mismos derechos y los mismos deberes que los hombres, que gobiernen el mundo a medias con ellos ya que a medias lo pueblan”.

La autora

María Pérez Herrero ha desarrollado su carrera en el campo de la comunicación y las relaciones públicas. Desde hace años escribe guiones y narrativa, recibiendo nominaciones a sus relatos y/o cuentos infantiles, destacando ¿Somos todos diferentes? de la Fundación Derechos Civiles y ¿Tiene patitas? Primer premio del certamen Rosa Chacel de la Dirección General de la mujer. Es la presidenta de la Asociación de Mujeres Guionistas entre guiones– (www. asociacion-entreguiones.com) y socia de Lapsus. Es autora de Ellas te hablan, monólogos teatrales que dan voz a personajes como Emilia Pardo Bazán, María Lejárraga, Zenobia Camprubí o Elena Fortún.

admin

Pepe Rodríguez es el fundador de El Placer de la Lectura.

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