La constelación del Perro de Peter Heller

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Encontrar una voz diferente en marco de circunstancias conocido es una sorpresa. La voz de Hig, el protagonista principal de La constelación del Perro, es lo más poderoso de esta novela. Pero su prosa no se queda atrás, susurrante, conmovedora, enlazada con la naturaleza tanto como Thoreau, pero adaptada al esquema postapocaliptico. Una obra auténtica y conmovedora que se atreve sin pretensión alguna a darnos lecciones sobre la verdadera naturaleza de la existencia humana, desde una voz muy tranquila, casi cobarde, intimista, la voz de un derrotado, la voz de un héroe, de su perro y su avión.

El desarrollo de los personajes es excelente. Hig en su papel de hombre bueno obligado por las circunstancias a cazar y defenderse sin remedio. Bangley el superviviente nato, curtido en mil batallas. “Yo tengo el avión dice Hig, soy los ojos, él las armas, es el músculo”.    Incluso el viejo y sordo perro, Jasper, es tan real como cualquiera que nosotros tengamos. Peter Heller merece encomio  por la humanidad exquisitamente presentada de todos sus personajes, incluso los que no demuestran aparentemente ninguna.

La historia es sencilla. No hay ninguna complicación, no hay guerras, ni extraterrestres ni zombies, solo la gripe y la enfermedad de la sangre que ha arrasado con la raza humana. Partir de los mimos mimbres que tantas otras historias y hacer algo diferente es genial. Empalizamos con el protagonista, nos duele el corazón por la belleza y el horror, por todo lo que ha perdido y por la migajas de esperanza que le pueden salvar de la locura o la desesperación. Hay una gran violencia y también gran ternura aquí, tratadas con el cuidado de un artista que sabe exactamente lo que quiere decir, y que obliga al lector a sentir el peso de la condena emocional y determinista de los hechos.

Sobre prosa, solo un par de ejemplos:

«Hay un dolor del que no sabes cómo escapar. No puedes aplacarlo con palabras. Si al menos hubiera alguien con quien hablar. Puedes andar. Primero un pie, luego el otro. Inspirar, espirar. Beber del arroyo. Mear. Comer tiras de venado. Dejar su cecina en el camino para los coyotes y los arrendajos. Pero es una pérdida que no puedes metabolizar. Está en las células de tu cara, en tu pecho, detrás de los ojos, en los pliegues de tus entrañas. Músculo nervio hueso. En todo tu ser.

Al andar lo impulsas hacia delante. Cuando sueltas el trineo y te sientas en un tronco caído y… Te lo imaginas a tu lado, hecho un ovillo en la mancha de sol o tumbado encima de tus pies. No te encuentras muy bien. Entonces el Dolor se sienta junto a ti, te rodea los hombros con su brazo. Es tu mejor amigo. Constante. Y por la noche no puedes soportar oír tu respiración sin el contrapunto de otro aliento, y bajo la gran quietud se oye, como una banda sonora, el estruendo de la catarata de todas las cosas que te van arrebatando. Entonces el Dolor se tiende a tu lado, pegado a ti. Ni siquiera te molesta con el ruido de su respiración»

«Dormíamos abrazados en una maraña de brazos y piernas, como no había sido capaz de hacer con nadie más. Me despertaba en mitad de la noche, como tenía por costumbre, y apoyaba la cabeza en los brazos y miraba las estrellas y contaba las constelaciones y me inventaba otras, pero ahora lo hacía con la presión de su codo en mi mejilla —lo apartaba con suavidad—, su cabello en mi boca, su muslo sobre el mío, con la sensación de haber sido salvado y bendecido. Aun así algunas noches me entristecía. La fragilidad de aquella felicidad presente me entristecía tanto como cualquier pérdida del pasado. Vivíamos al borde de un precipicio tanto como en medio de la vasta llanura».

Dolorosamente hermosa sin orgullo o prepotencia, La constelación del Perro es una hazaña épica y delirante. No todo el mundo se sentirá cómodo en estas páginas solo lo conseguirán los lectores más exigente y tal vez- sólo tal vez – las personas más exigentes con la naturaleza y la humanidad.

 

Pepe Rodríguez

 

Escrito por Peter Heller

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  • La primera gran aventura que emprendió Peter Heller, a los 29 años, también podría haber sido la última. El primer día de esa peligrosísima expedición en kayak por las aguas de la meseta tibetana uno de sus compañeros de aventura murió en sus brazos. Desde entonces no ha parado de explorar los límites de la naturaleza y también de la escritura. Cuando era un niño en Brooklyn Heights, Heller prefería indagar en los arbustos y encaramarse a los árboles antes que jugar con un balón en el patio, y le emocionaba más escuchar el discurso de Martin Luther King («la música del lenguaje») que las canciones de los Beatles.
  • Liberado del colegio, vivió en Boulder, Colorado, donde enseñaba kayak, trabajaba como pizzero y escribía poemas y relatos en su habitación. Solo ha abandonado la segunda de esas tres actividades, a las que ha sumado una pasión absoluta por el surf, que acredita en el diario de su página web, donde recoge los mails de lectores y aventureros afines que probablemente aparezcan más adelante en alguno de sus libros.
  • Aunque ahora, superados los cincuenta años, está viviendo otra aventura más doméstica (el matrimonio), Heller no ha abandonado ni la mochila ni el bloc de notas: en 2002 se alistó en una de las aventuras acuáticas más ambiciosas de la historia en el Gran Cañón de Tsangpo, de la que salió su libro Hell or High Water: Surviving Tibet’s Tsangpo River, premiado por diversas publicaciones. Tres años después, Heller, a encargo de National Geographic Adventure, se subió a un barco eco-pirata que navegó las aguas antárticas para abortar las labores de la poderosa flota ballenera japonesa. En 2007 remó hacia una cala con una cámara en su casco para descubrir la matanza de delfines y de ballenas en algunas remotas calas niponas. Dice Heller
    que lo bueno de escribir sobre una aventura en lugar de vivirla es que «no necesitas ibuprofeno». También que la ficción le permite no saber qué sucederá a continuación. Quizás por todo ello debutó en 2012 como novelista con La constelación del Perro, la aventura apocalíptica de un superviviente nato y de un narrador sensible. Como Heller.

Ficha técnica

Traducción de Blanca Rodríguez y Marc Jiménez Buzzi

320 páginas PVP: 21 €

Los humanos casi se han extinguido. Big Hig no está infectado, así que sigue aquí. Intenta mantenerse con vida en un hangar junto a su perro. También con la ayuda de su pequeño avión Cessna y de Bangley, su vecino violento. Y con un libro de poemas, algo de petróleo y cada lata de Coca-Cola que puede conseguir. Su esposa también ha muerto (está tan solo que inventó una constelación para ella). Incluso cuando parece que ya no queda nada, él quiere continuar. Pero sobrevivir ya no es suficiente. Entonces se le presenta la oportunidad de cambiarlo todo, de lanzarse a la búsqueda de lo desconocido para encontrar algo que jamás hubiese imaginado. Llega por fin la novela que sacudió a la crítica mundial.

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