Penitencia, de Pablo Rivero

Segunda historia leída de Pablo Rivero. Sería extraño decir que voy en orden. Aunque sus historias son autoconclusivas, y no tengan nada que ver, lo cierto es que primero he leído el tercer libro, luego el segundo y ahora me gustaría leer su primera publicación. ¿Qué puedo contaros de esta joya? He de confesaros que tiene escenas fuertes, tal y como el autor avisa en sus redes sociales. Encontramos una variedad de algunos temas actuales y que, por desgracia, suelen abrir los noticieros.

En Penitencia, conoceremos a Jon. Tal y como narra la sinopsis, es un actor de una serie en la que trabaja desde hace diez años. Necesita un respiro. Desconectar. Por ello, decide comprarse una casa alejada de la ciudad. Sigue la línea de su nuevo libro, Las niñas que soñaban con ser vistas, con capítulos cortos, trama adictiva y personajes bien definidos. Con una pluma ágil y elegante, Rivero traslada al lector a donde quiere. Juega al despiste. Cree que el lector no va a sospechar de su doble juego y cuando menos lo esperamos nos sorprende. Nos engancha y nos tira al suelo. Noqueados por el giro. Creemos que el lector está preparado y que ya conoce el doble juego de Rivero, pero no.

Por otro lado, conoceremos a Laura. Conoceremos su pasado y su historia. No quiero mencionar a más personajes para no desvelar nada. Ha sido una auténtica joya. Una obra de arte, en la que el lector solo puede abrir la boca y cerrar el libro. La única advertencia, además de enganchar, son las escenas que a veces pueden resultar fuertes. Centrándonos en este libro, han sido pocas. Ya en Las niñas que soñaban con ser vistas, lanzaba una crítica social a las redes, esas que pueden convertirse en una verdadera arma de doble filo. Obsesiones por los likes o seguidores. Afán de conseguir productos gratis acompañados de una gran comunidad de seguidores.

En esta historia nos lanzará otra crítica para reflexionar. Los famosos son personas. Y necesitan pasar desapercibidos. Necesitan desconectar y ser respetados. Nos podemos hacer una idea de lo que puede llegar a suponer tener a paparazis en las puertas de nuestras casas. Esperando nuestra salida del super y consiguiendo el tique de compra e ir enumerando todos los productos comprados. ¿Es necesario? A veces podemos llegar a pasarnos para conseguir audiencia. No todo vale. Y Jon nos lo hace saber.

El libro se compone de 340 páginas divididas en 43 capítulos. Contiene un prólogo y unos agradecimientos. A medida que vamos leyendo, sabremos que la historia se divide por partes. No voy a mencionar los nombres por el motivo que ya he mencionado. El punto a favor, como siempre, se lo lleva la extensión de los capítulos. Siempre digo lo mismo, pero uno de los ingredientes que provoca el enganche son unos capítulos cortos. Hablamos de unas dos o cuatro páginas aproximadamente. Con esto quiero decir que, con este ritmo, parece que se lee más rápido. Me ha durado unos cinco días, aunque admito que no he leído todos los días por otros motivos. Pero se podría leer en apenas unos dos días. De nuevo, he caído en su juego. Y sí, me gustaría leer su primera obra, Nunca volveré a tener miedo. Según he podido saber, esta primera obra es la más impactante. Por último, no quiero dejar pasar un detalle. Cabe destacar que el autor narra esta historia desde una vivencia personal. Yo he descubierto cuál es, y tú, ¿la has descubierto?