¿Qué podemos aprender de los animales no humanos?


Tras YO, MONO, Pablo Herreros regresa con LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DE LOS ANIMALES

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¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE LOS ANIMALES NO HUMANOS?
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La inteligencia emocional de los animales
Todo lo que mis perros y otros animales me enseñaron sobre psicología humana.
¿Cuánto cerebro y cuánta conciencia son necesarios para sentir? ¿Te quiere tu perro? ¿Son felices los animales? ¿Con qué sueñan? ¿Qué sienten ante la muerte de sus seres queridos?

Un libro para animales sensibles, dedicado a todas las personas que encontraron en los animales todo el amor y la empatía que los humanos no supimos o no quisimos darles.

¡Ya en librerías!
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«Después de todo, los humanos somos más animales de lo que creemos, y los animales más humanos de lo que nos han hecho creer hasta ahora. Aceptemos que las emociones dan sentido y profundidad a la vida. Sin ellas no somos nada y vagaríamos solos por el mundo, o quizá nos hubiéramos extinguido hace tiempo. Son un regalo de la evolución y herencia de nuestros ancestros para explorar, sentir y relacionarnos con el mundo que nos rodea. Ellos y nosotros compartimos códigos basados en sentimientos de amor y amistad, y por ello podemos relacionarnos y crear experiencias comunes. Un mundo en el que las palabras sobran, y donde los sentimientos sencillamente son y se justifican por sí mismos.»

PABLO HERREROS

DOSSIER DE PRENSA
La inteligencia emocional de los animales es un fascinante viaje a la mente de varias especies de animales, para finalmente llegar a los orígenes de emociones que hasta ahora creíamos exclusivamente humanas. A pesar de que somos diferentes y estamos alejadas evolutivamente a las distintas especies, nos unen más cosas de las que nos separan.

“La mayoría de las personas han tenido algún tipo de experiencia emocional con animales en su vida. A los que convivimos con ellos, nos encanta ver su felicidad al correr, cómo se inventan juegos y contamos a nuestros amigos lo contentos que están o lo abatidos que se sienten cuando enferman. Nos alegramos juntos, son sensible a nuestro dolor y podemos comunicarnos con ellos. Si no fuera así, ¿por qué narices íbamos a tener un ser en casa que ni siente ni padece? Nos gustan precisamente por esto: porque se emocionan y nos contagiamos unos a otros.

“Varias disciplinas científicas han demostrado que nuestra intuición estaba en lo cierto. Por esta razón, apoyándome en investigaciones más recientes, mis años de experiencia estudiando primates y otras especies inteligentes, así como mi vida <<pata a pata>> con un perro con quien convivo desde hace veintiún años, ha llegado la hora de demostrar aquello de los que muchos estábamos convencidos desde niños: los animales también poseen emociones y las usan igual que nosotros, para sentir, guiarse, relacionarse y explorar el mundo que les rodea.

“Ahora bien dado que mi propósito es demostrar que los animales tienen emociones pero que también nos ayuda a conocernos: ¿cómo es posible que lo hagan? Cuando investigamos cómo siente o piensa un animal, los resultados nos aportan datos sobre nuestra psicologíadebido a que la mayor parte de la historia evolutiva del ser humano se ha desarrollado en común con otros animales.”

“Así que cuanto más estudio a los animales más conozco a nuestra especie. Lo mismo pasa a la inversa: gracias a estas comparaciones, se desentierran pistas poco conocidas en nuestra especie, como por ejemplo la función de la risa, por qué lloramos o la razón por la que solo tenemos cosquillas cuando nos las hace otra persona. U otros más relevantes y que podemos poner en práctica para evitar sus efectos negativos, como el hecho de que nuestra salud se deteriora cuando estamos solos, o la manera en la que la sociedad y la familia condicionan a las crías de delfines, gatos o chimpancés, influyendo en su carácter adulto.”

“Es cierto que no sabemos con exactitud qué sienten otros animales, ya que no podemos preguntarles directamente y las emociones tampoco se pueden ver a través de un microscopio. Pero podemos fijarnos en su conducta, descubrir si utilizan los mismos neurotransmisores, hormonas y, en casos excepcionales, obtener imágenes del cerebro para determinar hasta qué punto son capaces de sentir.”

“Si tenemos en cuenta que las emociones y sentimientos surgen en el cerebro y que la «maquinaria» de la mente que los hace posibles es compartida con otros seres vivos, ¿por qué absurda razón iban a carecer de ellos? Cada especie es única a la hora de tener miedo o estar triste. Puede que el amor que mueve a una hembra de elefanta a cuidar a su cría muriéndose no sea al cien por cien idéntico al que siente una humana, como tampoco es igual en todas las mujeres, pero eso no quiere decir que no se trate de amor. Nunca podremos llamar al amor animal «amor humano», pero al menos sí «amor de elefante», por ejemplo.”

Los animales no son robots. Todas las investigaciones científicas y obsservaciones permiten concluir que son muchos los animales que poseen sentimientos, y algunos son equiparables a los humanos. Desde los reptiles y su fiebre emocional, pasando por las aves que se comprometen y sienten amor mutuo toda la vida, hasta los mamíferos, que nos vengamos y hemos desarrollado sentimientos complejos, algunos incluso de claro tinte moral, como el sentido de la justicia y los deseos de igualdad.”

“Porque para ellos y nosotros, los sentimientos importan y tienen un enorme impacto en nuestras vidas. Por eso sufrimos cuando estamos lejos de aquellos que amamos o nos abandonan; mostramos afecto hacia nuestros amigos para estrechar lazos y también nos enfadamos cuando intentan hacernos daño. Sin emociones, todo lo que conocemos como universo o red social del individuo no existiría, ya que necesitamos de sensaciones asociadas a la afinidad y el rechazo para poder desarrollar la vida en sociedad con eficacia.”

UNA PEQUEÑA MUESTRA DE TODOS LOS ANIMALES CON ALMA QUE HABITAN EN ESTAS PÁGINAS

¿CUÁNTO CEREBRO Y CUÁNTA CONCIENCIA SON NECESARIAS PARA SENTIR?

“Mientras estudiaba primatología quise comprobar por mí mismo, así que un día lleve un espejo a Patricia, una chimpancé de Santillana del Mar con la que realicé varias pruebas. Ella al verlo comenzó a sacarse los mocos, se inspeccionó las axilas y se explotó los granos de la cara como si fuera una adolescente con acné. Estas reacciones dan a entender que se percata de esa imagen, se reconoce y la usa como hizo Patricia para sus <<tratamientos faciales>>.

EL DIA QUE LA MAMÁ ELEFANTA SE REENCONTRÓ CON SU PEQUEÑA MABEI

Un comportamiento que ilustra la intensidad e importancia de los lazos emocionales y maternales entre los elefantes es la historia de una bebé de elefante llamada Mabei, robada de su manada y puesta a trabajar como esclava en Tailandia. Mabei fue liberada a la organización de Karen Elephants. Estos buscaron a la madre de la cría y organizaron un encuentro. “Cuando se produjo el esperado momento ambas se quedaron en shock y estuvieron en silencio durante media hora. Pero después comenzaron a unir sus trompas, abrazándose y acariciando sus cuerpos, una escena que puso la piel de gallina a todo los que allí estaban, que no pudieron contenerse y rompieron a llorar.”

LOS PRIMATES CUIDAN A SUS CRÍAS CON SÍNDROME DE DOWN

Christina una hembra de chimpancé de Mahale (Tanzania), dio a luz a una preciosa bebé hembra que nació con esta dificultad. Además sufría un hernia que le impedía sentarse si no era con ayuda de terceros. Christina continuó con todo su cariño, proporcionando esos cuidados especiales que su hija necesitaba. Ese comportamiento nos recuerda a las madres humanas que luchan y se esfuerzan para que sus crías con problemas de salud tengan la mejor calidad de vida. Christina cuido de ella, la protegió y no la soltó, dejo de comer termitas para poder sujetar a la cría entre sus brazos. Continuo luchando por su hija hasta el final, a pesar de la ansiedad que eso le provocaba.

TOPILLOS QUE SE CONSUELAN

“En un experimento llevado a cabo por Larry Young y James Burkett, estos descubrieron que unos topillos que viven en Centroamérica acarician a los individuos estresados. La particularidad es que solo lo hacen con los topillos que conocen. Además a nivel cerebral les pasa lo mismo que a los humanos: segregan oxitocina, lo que les hace sentirse tranquilos para recuperar la sensación de bienestar.”


AMOR PARA TODA LA VIDA

Los guacamayos son unas aves muy bellas que conservan la misma pareja toda la vida. Durante los primeros años, deben escoger con quien vivirán para siempre en estos acantilados de barro que se forman en las riberas de los ríos. Pero cuando uno de ellos pierde a su pareja por accidente o es atrapado por alguna rapaz depredadora, el viudo o viuda suele dejar de comer y se debilita. Pierde la fuerza para agarrarse y entonces se precipita al vacío, golpeándose contra las rocas y muriendo. Algunos expertos hablan de suicidios. Cuando el amor une a dos personas, los humanos hacemos cosas inimaginables.

INDICADORES DE AMISTAD

La proximidad física y el número de interacciones en las que se tocan, acicalan o se rozan los mamíferos son otras evidencias de que nos encontramos ante una amistad. Entre los delfines, el número de caricias que se hacen cuando nadan y frotan suavemente su piel en el agua es un buen indica­dor de amistad. El mismo objetivo tienen los elefantes cuando enredan sus trompas. Son comportamientos que demuestran la intensidad de la relación. De idéntica forma, en humanos podemos saber quiénes mantienen una relación preferencial observando cuánto tiempo dedican a hablarse uno al otro; o ya en contextos más íntimos, midiendo el número de caricias, besos y abrazos.

MALENTENDIDOS EN LA COMUNICACIÓN ANIMAL-HUMANO

Una señal humana confusa para los perros y algunos primates es la sonrisa, especialmente cuando abrimos toda la boca y se nos ven mucho los dientes. Es probable que a tu perro no le asuste, pero no lo apliques a todos los animales. Para los cánidos y otros primates es una señal de agresividad, ya que ellos mismos la utilizan para avisar de que están de mal rollo con otros. Por algo existe la expresión «enseñar los dientes» en nuestra lengua.

Por ejemplo, en momentos de tensión, los chimpancés poseen una risa asociada a esa sumisión que suele calmar a los agresivos muy parecida a la nuestra que consiste en enseñar todos dientes y abrir la boca tirando de los músculos de la comisura de los labios (bared teeth smile, en inglés). Se cree que nuestra sonrisa cumple funciones similares, aunque nosotros tengamos un repertorio mayor al poder combinarlo con otros gestos y expresiones.

CUANDO LA EMPATÍA SALTA LOS LÍMITES DE LA ESPECIA

Muchos expertos apostaron por la idea de que el ser humano es la única especie que ayuda a otras de modo consciente. Pero los casos de asistencia de algunos animales a individuos de otras que están en peligro han revelado la presencia inesperada de niveles de empatía superiores en otras.

En unos estudios de la Universidad de Londres Glodsmiths, se analizó la respuesta de los perros ante personas que simulaban llanto frente a dos grupos de control, uno de los cuales solo hablaba y el otro tarareaba una canción. Los resultados de las pruebas mostraron que los perros estaban más preocupados y se acercaban más veces a las personas que estaban tristes que a las de los otros dos grupos. De nuevo, los perros segregaban oxitocina cuando los miraba su dueño.

Los grandes simios tienen la capacidad de ponerse en el lugar de otros, incluso cuando no son de su propia especie. La psicóloga Penny Patterson enseñó en los años setenta el sistema americano de signos a una hembra de gorila llamada Koko. Esta aprendió a usar varios cientos de signos y a entender un número parecido de palabras habladas. Un día, Patterson mostró a Koko un grupo de gatos para que escogiera el que más le gustara. La reacción de la imponente gorila ante el minúsculo gatito puso de manifiesto la precisión que la empatía nos otorga a algunas especies, ya que un ser del tamaño de un gorila, para interactuar con un felino tan pequeño sin lastimarlo, debe ajustar sus movimientos y caricias teniendo en cuenta su tamaño, peso, fragilidad, necesidades, etc., algo que Koko realizó como si fuera la madre del gatito.

¿TIENEN SENTIMIENTOS MORALES LOS ANIMALES?

Hay suficientes evidencias de que los ani­males son seres conscientes y emocionales, pero ¿distin­guen entre el bien y el mal?

De Waal y Sara Brosnan han probado que los primates se niegan a trabajar y cooperar cuando sienten que se les trata de forma injusta. En unas pruebas por parejas con primates capuchinos, primero les enseñaron a intercambiar fichas de plástico por trozos de pepino. En el siguiente paso, se introdujo la condición de injusticia, dando solo a uno de ellos la uva, una comida que les gusta más que el pepino, a cambio de la misma ficha. La reacción de la «víctima» cuando vio a un compañero recibir una recompensa mayor que la que él percibía por la misma ficha fue rechazar el pepino y negarse a realizar el intercambio, arrojando el alimento fuera de la instalación o a la cara de investigador y comportándose con inequívocos signos de frustración.

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Pablo Herreros Ubalde es sociólogo, antropólogo y experto en comportamiento animal. Conferenciante en Hispanoamérica, aplica sus investigaciones sobre la conducta de los animales a ámbitos como la empresa, la psicología, la política o la educación. Ha publicado en medios de prestigio como National Geographic y dirige una sección en Muy Interesante. Ha creado y presentado el programa «Yo, Mono» de TVE. Fue director de sección en El Mundo y del blog Somos Primates (Grupo Punset). Creador de contenidos televisivos, colaboró en el programa Redes y ha trabajado con Javier Sardá en Discovery Channel. Tres veces TEDx speaker, es Coach Senior certificado y ha impartido formación con Eduard Punset y su fundación. Es profesor universitario y experto en comportamiento organizativo, innovación y transformación digital, trabajos que compagina con su cargo de Consejero de Innovación de ASEPEYO y otras grandes empresas.

www.somosprimates.com – @somosprimates

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