Accidente nocturno de Patrick Modiano

Maquetación 1

El año Modiano se ha terminado, y en él hemos asistido al habitual despliegue editorial alrededor de la obra del Nobel de turno, con la consiguiente recuperación de antiguas ediciones o la publicación de textos no traducidos anteriormente. Una tarea que, en este caso, resulta fácil por la fecundidad literaria del francés, tanto como satisfacer la curiosidad del neófito por la brevedad de sus textos; reclamo tentador para esos no iniciados que creen poder despachar la lectura obligatoria del momento con un acercamiento puntual, sin saber que pueden quedar atrapados en ese universo atemporal de las calles de París por las que deambulan hombres y mujeres que, al intentar recordar y reconstruir el pasado, se hacen conscientes de su evanescencia, de su deleble huella.

El narrador de ‘Accidente nocturno’, uno de esos textos inéditos hasta ahora en castellano, recuerda, treinta años después, la noche de su juventud en la que fue golpeado por un vehículo, con cuya conductora compartió unas horas extrañas ante la presencia de un oscuro individuo para acabar despertando en la soledad de una silenciosa clínica. Unos sucesos que el protagonista interpreta como el punto de inflexión que su vida necesitaba, y que le permiten, mirando hacia atrás desde el presente, hacer inventario del tiempo anterior al accidente.

De esa forma, rescata la figura del doctor Bouvière, representante de los guías intelectuales de los sesenta, al que conoció en sus azarosos desplazamientos nocturnos; y la de su propio padre cada vez más distante y solitario. Ese desapego afectivo tiene su correspondencia física en el alejamiento progresivo de sus residencias, un ejemplo más del empeño del autor en entrelazar las topografías interiores de sus personajes con las de la ciudad que no cesan de recorrer.

Los locales en los que Bouvière se rodea de sus acólitos, entre los que el narrador encontrará la posibilidad de una historia de amor, son otra constante en la obra de Modiano. Funcionan como islas de calor y reposo en las que detenerse durante la larga exploración nocturna; como el que acoge las reuniones en ‘El café de la juventud perdida’. Son reminiscencias de aquel que su maestro Raymond Queneau dibujara en la novela ‘Los últimos días’, y que forman parte ya de la imagen de la ciudad más literaria.

Voces que vuelven del pasado, vecindades inesperadas, unos libros de Bouvière encontrados casualmente en los puestos del Sena después de muchos años, se confabulan, de forma inquietante, para remover los recuerdos de un tiempo en que el protagonista creyó llegado el momento de poner orden en su vida. Pero para eso consideraba vital la información que, sobre su pasado, pudiera aportarle la mujer del accidente cuyo rostro creyó reconocer, y que le permitiría conseguir una base sólida desde la que despegar hacia un futuro abierto.

Con esos presupuestos se embarcará el joven avatar del narrador en una búsqueda obsesiva que le llevará, arrastrando con él al lector, a callejones en los que se para el tiempo, a encuentros oníricos con otros habitantes de la noche, o a la posibilidad de saltar a un mundo paralelo al volver la esquina. Todo un despliegue esperanzado de energía que el autor, siempre fiel a sí mismo, contrasta con el desencanto de la versión madura del protagonista, alguien que considera inútiles los esfuerzos para reconstruir la propia historia, inevitablemente obstaculizados por la acción corrosiva del olvido y por los engaños de la memoria.

En definitiva, todo el arsenal del autor francés al servicio de un texto vibrante y absorbente. Así que, si aún no se ha expuesto al virus Modiano, tenga cuidado con ‘Accidente nocturno’: es uno de sus portadores más peligrosos.

Reseñado por Rafael Martín

Escrito por Patrick Modiano

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Patrick Modiano nace en Boulogne-Billancourt el 30 de julio de 1945. Hijo de una actriz belga y de un hombre de negocios italiano, creció entre Jouy-en-Josas y la Alta Saboya. Las ausencias repetidas de sus padres le acercan a su hermano mayor, Rudy, que muere a la edad de diez años. Tras aprobar la selectividad, decide dedicarse plenamente a la escritura. Sus primeras obras giran en torno a la ocupación nazi y el colaboracionismo (El lugar de la estrella, galardonada con el Premio Roger Nimier y el Premio Fénéon, La ronda de noche y Los bulevares periféricos). En 1978 obtiene el Premio Goncourt por La calle de las tiendas oscuras, una novela en la que la Segunda Guerra Mundial, y en 1984 recibe el Premio de la la Fundación Pierre de Mónaco por el conjunto de su obra. En castellano, entre otras, también se han publicado Domingos de agosto, Viaje de novios, El rincón de los niños, Las desconocidas, Dora Bruder y Joyita. Este gran autor, de una extremada sensibilidad, describe en sus ficciones la búsqueda de la propia identidad, que oscila entre el recuerdo desgarrador y la tentación de la amnesia benéfica. Ha recibido el Premio Nobel de Literatura 2014. El jurado del Premio Nobel lo definió como «un Proust de nuestro tiempo».

Ficha técnicaCaptura de pantalla 2014-11-22 a la(s) 13.08.27

PVP con IVA 14,90 €
Nº de páginas 144
Traducción María Teresa Gallego Urrutia

«Entrada la noche, en un día ya lejano en que estaba a punto de cumplir la mayoría de edad, cruzaba la plaza de Les Pyramides en dirección a la plaza de La Concorde cuando salió un coche de entre las sombras. Primero pensé que me había rozado; luego noté un dolor agudo del tobillo a la rodilla. Había caído desplomado a la acera. Pero conseguí levantarme. El coche dio un bandazo y chocó contra uno de los arcos de los soportales de la plaza con ruido de cristales rotos. Se abrió la puerta y salió tambaleándose una mujer.» Así, con un joven atropellado en el centro de París por un Fiat verde, arranca Accidente nocturno.

La policía toma declaración a los implicados y después el joven es enviado a una clínica para que le curen la pierna. Mientras convalece, ese accidente le trae el recuerdo de otro vivido en la infancia y no logra quitarse de la cabeza a la mujer que lo ha atropellado. Al salir de la clínica decide emprender la búsqueda de la conductora, sobre la que tiene algunas pistas: un nombre, Jacqueline Beausergent, y una dirección, glorieta de Alboni. Y de este modo, en ese París convertido en territorio modianesco –esa ciudad trazada a la vez sobre un mapa real y sobre otro que pertenece al territorio de la ficción, del mito–, se desarrolla una doble pesquisa: seguir el rastro de una mujer elusiva y rebuscar en el pasado del protagonista, a quien el accidente le ha avivado ciertos recuerdos.

La novela se estructura, pues, como una indagación detectivesca en la que no se investiga un crimen sino las incertidumbres de la juventud y la memoria que forja el relato de nuestras vidas, y en la que no se persigue a un criminal sino a una figura femenina que proyecta rasgos de otras mujeres… Accidente nocturno es una muestra del poder evocador de la prosa de Patrick Modiano y de su portentoso manejo de la ambigüedad y la incerteza como ejes vertebradores de una obra literaria insobornable y esencial.

 

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