El puente de los Asesinos – Arturo Pérez-Reverte

El Alatriste de esta novela es un tanto diferente a los anteriores. Lo que se venía apuntando desde El caballero del jubón amarillo y con mayor claridad en Corsarios de Levante ha dado un salto cualitativo en El puente de los asesinos, es ahora un personaje más oscuro, más cansado y mucho más cínico, aunque siempre tuvo dosis elevadas de esa característica. Si a esto le unimos un uso más radical del habla antigua y de germanía que nos presenta esta narración ya tenemos las principales características de esta novela. El autor hace un esfuerzo grande en el uso del vocabulario, en el tratamiento del lenguaje e incluso en la construcción de las frases, todo para acercarlo al habla de aquellos siglos y el esfuerzo tiene recompensa porque lo consigue y crea literatura tan viva que si apareciera un hombre vestido de aquella guisa por nuestro lado no dudaríamos de la realidad. LEER MÁS

Pero toda victoria tiene sus pleitesías y en este caso no podía ser menos. Alatriste siempre tuvo una gran atracción hacia los más jóvenes, desplegando para ellos una narración de carácter sencillo, repleta de acción y de entretenimiento, incluso el propio formato del libro ayuda a ello, con ilustraciones de categoría, pero El puente de los asesinos se distancia de esos lectores, por momentos es preciso tomar el diccionario por la descarga tan fuerte de arcabucería léxica que nos envía el autor.

Gusta el autor de tomar el diccionario y usarlo con profusión en busca de la palabra más exacta para definir un hecho o un matiz, usando, en algunos casos, acepciones de una palabra de trato diferente como por ejemplo la palabra crudo, a la hora de describir personajes, o fosco, a la hora de describir un cielo.

Toda la novela es un ejercicio aventurero, desde el comienzo en adelante, desplegando una poderosa puesta en escena que nos traslada a la Italia del siglo XVII e incluso, en algunos momentos como la descripción del saco de Roma, llegamos a oler el olor acre de la pólvora. Dentro de ese marco Pérez-Reverte gusta de la vieja infantería, de aquellos hombres considerados por afamados capitanes como “milicia vieja” y que la historia y la desmemoria de este país se ha ocupado de dejar olvidados en un desván.
Lo que Alatriste recordaba de los asedios, su perspectiva y su limitado paisaje, era siempre cercano y a ras de tierra: trincheras embarradas, hambre, sueño y frío, caponeras llenas de ratas, mantas con chinches, piojos, centinelas perdidas bajo la lluvia, asaltos sangrientos y golpes de mano encarnizados, arcabuzazos a quemarropa. Lo propio del oficio. La fiel infantería del rey Católico, en guerra con medio mundo; sufrida, mal pagada, insaciable de despojo y botín, amotinada a ratos pero impasible bajo el fuego enemigo, vengativa y crudelísima en el degüello. Orgullosa y temible siempre, bajo sus harapos.” Pag. 62.

Podría decir esto o simplemente citar una buena cantidad de ciudades europeas y de lugares donde dejaron muy claro su fe y su oficio, pero Pérez-Reverte lo hace mucho mejor y nos deleita con una prosa contundente y con un gran sabor.
Gusta sobremanera el autor de leer a antiguos tratados o memorias de soldados de aquellas épocas y esas narraciones y lecturas se perciben en cada recodo del libro, ayudando a dotarle de una mayor carga de épica, lo cual, considero es el mayor mérito de los libros de Alatriste.

En esta novela, muy cercana al mar y a puerto de comercio como fue Venecia, el autor la dota de un regusto muy particular de puerto, de muelle, de lo que todos imaginamos de lo que es una ciudad portuaria y sobre todo de las conjuras enrevesadas que tomaron su nombre de aquella ciudad.

También el autor tiene tino para tratar con gran categoría ciertos elementos fundamentales en la novela y es ese gustillo a venta peligrosa, a vino avinagrado, a callejón portuario, a señoras que alquilan lo que la naturaleza les ha dado:
Diré en este punto que el mundo conoce putas de toda suerte: hay putas de celosía, putas de ventana, putas de cantón, putas de natura, putas con virgo, putas antes de su madre, putas reputas y putas de toda laya, lo mismo que hay putas que de ningún modo parece que lo fuera, hasta que se desnudan y lo son.” Pag. 159.

En resumen una novela que depara gratas horas de lectura, muy aconsejable y si quieren un consejo tómenlo con paciencia, a veces hay que leer con esmero para captar la mayor esencia posible de lo que el autor ha querido transmitirnos. Que lo disfruten.

Sergio Torrijos

FICHA DEL LIBRO

Título: El puente de los Asesinos | Autor: Arturo Pérez-Reverte | Editorial: Alfaguara| Páginas: 384 | Precio: 19,50€|Reseñado por Sergio Torrijos

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